jueves, 30 de noviembre de 2017

Massacre at Tiffany's

Imagina que la Holly Golightly interpretada por Audrey Hepburn en "Desayuno con diamantes", la película dirigida en 1961 por Blake Edwards, fuese una fiera tiranosauria que la lía parda mientras desayuna frente a la joyería Tiffany & Co. Algo así es lo que ha figurado el ilustrador italiano Sergio Kalisiak en este diseño de camiseta: una auténtica masacre en Tiffany. Creo que aún no se ha puesto a la venta en ningún lugar, pero estaremos atentos...

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Perdonen las molestias (Charlie Charmer) (I)

- Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de música de baile para ofrecerles un boletín especial desde Radio Noticias Saurias. Según nos informa nuestro corresponsal García del Pozo, las autoridades de algunas localidades al Norte de Laño han dado la alarma por la repentina desaparición de gran parte de sus habitantes, por lo que se ha creado un cordón de seguridad que impide a los periodistas traspasar dicho perímetro. Seguiremos informando. Hasta entonces, continúen disfrutando de nuestra programación musical: ♪ Si supieras que aún dentro de mi alma conservo aquel cariño ♫…

Miren elevó el muslo, tensando la raja de la falda hasta el punto donde comenzaba a correr serio peligro la costura. Atrapó la pierna de Blas como un cefalópodo paraliza a su víctima y, del mismo modo, se encontró con un partenaire agarrotado y poco dispuesto a colaborar. El joven hadrosaurio (un blasisaurio, por supuesto) parecía haber perdido de pronto el interés por el plan de la pareja de deslumbrar a sus amigos en la fiesta de la facultad con los pasos de aquel viejo tango.

- ¿Qué te pasa?

- ¿Es que no lo has oído? ¿No te preocupa que esté desapareciendo la gente?

Realmente, a Miren lo único que le preocupaba en ese momento era la imagen que podía dejar de su paso por la Universidad de Laño. Su expediente académico no era precisamente brillante y las malas lenguas decían que, si se había graduado, se debía a las visitas “privadas” con que obsequiaba a algunos profesores en vísperas de los exámenes.

Blas sabía que su reciente romance con la chica más deseada de la clase se debía en exclusiva a la proximidad del baile de fin de curso y sus conocidas dotes para el contoneo. No sólo no le importaba, sino que lo había asumido como otro “premio” a los cientos de horas que había pasado en la academia, como la Medalla de Plata de Aurresku o el diploma al Dantzari Promesa de Laño… ¿o era “del año”? Es igual. Pero vamos, que si a Miren le gustaba el tango, pues se bailaba el tango.

- El que vas a desaparecer eres tú como no nos salga mañana el ocho cortado

El único problema que había era que Miren no mantenía bien el eje porque no seguía adecuadamente el torso de Blas, preocupada por no dar un traspiés al meter él su pata para “cortar” el paso. Tendría que mover la cresta hacia el lado contrario, para contrarrestar el empuje de la cola. El bailarín se lo había dicho varias veces, pero ella insistía en que era él quien debía tener cuidado. A pesar de todo, la hadrosauria tenía cierto sentido del ritmo y una escultural figura, por lo que nadie se fijaría especialmente en este tipo de detalles, de modo que Blas había terminado desistiendo de sus comentarios.

- Está bien. Vamos allá otra vez…

La pareja continuó sus progresiones a lo ancho de la pista que habían improvisado en el garaje de la casa de la joven. Aunque se había ocupado de fregar el suelo a conciencia para evitar resbalar en una inoportuna mancha de aceite, aquella dura superficie no tenía mucho que ver con la tarima del gimnasio de la facultad, y las imperfecciones del pavimento, poco aptas para deslizarse con tacones de aguja, ponían a prueba continuamente sus reflejos. Al final de un boleo, la tapa de uno de los tacones salió disparada, golpeando a Blas en la cara.

- Mierda. Espera, que voy a cambiarme de zapatos.

- Por mí no te preocupes, estoy bien –dijo el joven, echándose mano al pómulo; un centímetro más arriba y se habría quedado tuerto.

Apenas le hubo dejado solo, la retransmisión volvió a interrumpirse:

- Última hora sobre las extrañas desapariciones próximas a Laño. Según declaraciones de testigos presenciales a García del Pozo, algunos de los desaparecidos han regresado a sus lugares de residencia. Parecen ser presa de una enfermedad desconocida, presuntamente contagiada por otros animales, que afecta directamente al apetito, volviéndolos tan voraces que no dudan en atacar a sus propios vecinos.

Blas creyó oír un ruído en el exterior. Era como si alguien estuviera intentando forzar la portezuela del garaje. Cuando Miren apareció, se encontró al joven empuñando un hacha, con la espalda pegada a la pared.

- ¿Se puede saber qué estás haciendo?

- ¡Sssssh! Calla. Hay alguien ahí fuera. Le he oído arañar la puerta.

