martes, 15 de noviembre de 2016

FiliDinos I: Hiwaga Komiks

El 15 de febrero de 1898, el acorazado Maine explota en el puerto de La Habana. Acusando a España de un supuesto sabotaje, W.R. Hearst batió récords de ventas y forzó a McKinley a declarar la guerra.

La poco objetiva [1] prensa sensacionalista se conoce como prensa amarilla desde que W. R. Hearst publicó en el dominical del New York Journal una serie de gags en los que ese color era el predominante, para hacer ostentación de su capacidad técnica (el amarillo es el color más difícil de obtener en la prensa), tratando de deslumbrar a sus lectores e intimidar a sus competidores [2]. Si pudiera, le habría añadido incluso sonido (Edison había patentado el fonógrafo en 1878); lo más parecido que ha podido hacer es añadirle bocadillos. El protagonista de la serie Tin Pan Alley no tiene nombre, pero todos le conocen como “el chico amarillo” (The yellow kid), nombre que terminará rebautizando por imperativo popular la tira, considerada el primer cómic moderno.

Las consecuencias de “la guerra de Hearst” (su lema era “Hago noticias”) son conocidas: Cuba, Puerto Rico y Filipinas se independizan de España… para caer bajo la órbita estadounidense. Filipinas lo estuvo hasta 1935. Después llegó un breve periodo de autogobierno y tres años de dominación japonesa (base de la nula influencia del manga sobre los filipinos), hasta la independencia definitiva tras la Segunda Guerra Mundial.

“Pero tenemos buenas razones para creer que la aviación existía en los tiempos prehistóricos”

La ilustración superior corresponde a un gag de Joaquín Xaudaró (1872-1933). Aunque su familia se trasladó a Barcelona en 1883, había nacido en Vigan, Filipinas. Pionero del cómic [3] y la animación [4] española, ese mismo 1898 comenzó su carrera en la prensa.

Tras la guerra del 98 y durante el dominio norteamericano, Tony Velásquez (1910-1997) comenzó ilustrando partituras a modo de cómics en 1926 y en 1928 crea a su popular personaje Kenkoy para la revista Liwayway. En 1947 funda la editora Ace, que debuta con la revista Pilipino Komiks (10.000 ejemplares que llegan a 120.000 en tres lustros), a la que siguen Tagalog Klasiks (1949), Hiwaga Komiks (1950), Espesyal Komiks (1952), Kenkoy Komiks (1959) y Educational Klasiks Komiks (1961). En 1962, tras una serie de huelgas, la editora acabó cerrando.

La más interesante, a los efectos que aquí nos ocupan, fue Hiwaga Komiks, que podríamos traducir como “Cómics de Misterio”. En "A Short and Incomplete History of Philippine Science Fiction", Victor Fernando R. Ocampo indica que, junto a un par de novelas, los cómics fueron la única fuente de historias filipinas de ciencia ficción en los años 1950 y principios de los 60.

En 1951 debutó en la revista Rubén Yandoc (1927-1992), que contribuirá regularmente a los títulos de misterio y bélicos de DC así como a las revistas de Warren en la segunda mitad de los 70 y comienzos de los 80. En Hiwaga Komiks publicó la serie “Rondo”, en cuya página de presentación (arriba) vemos imágenes tomadas de libros infantiles sobre dinosaurios. Volverá a ilustrarlos, con mayor libertad, en Satano (1968).

Tuko, en la portada del número de enero de 1958 de Higawa Komiks 

Para Ocampo, Tuko sa Madre Kakaw (1952), de Clodualdo del Mundo (1911-77), fue el cómic de ciencia-ficción más interesante de la época. Aunque el protagonista de la serie es un gecko (“tuko”), sus dimensiones le hacen remedar inevitablemente a los dinosaurios. En 1959 Richard Abelardo lo trasvasó a la gran pantalla en una cinta que se ha perdido, salvo algunos fotogramas.

Higawa Komiks #407 (1967) con Dambusaurus 

Tras el cierre de Ace, Higawa Komiks será recuperada en 1964 por Pilipino Komiks, Inc. (germen de Atlas Publishing). De esta etapa data “Dick Garbo”, una suerte de James Bond ideado por Ric M. Torres/ Armando V. de Guzmán, que tendrá que enfrentarse a una especie de dinosaurio que seguro que no conocías: el “Dambusaurus”. Ambos autores le cogieron gustillo a la temática sauria, como puedes comprobar en la primera página de Jarko, con reminiscencias del Turok de Alberto Giolitti.


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[1] Baste comparar el titular de arriba (“La crisis está servida. El gobierno está reunido; crece la creencia en un sabotaje español”) con el del New York Times: "Hasta el momento las causas de la explosión no están claras. Los marineros heridos del Maine son incapaces de explicarlo. Se cree que el acorazado ha sido totalmente destruido”.
[2] Pulitzer se vio obligado a rebajar a la mitad el precio de sus diarios para equipararse a los de Hearst, cuyas cifras de ventas se igualaron gracias a los cómics, una agresiva publicidad y el sensacionalismo.
[3] En la última década del siglo XIX utiliza la elipsis para agilizar la acción, publicó con Francisco Navarrete los 15 números de The Monigoty (1897), el primer tebeo regular de España, dibuja en 1899 el primer bocadillo hispano, anticipa el género de ciencia-ficción (Un viaje al planeta Júpiter) y el de aventuras en La hormiga de oro (1904), donde estrenó la fórmula del serial por episodios autoconclusivos que sigue en su cómic más largo, Vida y milagros del hijo de Gedeón.
[4] Es autor de las cintas Venenos de Bombay (1917), Aventuras de Jim Trot (1918), La fórmula del Dr. Napp (1919), Un discípulo de caco (1930) o Un drama en la costa (1933). La primera película española de dibujos es El apache de Londres (1915, Alfred Fontanals).

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