miércoles, 18 de octubre de 2017

Personajes de Star Wars a lomos de dinosaurios en las servilletas de Nina Levy

La ilustradora neoyorquina Nina Levy tiene dos hijos de 13 y 9 años. Desde hace una década les prepara el almuerzo e incorpora servilletas personalizadas en las que dibuja algún motivo para sorprender a sus hijos. Cierto día, su hijo menor le hizo una petición: quería que dibujase a los personajes de Star Wars cabalgando sobre los dinosaurios de Jurassic World. Dicho y hecho, Levy fue publicando sus servilletas con esta temática en su blog "Daily Napkins" hasta completar una serie de dieciocho ilustraciones. Ahí las dejamos:

Darth Vader Rides the Indominus Rex from Jurassic World

Ezra Bridger Rides Blue from Jurassic World

Ahsoka Tano Rides the Spinosaurus

Yoda Rides a Triceratops

Hera from Star Wars Rebels on Pteranodon

R2-D2 Rides the Ankylosaurus

C-3PO Rides a Gallimimus

Wicket the Ewok Rides a Dimorphodon

Jawa and Apatosaurus

Emperor Palpatine and the Mosasaurus

Captain Rex and the Metriacanthosaurus

Chewbacca Rides a Suchomimus

Princess Leia Rides a T-Rex

Luke Skywalker with Brachiosaurus

Commander Wolffe Rides the Pachycephalosaurus

Han Solo on a Stegosaurus

Wampa Rides a Giganotosaurus

Greedo Rides a Baryonx

martes, 17 de octubre de 2017

The Amazing, Mysterious and True Story of Mary Anning and her Monsters (2003)



En 2003, Laura Heit, dirigió esta obra de teatro infantil con títeres en la que contaba la vida de la paleontóloga Mary Anning (1799-1847). En palabras de Heit, "cuando la mayoría de los niños sentían miedo por los monstruos, Mary los buscaba. Tenía buen ojo para lo inexplicable y, al final, sus descubrimientos cambiarían más de lo que esperaba". Para el apartado musical y los efectos de sonido contó con  el experimentado Tom Hodge, que ha participado como compositor en más de una decena de películas.

A continuación, dejamos los textos en castellano de los intertítulos de la obra:
Acto I: 1811. Ellos la llaman. Con once años, Mary Anning realizó un descubrimiento que cambiaría todo. Encontró su primer ictiosaurio.
Acto II: 1823. Ella ve cosas que otros no pueden. Mucha gente se asustó por lo que Mary encontró, otros estaban fascinados. Debía vender sus fósiles para ganarse la vida, y al final obtuvo reconocimiento por sus descubrimientos.
Acto III: 1847. Se extinguió. Debieron pasar otros cincuenta años antes de que las mujeres obtuvieran un lugar en el mundo de la ciencia y Mary Anning fue pronto olvidada tras su prematura muerte.
Epílogo: Mary Anning es una de las mayores paleontólogas conocidas. Diez años antes de que Darwin publicara su teoría de la evolución, sus descubrimientos iniciaron un nuevo debate sobre cuando y como comenzó la vida en la Tierra.

Lo vi aquí.

lunes, 16 de octubre de 2017

Cuando reinaban los reptiles (Duane N. Carroll) (I)

Desde estos lares, os hemos ofrecido ya algún relato pionero sobre dinosaurios inédito en castellano, como "El huevo de iguanodón" de Robert Duncan Milne. En esta ocasión, os ofrecemos la traducción [1] del pulp When reptiles ruled (enero de 1934, en Wonder Stories), de Duane N. Carroll, uno de los primeros narrados desde el punto de vista de un dinosaurio [2]. Carroll es también autor de Into the mesozoic (1932, en Amazing Stories).



Cuando reinaban los reptiles

Duane N. Carroll
Traducción de Charlie Charmer

Parte I


    El sol –una ardiente esfera roja envuelta en nubes- estaba comenzando a ascender por las lejanas colinas y, aunque sus rayos parecían luchar por penetrar en la atmósfera, constantemente cargada de cenizas volcánicas, llevaron su luz hasta una hermosa tierra. No era un mundo habitado por el hombre. De hecho, si hubiese existido el hombre, es dudoso que hubiera podido aguantar mucho tiempo, pues se trataba del Mesozoico -una era de reptiles gigantes- y las feroces criaturas reinaban soberanas, no sólo sobre la tierra, sino también sobre el aire y el mar.