- Debe ser Bruno. Es la hora de la comida.

- ¿Dónde vas? No… no abras.

Miren hizo caso omiso y Bruno entró todo lo rápido que una tortuga podía, agradeciendo a su dueña la atención a lametones.

- No sabía que tuvieras una mascota –trató de recomponerse Blas, volviendo a clavar la herramienta en el tronco del que la había sacado. Sin embargo, el corte no fue muy profundo y su propio peso la habría hecho precipitarse al suelo y mellarse sin remedio si no hubiera intervenido oportunamente Miren. La joven levantó el mango sobre sus hombros, como el más experto aitzkolari, y de un certero tajo, hundió el hacha en la madera casi hasta media hoja. Blas tragó saliva. Ya no sabía si estaba más seguro fuera o dentro de aquella casa.

- Eres muy raro, ¿sabes? No sé si ha sido buena idea escogerte como pareja… de baile –dijo Miren mientras acercaba un cuenco con agua a Bruno.

Efectivamente, hasta entonces no se habían tocado más que para bailar. El “premio” de Blas no dejaba de ser un futurible, si todo salía bien y triunfaban en la pista. El joven era demasiado inexperto para darse cuenta de que ese tipo de hadrosaurias tienen alma de político (o viceversa): sus promesas duran sólo hasta que consiguen lo que buscan. Sintió algo de envidia de Bruno. Con apenas un par de lametones, había conseguido ya su abrevadero.

- Es que no estabas aquí. Han dicho por la radio que… (la música volvió a detenerse) Escucha, escucha.

- Continúan los ataques de los afectados por la extraña plaga al Norte del país. Afortunadamente, la enfermedad parece afectar también al sistema locomotor, provocando una falta de coordinación entre los miembros que permite a las víctimas potenciales alejarse con facilidad. No obstante, recomendamos no aproximarse a quien muestre los síntomas que ha detectado el Instituto de Salud de Iberoarmórica, que ya ha bautizado la epidemia como Z.O.M.B.I. (Zoonosis Obsesiva Mórbida Bacteriano-Infecciosa): ojos vidriosos, eccemas, vitíligo, pitiriasis, erisipela, erupciones y, en los casos más graves, lepromas con abundante pérdida de tejido muscular…

Blas reparó en la vítrea mirada de la mascota, para la que sacar la lengua hasta el cuenco parecía suponer un auténtico esfuerzo. Debía tener un millón de años, calculó.

- ¿Estás segura de que Bruno no tiene el zombi?

- No digas estupideces –dijo Miren, agachándose a abrazar al quelonio.

- …Según informa el ISI –continuó el locutor-, el origen de la epidemia podría estar relacionado con el meteorito que impactó hace unos años en Zumaia. Como recordarán, el cambio climático que siguió…

- Eso está a cien kilómetros de aquí –observó la joven-. Si los enfermos se mueven tan torpemente, tardarán años en llegar. Sigamos con el baile, pues.

- Ni hablar. Han dicho que los ataques se estaban produciendo en los alrededores de Laño. Voy a llamar para que me vengan a buscar. Ya seguiremos ensayando cuando la epidemia esté controlada…

- Esto me pasa por invitar a bailar a un umegorri. Me está bien empleado.

- ¿Dónde está el teléfono?

(continuará...)

martes, 28 de noviembre de 2017

El dulce y cruel surrealismo dinosauriano de Hsiao-Ron Cheng

Hsiao-Ron Cheng es una artista taiwanesa nacida en 1986 que comenzó a trabajar como ilustradora en 2012. Ese mismo año su trabajo fue nominado para el Young Illustrator Award. Desde entonces ha trabajado para multitud de firmas de moda y agencias de diseño. En sus palabras, su obra "alude a la deformación que separa físicamente a los niños de las plantas y los animales. Los ambientes y situaciones que pinto son a menudo de naturaleza surrealista, con reminiscencias escolares y en parte basada en elementos fantásticos. Mi objetivo es crear mundos más complejos con complicadas historias de criaturas crueles de aspecto infantil, que muestran diferentes tipos de almas frágiles y opresivas". Las referencias a los dinosaurios son frecuentes en su trabajo, tanto en el plano pictórico como en el diseño de prendas. A continuación dejamos una muestra:





World Dinosaur Federation

La World Dinosaur Federation (WDF) es una de las mayores organizaciones conservacionistas independientes del mundo. Su misión es detener la degradación de los ecosistemas mesozoicos del planeta y construir un futuro en el que los dinosaurios vivan en armonía con la naturaleza. Para ello, sus objetivos son conservar la diversidad dinosauriana del mundo, garantizar el uso sostenible de los recursos naturales renovables en el Mesozoico, y promover la reducción de caídas meteoríticas y de extinciones masivas. Puedes apoyar a esta organización adquiriendo esta camiseta diseñada por Steven Anderson para TeeFury por algo más de veinte dólares.

viernes, 24 de noviembre de 2017

El juego del tiranosaurio de Chrome en la vida real

El navegador Google Chrome, incorporó hace unos años en una de sus versiones un simpático tiranosaurio pixelado que aparece cuando no es posible la conexión a internet. Es una comparación manida, que compara una desfasada conexión de internet con una criatura extinguida como el dinosaurio. Además, este aviso se convierte en un minijuego cuando presionas la barra de espaciar, en el que tienes que saltar obstáculos y ganar puntos. Pues bien, los programadores israelíes Uri Shaked y Ariella Eliassaf han querido llevar este juego a la vida real.

