miércoles, 17 de julio de 2019

El loco mundo pretérito de David Dunstan

David Dunstan (a.k.a. Loopydave) es un ilustrador y diseñador gráfico de Melbourne (Australia) que trabajado en publicidad, revistas y libros infantiles, portadas de libros y discos, diseños de juguetes y desarrollo de personajes para la televisión. Su estilo va desde la caricatura al pin-up, pasando por ilustraciones realistas, y en su obra es fácil encontrar referencias a la cultura popular, tanto al cine, como a los cómics o la televisión. De esta forma encontramos algunos dibujos relacionados con las faunas del pasado como su reinterpretación de los carteles de películas como "Jurassic Park" o "One Million Years B.C." o su homenaje al gran Frank Frazetta:






martes, 16 de julio de 2019

El Archidiácono y los Dinosaurios (Eden Phillpotts) (I)

El Archidiácono y los Dinosaurios

Eden Phillpotts
Traducción de Charlie Charmer

Parte I


El archidiácono se sacó del bolsillo un prolijo rollo de papel de sermón.

- Aquí tengo un pedacito del período mesozoico -dijo, y yo le interrumpí:

- Mi querido archidiácono, eso fue miles de años antes de que el hombre apareciera sobre la Tierra.

- Muchos millones -respondió alegremente el archidiácono- Mi manuscrito trata sobre un período en el que la misma Madre Naturaleza era una niña de pecho. Como sabes, mi hobby es la paleontología. Mi artículo, revisado científicamente, supone cierto conocimiento de este tema adquirido tras el contacto con algo tan peligroso como una cena tardía. Ya ves que no escondo nada. Y he escrito el asunto aquí en un papel de sermón para que pueda hacerle mayor justicia.

Alisó el rollo de manuscrito, se ajustó las gafas y mostró su disposición para comenzar.

Así que me instalé y escuché su singular historia:

- Por supuesto, en un sueño, como en una comedia moderna, uno no debe detenerse a sopesar las probabilidades y ser lógico, si no, en ambos casos la estructura se desploma sobre sus oídos y el placer de seguir el hilo se echa a perder. Por tanto, cuando me encontré en una buena mañana comenzando un día de deporte y ciencia en el período Mesozoico, la circunstancia me sorprendió poco. Puedo decirte que mis polainas negras se transformaron en marrones, llevaba al hombro un rifle Remington y a mi lado caminaba el gato negro de mi esposa, Peter. Por supuesto, mi conocimiento del período me llevó a notar la naturaleza extremadamente mesozoica de mi entorno, y me sentí satisfecho fuera de toda medida al encontrarme sano y salvo tan atrás en la historia de este planeta. No me detuve a recordar que Peter, mi rifle Remington y yo aún no habíamos evolucionado, que incluso el hombre paleolítico tardaría innumerables siglos en aparecer, que incluso sus piedras de sílex eran todavía esponjas en el fondo de los poderosos océanos. Tampoco me sorprendió al principio que estaba solo, y por tanto separado de mi especie por tremendos abismos temporales. Por el contrario, me deleité con mi entorno, comprobé que era claramente jurásico y reí con satisfacción al considerar que llevaba la delantera, alrededor de doce millones de años, a cualquier deportista que hubiera ido de caza mayor con un rifle. También fui generoso. Me acordé de Cuvier, Huxley, Owen, Tyndall, Darwin, Geikie, Marsh, Zittel, Hutchinson [1], o un millar de naturalistas y paleontólogos eminentes que habrían disfrutado una mañana en medio de las maravillas de esa época, y deseé que todos estuvieran allí bajo mi protección y la de mi Remington y Peter.

Me encontraba en las orillas de un lago en una región pantanosa. El paisaje estaba principalmente compuesto por volcanes, pues pude observar una docena de ellos en el horizonte, arrojando columnas de humo que nublaban el cielo. Era un día tormentoso, sofocante, y ocasionalmente caían fuertes aguaceros, aunque el clima era soportable entre las precipitaciones. A mi alrededor crecían gigantescos helechos arborescentes, y en la extensión pantanosa a lo largo de la orilla del agua se alzaban junglas de enormes licopodios [2], desastradas licopodiáceas y algunas coníferas.