    Mientras los pálidos rayos del sol encontraban su camino a través de las hojas de las ramas de altos árboles parecidos a las palmeras, y jugaban en la espesura de coníferas, cícadas y otra vegetación, estos grandes saurios comenzaron a despertar. Los carnívoros empezaron enseguida a acechar a las criaturas más pequeñas para convertirlas en su desayuno, mientras que los herbívoros se arrastraban lentos y pesados por las proximidades de los pantanos para explorar o pastar manojos de cícadas y coníferas, con el fin de procurarse las hojas más suculentas cerca de las copas.

    De vez en cuando, a medida que la mañana avanzaba, parejas de estos enormes monstruos se enfrentarían en combate mortal, y el bosque resonaría con sus feroces gritos y atronadores bramidos, y extraños pájaros saldrían volando, añadiendo sus asustados gritos al caos.

    En esta tierra vivía Lugi, el Struthiomimus. He aquí un reptil que distaba mucho de ser feroz. En su apariencia general, se parecía a un avestruz con una cola larga, pero su cuerpo estaba cubierto de escamas. Sus mandíbulas carecían de dientes, y sus largos y delgados dedos, y cortas e insignificantes patas delanteras no estaban del todo adaptados para desgarrar.

    Cuando los primeros rayos del sol parpadearon entre las hojas y las vides de la espesura donde había pasado la noche, Lugi salió a campo abierto. Tenía hambre, pero sabía dónde podía encontrar comida. Había un riesgo considerable, pero era el tipo de comida que más le gustaba, y después de todo, desde que salió del huevo calentado por el sol tropical en la arena donde había sido enterrado, había aprendido que todo lo que hacía estaba acompañado de peligros, y había llegado a aceptarlos como parte de su existencia.

    Después de detenerse un instante, en el que escuchó con atención para detectar cualquier señal de peligro, comenzó su camino a lo largo de uno de los senderos más pequeños. Caminaba erguido sobre sus largas y esbeltas patas traseras, que lo podrían transportar rápidamente lejos casi hasta del más rápido de los perseguidores. Pero aún así, él era cauteloso y ocultaba su cuerpo cuanto le era posible mediante la selección de caminos que le conducían a través de denso follaje.

    Pronto llegó a un lugar donde los árboles daban paso a una zona de terreno que se elevaba suavemente. El suelo estaba suelto y era arenoso, con tan sólo algún matorral ocasional, aunque estaba lleno de rocas y cantos rodados.

    El aire cargado de humedad se había vuelto gris y pesado, y los rayos ardientes del sol, incidiendo intensamente en este tramo de tierra relativamente abierta, ocasionaba que ascendiese vapor ligeramente de la tierra húmeda y el follaje.

    Pero Lugi no tenía ojos para estas manifestaciones. Había hecho una pausa, justo dentro del límite exterior de la arboleda, y examinaba el cielo y el espacio que tenía ante sí en busca de signos de peligro. Después de esperar un período considerable de tiempo, que aparentemente satisfizo a su cautelosa mente de que todo estaba bien, salió a campo abierto y corrió directo colina arriba.

    Corrió tal vez trescientos metros, y luego se detuvo de golpe. Aquí había un pequeño espacio casi rodeada de gruesos brotes de vegetación. Estaba situado de tal modo que recibía todos los beneficios del sol durante la mayor parte del día. Un observador avezado se habría dado cuenta de que el suelo cerca del centro había sido perturbado. Lugi había estado aquí antes, y aunque había tratado de borrar la evidencia de esta visita anterior, no había tenido éxito por completo.

    Después de echar un último vistazo con el que examinó el cielo y el paisaje en todas direcciones, saltó sobre la vegetación enmarañada, y se encaminó directamente hacia el lugar donde la tierra había sido revuelta. Agachándose, para aproximar sus patas delanteras al suelo, comenzó a cavar en la arena. Pronto quedaron a la vista cinco grandes huevos. Habían sido depositados y enterrados en el suelo arenoso por algún gran saurio, y abandonados por que los incubaran los cálidos rayos del sol.