Presentaron su primer prototipo en la Geekcon, evento celebrado en Tel-Aviv (Israel), ayudándose de sus conocimientos en ingeniería Front-End. Los resultados fueron estos:


Pero fueron un paso más allá y a la Chrome Developer Summit, llevaron un modelo más desarrollado, con un código JavaScript y utilizando una impresora 3D. Incorporaron un botón inalámbrico para controlar los saltos del dinosaurio y una pantalla con las puntuaciones del jugador. Podéis ver el resultado en el siguiente tweet de Shaked:


Nos lo chivó Supery, que lo vio aquí.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Flores y dinosaurios por Daniel Van Geffen

Daniel Van Geffen es un ilustrador de Baton Rouge (Louisiana, Estados Unidos) que está estudiando Diseño Gráfico en la University for Creative Careers (SCAD). Ojeando entre su obra, nos han llamado la atención estas dos composiciones en las que hibrida flores y dinosaurios (mundos que ya habían unido otros artistas como David Lewis). Lo dejamos aquí, con la esperanza de que pueda haber más entregas de esta serie:

Tyrannosaurus Rose

Velilyraptor

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Velociholmes

¿Que hubiera pasado si el personaje más conocido de Arthur Conan Doyle estuviese encarnado por un Velociraptor? Esto es lo que propone este diseño de camiseta de SnorgTees, que abre las puertas a la imaginación para pensar en el Doctor Watson como un triceratops (Watsonceratops) o al malvado Profesor Moriarty como un voraz terópodo cazador (Moriartyvenator). Yo lo dejo ahí... Puedes conseguir esta camiseta aquí por algo más de veinte dólares.

martes, 21 de noviembre de 2017

Las creativas paleo-reconstrucciones de Greer Stothers

Greer Stothers es una ilustradora de Oakville (Ontario, Canadá) con una gran pasión por los dinosaurios. Estudió en el Sheridan College, graduándose en 2016 en Bellas Artes e Ilustración. Ese mismo año consiguió el premio Thomas E. Bolton en la Canadian Paleontological Conference a la mejor presentación estudiantil por sus cinco reconstrucciones de Troodon formosus, resumiendo la visión que ha tenido el paleoarte de este animal a lo largo de los últimos 160 años. El estilo de Stothers es muy personal y original, y en su obra encontramos creativas reconstrucciones como las que podemos ver a continuación:

Troodon formosus

Tyrannosaurus

Saurornitholestes

Spinosaurus

Ceratopsia

Herrerasaurus

Tyrannosaurus

Zhenyuanlong

Skorpiovenator

lunes, 20 de noviembre de 2017

Pienso compuesto (Charlie Charmer) (y II)


Resumen de lo publicado: K es capturado en el bosque por un anquilosaurio, que le encierra en una jaula.


El velo de la jaula se corrió y la luz la invadió de golpe, obligando a K a apretar los ojos con fuerza.

- ¿No es una monada, Atila? –dijo la saichania- Lo encontré paseando con mi aya por el bosque de araucarias, cerca de Altan Ula.

- Pero, ¿para qué…? –los ojos del robusto tarchia [1] se desorbitaron.

- ¿No te gusta? Le oí cantándole al alba y me dije: “he aquí un hermoso despertador para comenzar el día”. Anda bonito, canta, canta…

- ¡La madre que os parió! –dijo K, entreabriendo los ojos usando la garra de minúscula visera y visiblemente molesto al saber la causa de su cautiverio, mucho menos romántica de cuanto había imaginado.

- ¡Pero… si puede hablar!

- Pues claro, Sasha –le aclaró Atila-, no deja de ser un ornitomimosauriano. No sólo saben cantar.

- No. También sé quejarme. Pero no esperes oírme suplicar por mi vida.

El imponente tarchia se aproximó a la jaula y K pudo sentir cómo, al calor del aliento que escapaba por las fosas nasales del tireóforo, las piernas le dejaban de responder y perdía el control de los esfínteres.

- ¡Vaya, qué valiente! –dijo Atila, tapándose las fosas nasales- No te preocupes, saurio, que a nadie aquí le interesa tu vida. -Entonces, se volvió hacia Sasha- Quédatelo si quieres, pero se te va a morir.

- ¿Por qué? –dijo ella.

- Sí, eso, ¿por qué? –dijo K, mostrando aún mayor interés.