Licopodium clavatum, la estrella de la función

En torno a las fronteras de este mar interior, la vida de los insectos se abría camino libremente. Miles de mosquitos de enorme tamaño y casi de veinte centímetros de envergadura bailaban con libélulas gigantes sobre el agua. De vez en cuando un pez ganoide [3] saltaba como una trucha y se comía a alguno, lo que puede resultar algo curioso tratándose de un pez ganoide, pero no lo critiqué. Estos ganoides, por cierto, solo los disfrutaron una insignificancia. Los peces-lagarto, o ictiosaurios, les perseguían aquí y allá, devorando a miles en la superficie; los plesiosaurios, con cuellos como cisnes y cabezas de lagarto, también atrapaban a los ganoides, y sólo Dios sabe qué monstruos les esperaban en las aguas profundas cuando se zambullían.

Entonces sucedió algo extraño. De repente y sin previo aviso, una monstruosa cometa infantil, con una larga cola y alas de seis metros de ancho, apareció aleteando sobre las palmeras. Le siguió otra, y entendí, tras pensarlo dos veces, que se trataba de paraguas. Un descubrimiento de tal naturaleza, incluso en un sueño, me causó cierto asombro. Me costó entender que debieran girar así de promiscuamente en el aire mesozoico, y me pregunté quién los había perdido; pero al instante comprendí la verdad. Estos revoloteadores no eran en absoluto paraguas, sino tan sólo un par de pterodáctilos muy flacuchos. Aprovechando la ocasión, levanté a mi fiable Remington y disparé. Considerando que en toda mi vida no he sido conocido por saber manejar armas de fuego, juzgarás mi satisfacción si te digo que me las arreglé para herir al más grande. Cayó de bruces, y Peter, con una considerable falta de juicio, fue a recuperarlo. La leal y pequeña bestia casi perece en el intento. Es algo complicado recuperar tu pterodáctilo, con seis metros de alas agitándose, cientos de dientes afilados y un apego a la vida de intensidad prehistórica. He de decir, sin la menor duda, que los restos fósiles no dan idea alguna de la ferocidad de estos dragones voladores.

Pterodáctilos de Josef Smit para Extinct Monsters (1893, H.N.Hutchinson)

Pese a estar herido de muerte, el animal mostró una fuerte inclinación a matarnos tanto a Peter como a mí. Así que volví a cargar, y disparé al pterodáctilo en el ojo. Tras lo cual, él recogió sus vastas alas temblando a su alrededor y enterró su cabeza en ellas, y así murió. Marqué el lugar para recogerlo de camino a casa. Por supuesto, no puedo explicar cuál pudo haber sido mi idea de "casa". Tal vez pensé que me alojaba en un balneario mesozoico en algún lugar cercano, “En un agradable vecindario volcánico, con espléndidos baños de mar, tenis sobre hierba y tiro al pterodáctilo. Condiciones económicas.”

El aspecto de mi primera víctima me hizo pensar. Me sorprendió que, si criaturas de tal tamaño volaban por el aire, la Tierra firme pudiera soportar cosas mucho más grandes. Por supuesto, era consciente de que debía haber dinosaurios cerca. Sabía que algunos buenos especímenes alcanzaban a veces casi seis metros de altura, que muchos de ellos caminaban sobre sus patas traseras y que, aunque ciertas variedades se limitaban a una dieta vegetal, otras eran carnívoras, y se comerían tan pronto a un archidiácono como a cualquier otra cosa. También temblaba por mi Peter. Temía a cada paso que él hiciera algo precipitado y perdiera la vida. Por mi parte, decidí no permitir que interfirieran con mi seguridad las nociones quijotescas de lo que era y no era ser deportista. Para ilustrar lo que quiero decir, puedo contar que mi siguiente captura fue un teleosaurio [4] y le disparé durmiendo junto al río. Tenía la espalda dada la vuelta y los ojos cerrados, de modo que fui capaz de acabar con él sin la mayor dificultad.

Teleosaurios de Smit

Demostró ser una insignificancia de cocodrilo de unos seis metros de largo; y murió, por así decirlo, sonriendo. Se me ocurrió que este monstruo podía convertirse en estupendas cajas de puros para regalar a los amigos.