    Que los huevos no quedaron totalmente sin vigilancia, era evidente por las acciones apresuradas y nervios de Lugi. Desde que salió de la selva, se había apresurado, pareciendo confiar la mayor parte de la precaución al viento. Veloz, había echado constantes vistazos hacia arriba, como si hubiera esperado por un momento cierto peligro por allí, pero no había desfallecido. Parecía decidido, una vez que había comenzado esta peligrosa aventura, a llevarla a cabo, si era posible.

    Rápidamente, pero con cuidado, tomando un huevo del nido, lo puso en el suelo cercano y luego volvió a enterrar los cuatro restantes. Nervioso, raspó y palmeó el suelo hasta que eliminó toda evidencia de su visita en la medida de lo posible. Entonces tomando entre sus largos y delgados dedos el huevo que había elegido, se volvió para abandonar el peligroso lugar de una vez.

    Pero no iba a escapar sin ser detectado. Desde el cielo, pero a distancia, llegó un estridente grito penetrante, y pudo verse volando directa y rápidamente en su dirección una enorme criatura parecida a un murciélago. ¡Qué criatura tan feroz! Su tamaño y fiero aspecto infundirían terror a un corazón mucho más valiente que el de Lugi. Sus grandes alas se extendían al menos seis metros de punta a punta y su larga cabeza de forma triangular y poderosas mandíbulas se estiraban hacia delante lo más posible, impaciente por apoderarse de su presa. Los feroces gritos eran ahora constantes, y cuando las largas mandíbulas se abrieron, fueron expuestas hileras de crueles dientes afilados que fácilmente podrían acabar rápido con un reptil más pequeño.

(Continuará)

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[1] Ignoramos si existe otra versión en castellano, si fuera así agradeceríamos que nos lo hicierais saber.
[2] Tal vez el pionero fue The way of a dinosaur (1928) de Harley N. Aldinger (también en Amazing Stories), y después vendrán Starvation –o Runaround- (1942, Fredric Brown), Raptor Red (1995, Robert T. Bakker) o el segundo capítulo de Evolution (2002, Stephen Baxter), entre otros.

sábado, 14 de octubre de 2017

Unas cuantas ilustraciones dinosaurianas... (XV)

The Market Place (Deniz Defne Acerol)

Nueva selección de ilustraciones de temática dinosauriana (esta vez si), con una marcada presencia de tiranosaurios. En esta tanda encontramos al collage y al surrealismo como temáticas protagonistas, resultando obras de inusitada originalidad.

Dino Rider (Jamie Merrill)

Pugosaurus Rex (Luke Alexander)

Um T-Rex em Manhattan (Zara Veasey)

Dinosaur Roundup (Logan Kline)

miércoles, 11 de octubre de 2017

Dino Heat of the Knight (Tabatha Houston)

Siguiendo la estela de las viejas novelas pulp, la escritora Tabatha Houston nos ofrece una historia encuadrada dentro del género de la literatura dinoerótica en la que mezcla elementos del noir con la ciencia-ficción, todo ello bien regado de situaciones inverosímiles muy subidas de tono. En "Dino Heat of the Knight", Houston cuenta la historia de la detective privada Carmen Knight, que vive en la ciudad Santuario 40, un lugar que recrea el estilo de los años 40 y que protege a sus habitantes de las influencias corruptas del mundo moderno externo. Todo cambia cuando se produce un brutal asesinato y Carmen debe investigar sus causas. Para ello, se unirá a un triceratops antropomorfo con el que mantendrá una tórrida relación sexual.

Esta no es la primera novela de este tipo de la escritora texana Tabatha Houston, ya que ha publicado varias obras de temática erótica parodiando géneros clásicos con ídolos tiki, dinosaurios modificados genéticamente o superhéroes como protagonistas. Puedes ver una muestra aquí.

martes, 10 de octubre de 2017

Los mecatrilobites de Baron Dixon

Baron Dixon es un artista de Phoenix (Arizona, Estados Unidos) cuya obra, en su propias palabras, va desde el fotorrealismo hasta el cubismo estilizado, de lo romántico a lo tonto, de lo cotidiano a lo extraño, de lo lindo a lo macabro. Esta heterogeneidad de estilo se puede comprobar en lo que ha llamado Neo-Gatismo ("Neo-Catism" en inglés), nombre intencionalmente pretencioso para denominar su sátira del arte "moderno" centrado en los gatos y su extravagante comportamiento. Un poco alejados de este peculiar punto de vista se sitúan sus mecatrilobites, una serie de ilustraciones de reminiscencias steampunk con los reyes del Cámbrico como protagonistas:




lunes, 9 de octubre de 2017

Llámame... Tyrannosaurus rex

Ilustración de Vincent Lynch para la portada de Scientific American (1915), que incluía el artículo de Barnum Brown "Tyrannosaurus, a cretaceous carnivorous dinosaur: the largest flesh-eater that ever lived"