- Los mononykus ya no comen termitas. Eso lo hacían cuando eran libres.

- ¡Ah! Vaya… Pues yo había leído… -dijo Sasha.

- ¿Cómo que “cuando éramos libres”? ¡Ahora es cuando no lo soy! –K trataba de mantener un mínimo de dignidad, pero el tufo de su reacción tras la última bravata, aún presente en la estancia, le desinfló un poco- Perdonen, pero no recuerdo haber comido jamás termitas. Me descompongo sólo de pensarlo…

- ¿Otra vez? ¡No, por favor! –se burló Atila.

- Y ¿qué es lo que coméis? –preguntó Sasha.

- Dinosoma, por supuesto –contestó K.

- ¿Dino… qué?

- Es un compuesto que les preparan los protoceratops por encargo de los tarbosaurios –aclaró Atila, ante la incapacidad manifiesta de K para explicar de qué estaba hecho el producto que cada día le suministraban tras acabar su trabajo-. Contiene bromuro para anular la líbido –cuando desciende el nivel demográfico, dejan de añadírselo al compuesto-, opiáceos de efecto analgésico y para dar sensación de bienestar, y benzodiacepinas contra la ansiedad –en dosis bajas para evitar la somnolencia, alteraciones de la memoria, atención y concentración más allá de lo deseado-. Pero aparte de una masa conformista, los tarbosaurios necesitan trabajadores activos, así que la mayor parte del dinosoma son vitaminas y proteínas.

K no fue capaz de reaccionar ante aquella revelación. Sabía que los bárbaros eran unos sádicos de los que uno no se podía fíar, lo oía cada día en la “reflexión comunal”. Pero no alcanzaba a imaginar con qué objeto aquel tarchia se estaba inventando todo aquello. Y no dejaba de sorprenderle cuan pormenorizadas eran sus explicaciones. Sin embargo, Atila no había terminado.

- Los tarbosaurios llevan generaciones manipulando genéticamente a los alvarezsáuridos para hacerles más productivos. Con los mononykus han tenido más éxito que con los shuvuuias: han conseguido crear una raza de seres con una sola garra. Sin embargo, hay instintos que se resisten al laboratorio y permanecen latentes. Son muchos siglos devorando termitas. Así que, desde la más tierna infancia, les someten a intensas terapias de conducta condicionada hasta que acaban aborreciendo a los insectos.

- Eso es absurdo –dijo K-, no tiene sentido. Nuestro trabajo consiste en sanear los árboles, librándolos de parásitos. Podríamos hacerlo del mismo modo comiéndonoslos.

- Pero dejarías de recolectarlos en cuanto estuviérais satisfechos. De este modo acabáis con un volumen cien veces mayor.

Las palabras del tarchia irritaron bastante a K.

- Baatar se preocupa por la naturaleza, ¿por qué iba a escuchar a un bárbaro que sólo vive para destruir?

- ¡Oye! –dijo Sasha- No te consiento ese tono. En Barun Goyot somos gente civilizada y…

- Déjalo, Sasha –dijo Atila-, le han condicionado para rechazar a todo el que vive al otro lado de los muros de su ciudad. Nos llaman “bárbaros”, despectivamente. Aunque yo creo que el verdadero bárbaro es Baatar, su rey.

- Nosotros no tenemos rey, somos una república –gritó K.

- Ya. Una república en la que ningún diputado replica jamás lo que dice Baatar, cuyo nombre significa “héroe”, al que venerais y habéis dedicado varios templos en los que se le rinde culto, un dios viviente nada menos. Una república que sólo gobierna en interés de los comerciantes y donde la producción es la única ley. ¿Sabes por qué tienen los tarbosaurios tanta preocupación por las araucarias? Porque es el alimento de hadrosaurios y saurópodos. Para un tiranosáurido como Baatar, un pequeño mononykus no sirve ni de aperitivo. Para saciarse necesita al menos un par de muslitos de nemegtosaurus o, por lo menos, un buen chuletón de saurolophus.

K escuchó impertérrito aquella sarta de insidiosas difamaciones. Nunca le había faltado el trabajo ni el dinosoma en Altan Ula. No tenía motivos para desconfiar de sus ídolos y menos por lo que saliera de la boca de un bárbaro al que no le temblaba el pulso para devorar a las pobres niñas que se extraviaban en el bosque. Él mismo estaba allí enjaulado y lo más seguro es que le acabaran sirviendo en algún obsceno banquete.

- En Altan Ula no tenemos esclavos. Todo el mundo es libre.

- Eso es lo que creéis –dijo Atila.

- Tampoco en Barun Goyot tenemos esclavos –intervino Sasha, algo molesta.

- Entonces, ¿por qué estoy encadenado dentro de una jaula cubierta con una capucha? –espetó K a la saichania.