Y ahora sabía, a medida que avanzaba, que la caza mayor estaba por llegar. Pequeños dinosaurios, no más grandes que los canguros, saltaban libremente a mi alrededor, pero reservé mi fuego, sospechando que podría necesitarlo en cualquier momento. Mi compañero había perdido hacía mucho tiempo su nervio. Podría decirse que estaba fuera de armonía con su entorno. Se pensaba allí simplemente como un bocado para algo más grande que él mismo, y al darse cuenta de ello, saltó a mi hombro, evidentemente determinado a que, en el peor de los casos, moriríamos juntos.

A cada momento aumentaba el tamaño de la fauna. De pronto, un dinosaurio blindado -llamado escelidosaurio [5]- sacó la cabeza de un área de tres metros de juncos. Tenía placas y espinas en su monstruosa espalda y una mirada hambrienta en los ojos, del tamaño de un plato de postre. La bestia, afortunadamente, no nos vio, y sintiendo que no sería bueno disparar, salvo en caso de necesidad, me detuve en silencio donde estaba hasta que la criatura se zambulló en el agua. Entonces visité su guarida y fui capaz de resolver una cuestión que ningún paleontólogo ha aclarado nunca. Encontré un nido de dinosaurio con cuatro huevos dentro y, por lo tanto, resolví una gran pregunta para siempre. Los dinosaurios, sin duda, ponen huevos. Estos en particular tenían una textura similar a las ranas, pero estaban separados entre sí y eran algo mayores que calabazas grandes. Tras haber observado todo esto, escuché a la madre dinosaurio regresar y me retiré apresuradamente, sin preocuparme por arriesgarme a compararlos con una criatura de más de tres metros y medio de altura, cubierta de armadura y llena de instinto maternal.

(Continuará...)

Maternal escelidosauria de Alice B.Woodward para Evolution in the Past (1912, Henry R.Knipe)

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[1] Phillpotts hace un repaso de los principales naturalistas y paleontólogos del siglo XIX: Georges Cuvier (1769-1832), Thomas Henry Huxley (1825-95), Richard Owen (1804-92), Charles Darwin (1809-82), Othniel Charles Marsh (1831-99), Karl Alfred von Zittel (1839-1904) o Henry Neville Hutchinson (1856-1927). Llama la atención el olvido del rival de Marsh en la “Guerra de los Huesos”, Edward Drinker Cope (1840-97) y, curiosamente, ignora a paleontólogos como William Buckland o Charles Lyell, e incluye al físico John Tyndall (1820-93), cuyo interés por épocas pasadas se centró en los cambios de temperatura de las eras glaciales, de las que también se ocupó el geólogo Archibald Geikie (1835-1924).
[2] “Club Mosses” (lit.: “Musgos de porra”, por la forma de bastón de sus esporas). Se trata de primitivas plantas vasculares herbáceas que se reproducen por esporas. En el teatro victoriano, se usaban estas esporas secas para simular el efecto de llamas o destellos soplando un puñado, ya son altamente inflamables, aunque no desprenden mucho calor, por lo que se consideraban un “efecto especial” seguro.
[3] Escamas primitivas, llamadas así por estar recubiertas por una sustancia dura llamada ganoina.
[4] Saurópsido talatosuquio (cocodriliano) del Jurásico.
[5] Tireóforo del Jurásico descrito por Richard Owen en 1859, de cráneo triangular como el de los ornistiquios primitivos y el cuello más largo que el de otros dinosaurios acorazados.

lunes, 15 de julio de 2019

El Archidiácono y los Dinosaurios (Eden Phillpotts) (Presentación)

Para hacerte más llevadero el rigor de la canícula, se nos ha ocurrido ofrecerte por entregas a modo de folletín decimonónico un refrescante relato de dinosaurios... de hace poco más de un siglo. Se trata de El Archidiácono [1] y los dinosaurios, la divertida odisea de un clérigo británico y su gato en los peligrosos paisajes volcánicos del Jurásico, fruto de la pluma de Eden Phillpotts. Este post tiene por objeto presentarte este apasionante cuentecito que hizo las delicias de nuestros bisabuelos.