Fui descrito por Henry F.Osborn en 1905 a partir de unos restos descubiertos en 1902 por Barnum Brown en Hell Creek (Montana) como “El lagarto tirano”. Lo del apellido Rex es mera redundancia; vamos que está claro quien manda, ¿no? Aunque te voy a contar un cotilleo: realmente, debería haberme llamado de otro modo.

Barnum había encontrado otros restos en 1900, que Osborn describió como Dynamosaurus imperiosus  (“El lagarto del poder imperial”), que también mola. Al registrar ambos especímenes, se trastocó el orden de las hojas y el dinamosaurio quedó detrás. Pero hay más: Cope había descubierto restos de vértebras mías en 1892, que describió como Manospondylus gygas (“Vértebra porosa gigante”), nombre que mola bastante menos. Aunque Osborn ya lo intuía, hasta 2000 no pudo comprobarse que se trataba de la misma especie y, según las reglas taxonómicas, debería haber cambiado mi nombre a piedra pómez, pero siendo el dinosaurio más conocido, más molón y modesto, y después de los millones de páginas y kilómetros de celuloide en los que había dejado constancia de mi regio nombre, decidieron hacer una excepción.

En cuanto a mi también inabarcable carrera artística, empieza ya al año de mi descubrimiento con este soberbio retrato de Charles R. Knight, que en 1927 me redefine (abajo) alargándome algo el morro y reduciendo mis dedos a dos en cada extremidad anterior.


Entonces conocía a Willis O’Brien, junto al que rodé filmes como Ghost of slumber mountain (1918), al que pertenece el fotograma superior, El mundo perdido (1925) –aunque en el libro de Conan Doyle no aparezco- o King Kong (1933), mi dentista, al que vemos aquí tratando de empastarme una muela cariada.

No tardó en estar Disney al otro lado del teléfono, ofreciéndome el papel protagonista del segmento de Fantasía (1940) para el que había firmado la banda sonora nada menos que Igor Stravinsky.

En las revistas pulp donde se gestó la moderna ciencia-ficción aparecí en relatos como The time ray of Jandra (1930) o Toka, the king of dinosaurs (1945) de Ray Palmer, When reptiles ruled (1934) de Duane N. Carroll, y luego A sound of thunder [1] (1952) o Tyrannosaurus Rex (1962) de Ray Bradbury y A gun for dinosaur [2] (1956) de L.Sprague de Camp.

Ilustración de Frank R.Paul para When reptiles ruled (1934)

Zdenek Burian, 1938

Wah Chang me animó en Dinosaurios! (1960), el corto educativo Dinosaurs: the terrible lizards (1970) y en la serie de televisión Land of the lost en 1974, cuando me dejé caer por Doctor Who. Gwangi (1969) es un T-Rex según Harryhausen, pero… me colocó 3 dedos, como Disney.  José Luis Sanz explica aquí por qué es tan común este despiste.

Gwangi, de Ray Harryhausen

Planet of dinosaurs

Ilustración de Neave Parker (1910-61)

En el álbum de Blake y Mortimer “La trampa diabólica” (1962), Edgar Pierre Jacobs me enfrenta a un plateosaurio. Tidbit for a tyrannosaurus (1966) es una de las fantásticas historias bélicas de Mike Espósito/ Ross Andru para Star Spangled Stories. El siguiente año, el británico Mark Bolan funda Tyrannosaurus Rex, luego abreviada a T.Rex, la primera banda de glam rock, cuyos éxitos has disfrutado al ver la película Billy Elliot.