- Te… te dejé ahí arriba para que nadie te pisara –se disculpó Sasha, avergonzada por no haber calculado bien los efectos psicológicos de su iniciativa-. Te aseguré al suelo de la jaula para evitar que te golpearas con los barrotes si un golpe de aire la zarandeaba. El velo es porque leí que os molestaba la luz diurna. Disculpa si te he hecho sentir mal.

- Entonces… -dijo K- ¿me puedo marchar si quiero?

- ¡Por supuesto! –dijo Sasha, procediendo a abrir la puerta de la jaula y soltar las argollas que sujetaban las patas de K.

- Las cosas no son siempre lo que parecen –añadió Atila, en cuyas palabras K creyó percibir una admonición que excedía el reducido espacio de su celda.

El mononykus abandonó su confinamiento de un salto. Antes de marcharse, se volvió para echar una última mirada a los anquilosaurios. Era cierto, no iban a oponerse a su marcha. Tal vez no eran tan mala gente como había pensado. Aunque, en lo que se refería a las costumbres de Altan Ula estaban, obviamente, muy mal informados.

- Hasta luego. Ha sido un placer conocerles.

- ¿Cómo te llamas, amigo? –preguntó Sasha.

- K.

- ¿Ni siquiera podéis tener un nombre completo? –dijo Atila- ¿Te das cuenta de lo que le importas a tu gobierno?

Ignorando el comentario de Atila para no ser descortés con quienes tan graciosamente le habían liberado, K abandonó la estancia y, de una veloz carrera, se internó en el bosque.

Hacía poco que las copas de las araucarias se habían comenzado a fundir con el ocaso, proyectando sus gigantescas sombras alargadas sobre el sotobosque. Mientras el sol se escondía, la luna había ocupado ya su sitio en el centro del firmamento. Una bandada de pteranodontes hizo visible sus siluetas al pasar frente al satélite antes de volver a desaparecer dentro de una nube. Abajo, en un pequeño claro del bosque, un grupo de alvarezsáuridos celebraba su habitual “reflexión comunal” antes de encaminarse a cumplir con sus obligaciones cotidianas.

- ♫♫ El trabajo os hará libres, la ignorancia da la felicidad, honremos a Baatar que nos protege de todo mal… ♪♫

L contó una terrible historia sobre unos anquilosaurios que había encontrado en el arroyo desollando a una pobre anciana extraviada y todos escupieron al suelo y maldijeron a los bárbaros. Acabada la ceremonia, cada cual se echó el saco a la espalda y se dirigió a la zona que le tocaba desparasitar. Justo antes de internarse entre los helechos, B saludó a K.

- ¡Hombre, K! Me tenías un poco preocupado. No te vi ayer.

- Te confieso que salí hasta tarde y me pasé la noche resacoso en la cama. Ya no tengo edad para hacer excesos.

- Vaya. Pues tengo que agradecértelo porque, gracias a que no tuve que competir contigo, me llevé una ración extra de dinosoma. Disculpa que no te guardara nada, pero ya sabes que se estropea si no se consume pronto.

K sabía que, en el fondo, aquello no era más que un cumplido, pero B tenía la facultad de hacer que todo sonara del peor modo posible.

- Oye B, te has preguntado alguna vez porqué nunca tenemos ganas de… bueno, ya sabes.

- ¿De…? –B echó su largo cuello hacia atrás, arrugando el entrecejo- ¿No me estarás proponiendo alguna guarrería, verdad?

- Olvídalo –dijo K, acompañando un gesto con la garra como si apartara algo a un lado.

Los alvarezsáuridos se despidieron y se encaminaron canturreando a sus respectivos destinos. Una suave brisa nocturna agitó agradablemente sus plumas mientras se internaban en la foresta. Olía a tierra húmeda y a musgo. Comenzaba una nueva jornada en los bosques de coníferas de Altan Ula.

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[1] Anquilosaurio de más de ocho metros y cuatro toneladas. Su nombre procede del mongol tarkhi: cerebro.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Sinvino Java Tea



La compañía de refrescos Sinvino Java Tea eligió al actor japo-taiwanés Takeshi Kaneshiro para protagonizar su campaña publicitaria en 2009 en la que se enfrentaba a un tiranosaurio. Era una apuesta segura, ya que Kaneshiro tiene una larga carrera como cantante con más de una decena de discos y ha protagonizado películas como "La casa de las dagas voladoras" (2004) o "Perhaps Love" (2005), nominada al Oscar como mejor película extranjera de habla no inglesa, por lo que su participación en el anuncio fue un éxito.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Pirates of Pangaea

"Pirates of Pangaea" es un cómic creado por Daniel Hartwell (guion) y Neill Cameron (guion y dibujos) que cuenta la historia de Sophie Delacourt, una joven inglesa de principios del siglo XVIII que, tras la trágica pérdida de sus padres, es enviada a vivir con su tío, gobernador de la colonia británica en el recien descubierto continente de Pangea. Lo verdaderamente llamativo de este lugar es que hay dinosaurios. Y piratas. Y piratas montando dinosaurios...

Desde 2015 han publicado varias historias dentro de este universo: "The Golden Skull" (con veinte capítulos), "The Ghosts of Mathrak Chu" (con cuatro capítulos), "Escape From Razorbeak Mountain" (con veinte capítulos) o "Racers of Riverbed Run" (con cuatro capítulos), todos ellos formando parte de la revista The Phoenix. A continuación dejamos una muestra de lo que puedes encontrar en las páginas de "Pirates of Pangaea":






Pienso compuesto (Charlie Charmer) (I)

K sacó la garra del agujero con una enorme termita agonizante clavada en ella y la echó en la bolsa que llevaba colgada a la espalda, repleta de isópteros cuya ansia de celulosa había terminado resultando igualmente letal. Comprobó con el rabillo de sus enormes ojos que el saco estaba ya casi lleno: podría retirarse antes incluso de que amaneciera.

En Altan Ula, los mononykus [1] como K comenzaban la jornada al esconderse el sol en el horizonte y no cesaban de vaciar termiteros y árboles infectados hasta que abarrotaban con ellos los contenedores que tenían asignados en la base, lo que habitualmente sucedía bien entrada la mañana. Aquellos densos bosques de araucarias de más de sesenta metros proveían de trabajo a toda la comunidad alvarezsáurida, la única cuyas características físicas permitían desarrollar esta labor con eficiencia. A cambio, sus conciudadanos se encargaban del resto de tareas, como los tarbosaurios del comercio o los protoceratops de producir el nutritivo dinosoma.

Mientras regresaba a la base, K iba cantando algunos de los himnos con que solían acompañar la “reflexión comunal” al comenzar la jornada. Así evitaba pensar que llevaba sobre la espalda a todos aquellos repugnantes seres que se alimentaban unos a otros defecando en sus bocas.

- ♫♫ El trabajo os hará libres, la ignorancia da la felicidad, honremos a Baatar que nos protege de todo mal… ♪♫

- ¡Eh, K! ¿Te vas ya? –le interrumpió B, un shuvuuia [2] atento y cortés, con el que mantenía una cordial relación.

- Sí, la noche me ha cundido.

- Ten cuidado. Procura evitar el paso del arroyo. L dice que han visto huellas recientes de oviraptóridos por allí.

- Gracias, B. Así lo haré.

En cuanto perdió de vista a B, la cordial sonrisa de K se transformó en una grotesca mueca de desprecio. El sendero de regreso bajaba a la base evitando el arroyo pues, a medida que el sol ascendía sobre el firmamento, sus destellos sobre el agua lo transformaban en un lugar poco adecuado para los sensibles ojos de los mononykus. Pero la aurora aún no había despuntado y K tenía ya decidido tomar aquel atajo, como seguramente había deducido el aguafiestas de B, que no podía soportar la idea de que su vecino disfrutara del merecido descanso mientras él seguía hurgando en busca de insectos. Todo el mundo sabe que, aunque ambos alvarezsáuridos están provistos de hermosas plumas, los shuvuuia envidian las que adornan las vistosas colas de los mononykus.

Por supuesto, K hizo caso omiso a las estúpidas e insidiosas advertencias de B y a los pocos minutos estaba cruzando el arroyo. Como esperaba, no encontró allí huella alguna de bárbaros. Más aún, la única señal de vida que pudo constatar fue la fugaz aleta de un pez teleósteo al que posiblemente había despertado chapoteando al atravesar la corriente. Al otro lado, las coníferas daban paso a un bosque de cicadáceas en el que no faltaban tampoco elegantes palmas y doradas gramíneas. El alba refulgía ya a través de las copas de los árboles y a K se le escapó un gorgorito de satisfacción:

- Ko-ko-ri-kóooo…

- Algo desafinado, pero muy a propósito –dijo una voz a su espalda.

K se volvió. Una saichania [3] de más de dos toneladas blandía amenazante el descomunal núcleo óseo que remataba su cola, capaz de quebrarle todos los huesos de un solo golpe al saurio más pintado; a su lado, un no menos pavoroso nomingia [4] chasqueaba el pico, riéndole la gracia. K lamentó haber desconfiado de B, y después se desvaneció.

Cuando despertó, K se encontraba en una jaula cubierta por un tupido paño. Trató de tirar de él, pero tenía las patas traseras sujetas al suelo por algún tipo de argolla o correa y con las garras delanteras no llegaba. De modo que intentó apartarlo con el pico, pero debía estar atado a algún tipo de contrapeso porque sólo consiguió separarlo algunos centímetros de la estructura y cuando lo soltó para tirar de otro extremo volvió a ajustarse al contorno de su celda. También probó a mordisquearlo para, al menos, abrir un agujero que le permitiera observar el exterior, pero la postura que debía adoptar era muy forzada y le costó un triunfo agarrarlo entre sus dientes; además, cuando abrió el pico para lanzar la siguiente dentellada, el contrapeso tiró del lienzo y se le volvió a escapar. Lo intentó varias veces y, en una de éstas, se mordió la lengua y se hizo sangre. Por si fuera poco, el tejido era realmente firme y su sabor tan repulsivo que terminó desistiendo.