Borrador de Jacobs para "La trampa diabólica"

Frank Frazetta, 1969

En 1977 protagonicé Planet of dinosaurs (donde me animaron el ayudante de Harryhausen, Jim Danforth, y Stephen Czerkas) y la coproducción de USA y Japón The last dinosaur. En 1984 llega el corto Prehistoric beast, con animación de Phil Tippett (que por fin respetó mis características anatómicas, olvidándose del tercer dedo) y origen del documental Dinosaur! de 1985, cuando también pudiste verme en versión robotizada en Transformers, que promocionaba una franquicia de muñequitos como Dino-riders (1988, Gerry Conway), en la que también puedes verme.


En cuanto a la literatura, antes de Jurassic Park, ya me clonaron en Roadmarks (1979) de Roger Zelazny (1937-95) y Tuf voyaging (desde 1976 en Analog, recopilada en 1986) de George RR Martin (1948). David Drake insiste en el viejo tema de los safaris en el tiempo en su relato Time safari (1982), de la que soy protagonista absoluto, y que unirá a otros en el compilatorio Tyrannosaurus (1993). En el cuento Uphill climb (1987), Robert J.Sawyer hace evolucionar en la Luna a una raza de tiranosaurios inteligentes a los que llama quintaglios que desarrollarán toda una civilización, de cuyas vicisitudes  dará cuenta en la trilogía Quintaglio Ascension (1992). Además, Sawyer volvió a reservarme un papel en su novela End of an Era (1994), que trata de un viaje científico en el tiempo.

Primer volumen de la trilogía Quintaglio Ascension

El mago del cómic Richard Corben me dibujó en la trilogía que forman Within you without you, Time and time again y Years & mind forever (1976) o Me an’ ol’ Rex (1983) con guión de Bruce Jones. En The hero within (1974, guión de Steve Skeates), un perro es transformado en un terópodo muy parecido al T-Rex que Burian ilustró en 1938 -ver arriba-, mientras usará como modelo los de Knight para Rip in Time (1986, guión Jones) o su versión de A sound of Thunder. Por otra parte, en 1991 aparecen Tyrannosaurus tex (James van Hise y Ron Wilber), que va del típico safari interplanetario que uno programa para el fin de semana, y Tyrex (Mauro Entrialgo), sobre un luchador de pressing catch que se disfraza de terópodo.

Portada de Val Mayerick para Eerie #97 (1978), donde se reeditó completa la trilogía Within you, without you de Corben

T.Rex drinking (1986, Gurney James)

Gregory St.Paul, 1988

En 1990, Susan Hendrickson descubre mi (hasta la fecha) fósil más completo que, en su honor, se conoce como “Sue”, y Michael Crichton publica Jurassic Park, en la que tengo un papel principal pese a que en dicho periodo aún no había sido engendrado.

Su trasvase al cine en 1993 a manos de Spielberg impulsó de tal modo mi carrera de actor que me ha sido imposible coger vacaciones desde entonces: ese mismo año rodé Rex (David Gerrold), el siguiente Tammy & the T-Rex (Stewart Raffill), en 1995 Theodore Rex (Jonathan Betuel), T-Rex:back to the cretaceous (Scott Billups) o Dino Rex (Thomas R. Dickens) y luego las divulgativas Ultimate guide: T-Rex (1996), con efectos de Hall Train, T-Rex: back to the cretaceous (1998, IMAX) de Brett Leonard, The valley of T-Rex (2001, Reuben Aaronson y James McQuillan), T-Rex: a dinosaur in Hollywood (2005, Michael Davis).

Iron sky 2

Pero confieso que los papeles que más me he divertido han sido los que he realizado en la última década: Anonymous rex (2004, anima Marc Louge), según la saga de novelas negras de Eric García, Aztec Rex (2007, Brian Trenchard-Smith), Iron sky (2012, Timo Vuorensola; hay secuela en 2015) donde combato con los nazis desde su base en La Luna, Poseidon Rex (2013, Mark L.Lester) en que me convierten en una criatura… ¡¡¡marina!!! o Dinosaur Island (2015, Matt Drummond), que me da un nuevo y sugerente aspecto a raíz de los últimos descubrimientos de terópodos emplumados.

En cuanto a los cómics post-Jurassic Park, en 1993 aparecen el adorable Rex de las japonesas CLAMP y dos Tyrannosaurus, uno es un mutante integrante del supergrupo The strangers (Steve Englehart/ Rick Hoberg) y el otro un fumetto erótico editado como suplemento de la revista de Ediperiodici L’infermiera. En Tyrannosaurus sect (1994, Jan), Superlópez lucha contra una secta cretácica con fines depredadores. Tyrannosaurus Reich (1997) es un nazi contra el que lucha Major Bummer (John Arcudi/ Doug Mahnke). Y entre los cómics más recientes que han sabido rendir el homenaje que merece el tirano-rey de los saurios, están Tommysaurus Rex (2005, Doug Tennapel), T.Rex (2011, Mark Kidwell/Jeff Zornow), Superdinosaur (2011, Robert Kirkman) o Rexodus (2015, James Farr/ Jon Sommarriva).


Rex de CLAMP, ¿dinosaurio o tamagotchi?

Incluso los grandes depredadores tenemos nuestro lado tierno. Sin ir más lejos, yo me he prodigado en filmes infantiles como The Land Before Time (1988), la serie animada The adventures of T-Rex (1992), We're Back! A Dinosaur's Story (1993), Toy Story (1995), Pooh's Grand Adventure: The Search for Christopher Robin (1997), Night at the Museum (2006), Meet the Robinsons (2007), Ice Age: Dawn of the Dinosaurs (2009) y, en 2015, The Good Dinosaur o la serie Dinotrux. Además, recientemente le di la alternativa a mi sobrina Tina Rex, en la serie de televisión Gumball (2011, Ben Bocquelet).

Y si algo demostraron el lobo feroz o la malvada bruja es que, por más fiero que seas, siempre puedes acabar en un cuento de niños. Sólo en los últimos años, he protagonizado My T-Rex has a toothache (2012) de Elwyn Tate, I'm a T.Rex! o T-Rex trouble (2012) de Dennis Shealy, Tiranosaurio Rex (2013) de Ana Obiols (con dibujos de Joan Subirana), Rex: The dinosaur who thinks he is a dog (2014) de Stephen Tan o Angry T. Rex! (2015) de Amma Lee.

Entre las últimas novelas que me rinden homenaje podemos hablar de Primeval: extinction event (2009) [3] de Dan Abnett o la serie Dino hunt de Max Davine. Un género literario reciente muy particular comienza en Fierce embrace (1997) de Bud Sparhawk, en que una pareja de paleontólogos desatan su líbido tras encontrar los fósiles de unos T-Rex en posición de cópula. Explotarán esta veta, a través de una vía ya abiertamente zoofílica Christie Sims y Alara Branwen en Taken by the T-Rex, o Chuck Tingle en Gay T-Rex law firm executive o Professor T-Rex teachs me gayness.

Fabio Pastori, 2005

Paul Heaston, 2011

Simon Stalenhag, 2015

Aunque después de todos estos datos es innecesario, para despejar cualquier duda de que soy el dinosaurio que más ha excitado la imaginación de los artistas, como botón de muestra en nuestro blog hemos visto que mis fans se han llegado a poner mi nombre, me han trolleado por mis bracitos que no me permiten más que ejercitar mis piernas en el gimnasio o tocar el ukelele, o bien me han compadecido por ello, y sus inescrutables y enfermizas mentes me han visto como un inadaptado, fumeta, imaginativo y juguetón, gafe, cuestador solidario, taciturno romántico, impotente, necesitado de amor, o convertido en estudiante de arquitectura, mascota fiel, escultura de chocolate, adhesivo de contacto, fuente ornamental, juguete teledirigido, ruta ciclista, ninja animado, ingeniero teleco, jugador de beisbol, saurio-bala, oficinista, yogui, trofeo de caza o asesino simpático...

Y para acabar, una duda existencial... En serio, ¿Barney es un tiranosaurio?

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[1] Es el relato de ciencia-ficción anterior a 1984 más reeditado; Contento, W.G. Index to science-fiction anthologies and collections, combined edition Rich Corben lo adaptó al cómic (1993) y Peter Hyams al cine (2005).
[2] Roy Thomas/ Val Mayerick y Ernie Chua lo adaptaron a viñetas (1973) en Worlds unknown. Bradbury envió al protagonista, Reginald Rivers, a otro safari en el tiempo para la antología The ultimate dinosaur (1990); otros siete viajes completan Rivers of time (1993). En 2005, Chris Bunch escribe un décimo viaje como homenaje en la antología The enchanter completed.
[3] También aparezco en la quinta serie (2011) de su adaptación televisiva.

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