Explorando con el pico el interior de su calabozo descubrió que, al menos, habían tenido la atención de dotarlo de un bebedero con agua y un cuenco con algo de comida. Seguramente, le querían vivo con objeto de torturarle para que les facilitara información sobre los puntos débiles de la ciudad. Todo un detalle por su parte. Pero K no se quería convertir en un mártir antes de tiempo, de manera que dispuso de aquellos presentes tratando de ignorar el abyecto fin que pudieran tener. El agua era realmente fresca y se notaba que estaba recién cogida del arroyo, de modo que se enjugó el gaznate a placer, pero al hincar el diente al contenido del comedero se llevó una desagradable sorpresa: lo habían llenado de nauseabundas larvas de termita. Estuvo escupiendo hasta que volvió a quedarse seco y, entonces, regresó al bebedero y lo vació por completo. Aquella broma de mal gusto hizo pensar a K en una vil represalia. Aunque se le escapaba porqué, su ocupación no era del agrado de sus captores.

K pasó las siguientes tres o cuatro horas recostado en el suelo con la cabeza sobre el lomo, dándole vueltas al horrible destino que aquellos bárbaros le tendrían dispuesto. Recordó los sádicos cuentos que habían aterrorizado su infancia, en los que el oviraptor feroz devoraba a niñas imprudentes o derribaba las inestables casas de los tres shuvuuias. Y luego estaban los espantosos testimonios que les contaban durante la “reflexión comunal” quienes aseguraban haber sobrevivido a sus carnicerías. Aunque tenía algunas dudas sobre su veracidad, puesto que él mismo se sintió obligado una vez –todos lo hacían- a narrar una de aquellas “experiencias” y, pese a que nunca había visto de cerca a ninguno, describió con todo lujo de detalles como al visitar a unos parientes lejanos en Djadochta fue testigo de cómo una horda de citipatis [5] descuartizaba a un grupo de incautos jóvenes que habían salido al campo inocentemente de excursión.

De pronto, los atropellados pasos de sus carceleros irrumpieron en la estancia donde colgaba su jaula y K supo que su suerte estaba echada. El mononykus pudo distinguir una voz femenina, que dijo “¡Ay! estáte quieto, tonto”, y otra masculina que le respondió “Anda, ven aquí”. Sus soeces risas se alternaban con extraños sonidos –algo así como “muack, muack”- entre los que K creyó escuchar algún gemido que tampoco fue capaz de interpretar. A partir de ahí ya no volvieron a hablar, pero los suspiros y jadeos fueron aumentando en frecuencia e intensidad hasta que la voz masculina emitió un intenso gruñido. Después, se hizo el silencio durante un tiempo y, entonces, la voz femenina, que K había identificado ya como la de la saichania del bosque, dijo:

- Tengo que enseñarte algo.

- Mmmm. Creía que ya lo te había visto todo…

- No seas idiota. Es algo que encontré esta mañana en el bosque.

(Continuará)

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[1] Terópodo alvarezsáurido de fines del Cretácico. Bípedo, de un metro de largo y unos tres kilos, poseía un único dedo con una larga uña en sus extremidades anteriores. Debió estar cubierto de plumas y sus grandes ojos apuntan a hábitos nocturnos.
[2] Alvarezsáurido emplumado de unos 60 cms. y poco más de dos kilos, cuyo nombre significa “pájaro”.
[3] Anquilosaurio de unos siete metros cuya coraza se extendía también a la zona ventral. Su nombre significa “hermoso” en mongol.
[4] Oviraptórido cenagnátido de dos metros cuyo pigóstilo sugiere una cola con un abanico de plumas.
[5] Oviraptóridos de tres metros con cresta que se han encontrado fosilizados anidando sus huevos.

martes, 14 de noviembre de 2017

David Murray - Jazzosaurus Rex

Jazzosaurus Rex es el título de un disco del prolífico (más de 130 grabaciones) saxofonista estadounidense de jazz David Murray (1955), editado por la casa Red Baron (¿Un aviador alemán, decís? Pues a mí me recuerda a un grupo heavy madrileño...), fundada en 1991 por el productor neoyorquino Bob Thiele y desaparecida con éste en 1996. El disco se grabó el 18 de agosto de 1993 y, por supuesto, es pura casualidad que en junio de ese año se estrenara la película "Jurassic Park", adaptando la novela homónima de Michael Crichton.

Aparte de la pista que da título al Lp, firmada por el antiguo arreglista de la orquesta de Paul Whiteman, Glenn Osser (1914-2014), contiene otra del mismo compositor con el sugerente título "Dinosaur Park Blues" (si Spielberg hubiera esperado un par de meses, podría haberla metido en la BSO). Puedes oírla aquí.

Integran el cuarteto de Murray el pianista John Hicks (1941-2006) -tocó con Art Blakey, Betty Carter o Woody Hermann-, el contrabajista Ray Drummond (1946) y el batería Andrew Cyrille (1939) -habitual de Cecil Taylor-.

No hemos podido encontrar ningún video en youtube para enlazar pero desde aquí os recomendamos activamente acudir a Spotify o alguna plataforma similar para escuchar esta joyita del jazz de vanguardia neoyorquino de finales de siglo.

Gwangivenator enlazatus en el cartel de FICCión-20 de Cuenca

El Festival Internacional de Cortometrajes de Cuenca, FICCión-20, celebra esta semana su segunda edición y en Koprolitos nos hemos llevado una grata sorpresa al conocer su cartel oficial. En el diseño que anuncia el festival podemos observar un árido paisaje con algunas formas geológicas que recuerdan a la Ciudad Encantada conquense y un cowboy al fondo que tira su lazo para capturar a un dinosaurio jorobado. El cartel es de la ilustradora y diseñadora Nuria Rodriguez, que ha colaborado con firmas como Wehey, Freepik o Principia Magazine, y reúne dos de los iconos de la paleontología de esta provincia española: por un lado Concavenator, el dinosaurio terópodo procedente del yacimiento de Las Hoyas, y por otro, "El Valle de Gwangi", película con elementos dinosaurianos rodada a finales de los 60 en Cuenca. Una verdadera delicia de diseño.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Kurt Gallagher - Eleanor the Dinosaur

El músico neoyorquino Kurt Gallagher lleva casi dos décadas haciendo canciones para los más pequeños. Ha actuado en numerosos colegios, bibliotecas, campamentos y para diferentes organizaciones, siempre buscando la participación y colaboración de los niños durante sus conciertos. Acompaña su voz con instrumentos como guitarra, ukelele, arpa de boca o flauta y la temática de sus canciones es muy variada.

Ha publicado varias grabaciones desde que comenzó su carrera, pero nos vamos a parar en su sexto disco, titulado "1234!" y editado en 2011, ya que en él podemos encontrar la canción "Eleanor the Dinosaur". Este tema trata sobre una dinosauria que regenta una tienda y fue el primer single del disco. Todas las ganancias que generó la venta de este sencillo, se donaron a The Children's Therapy Center en Fair Lawn (Nueva Jersey), centro que proporciona servicios educativos y terapéuticos para niños con discapacidades severas del desarrollo. Aquí dejamos el videoclip:


jueves, 9 de noviembre de 2017

"No somos dinosaurios", nuevo capítulo musical del podcast de Koprolitos


Inexplicablemente, el podcast de Koprolitos tiene una nueva entrega. En este tercer capítulo se aborda una problemática ampliamente extendida en cuanto al conocimiento de la dinosauriología por parte del gran público. Así, conoceremos a los diferentes grupos de animales del pasado que con frecuencia han sido confundidos con dinosaurios. Desde reptiles marinos como los ictiosaurios o los plesiosaurios, hasta los enormes mamuts, pasando por los pterosaurios... todos ellos han sido erróneamente incluidos dentro de los lagartos terribles del Mesozoico. A través del rock, el hip-hop, o el reggae, veremos por qué no son dinosaurios y la razón por la cual tradicionalmente se les ha incluido dentro de este grupo. La lista de canciones es la siguiente:
Esperamos que os guste, y si no, que nos digáis que se puede mejorar en caso de que se hagan más capítulos en el futuro.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Los elegantes y sofisticados dinosaurios de Deirdre DeLay

Deirdre DeLay es una artista de Tampa Bay (Florida, Estados Unidos) especializada en pintura y escultura, que ha creado junto a su marido John un estudio de diseño llamado Deir John Studio. En su obra encontramos retratos, jarrones o máscaras, pero nos gustaría destacar su serie de ilustraciones en las que aparecen elegantes dinosaurios como protagonistas. Ahí la dejamos:

Charlotte Brontësaurus

Randy the Raptor

Terry the Tyrannosaurus Rex

martes, 7 de noviembre de 2017

Unas cuantas ilustraciones dinosaurianas... (XVI)

Poor T (Chris Buzelli)

Esta nueva selección de ilustraciones dinosaurianas demuestran una vez más que el tiranosaurio es el rey absoluto de la iconografía de los lagartos terribles. Se ha colado un diseño con pterosaurios y una familia de dinosaurios emplumados algo surrealista, pero el resto de ilustraciones tienen al gigante cretácico como protagonista...

Watch your back (Bruno Jesus)

Our Lives With Pterosaurs: Answering dumb questions with hard(ish) science (Mark Witton)


Dinosaur Family (Xiaoruan Rosa)

T is for Terrible (Peter McCarty)

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