El prolífico autor británico Eden Phillpotts (1862-1960) marchó a Londres con sólo 17 añitos y, aunque su primera vocación fue la de actor, se convirtió en escritor amateur mientras trabajaba en una compañía de seguros. Fue amigo personal de Agatha Christie, adaptado por Alfred Hitchcock (The farmer’s wife, 1928) y admirado por todo un Jorge Luis Borges. Escribió cerca de 250 obras literarias de todo tipo: prosa, verso y teatro. A efectos de la obra que aquí os traemos, debe apuntarse que era agnóstico y sobrino nieto del obispo de Exeter (por lo que las dignidades eclesiásticas le eran bien conocidas a la vez que un buen objeto para la burla) y había nacido en la India, hijo de un oficial del ejército (por lo que las cacerías exóticas también). Lamentablemente, en su biografía también deben incluirse la relación incestuosa con su hija Adelaide, con la que escribió al alimón varias obras de teatro.

Ilustración de Sidney Sime (1865-1941) para el poema The Zagabob

El Archidiáno y los dinosaurios (The Archdeacon and the deinosaurs [2]) apareció en la antología de relatos breves del autor Fancy Free (1901), que también incluía el poema The Zagabob, sobre un extraño ser, rey de una lejana isla desde el Precámbrico, al que rinden pleitesía primero trilobites y luego dinosaurios, o el cuento Una historia sin fin (A Tale without an End), que retrata las discusiones de pareja a través del tiempo, desde los trilobites, pasando por los atlantosaurios [3] hasta el hombre ...y más allá.

Más adelante escribió varias obras de fantasía y ciencia-ficción entre las que debemos destacar Saurus (1938), protagonizada por un reptil extraterrestre que se dedica a observar a los humanos.

Ya has tenido ocasión de leer en el blog en rigurosa primicia el que, probablemente, sea el primer relato jamás escrito sobre dinosaurios, inédito hasta entonces en español: El huevo de iguanodon (1882), de Robert Duncan Milne. Apenas dos décadas le separan de El archidiácono y los dinosaurios, que ve la luz año y pico después de la desaparición de Milne, pero las diferencias entre ambos son patentes: uno es una inquietante historia de misterio en un mundo perdido en una remota isla del Pacífico (Papúa) mientras el que aquí traemos es un onírico relato de caza (muy) mayor con bastantes dosis de humor. Pero sobre todo, mientras Milne prácticamente limita la presencia de dinosaurios en su relato al iguanodón que le da título [4], la cantidad y variedad de especies con que nos deleita Phillpotts es realmente apabullante; seguro que no los conocías a todos.

Fotomontaje con que ilustramos El huevo de iguanodon, partiendo de una fotografía de M.J.W. Lindt para Picturesque New Guinea (1887)

Pero también encontramos similitudes significativas entre ambos. Nos ha llamado en particular la atención cómo aventuran la reproducción de los dinosaurios mediante huevos aunque, hasta 1923, George Olsen y Roy Chapman Andrews no encontraron en Mongolia un montón de huevos que se atribuyen por primera vez inequívocamente a dinosaurios [5]. Lo que viene a demostrar como, a veces, la ficción se adelanta a la realidad.

¡No te pierdas la próxima entrega, en la que conoceremos cómo nuestro archidiácono se embarca en la aventura más bizarra y fantástica de su vida!

Hasta entonces, te dejamos con algunas fotografías de caza MUY mayor que hemos visto por ahí, para ir abriendo boca...




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[1] Antiguamente, el diácono principal de una catedral, llamado también arcediano. Desde Trento será sustituido por el vicario general en el área católica, aunque subsisten en la iglesia anglicana.
[2] Phillpotts emplea aún el diptongo inicial de la raíz griega δεινός. Este arcaismo fue común hasta entrado el siglo XX.
[3] Género hoy considerado nomen dubium al que también hace referencia en El archidiácono y los dinosaurios. Se trata de un saurópodo al que se llegó a tener por gigante entre los gigantes y hoy se considera sinónimo del apatosaurio (antes brontosaurio).
[4] Incluye también al ictiosaurio que, como sabemos, no es un dinosaurio sino un saurio marino, y hacia el final del relato menciona también al megalosaurio. Debemos tener en cuenta que, cuando en 1870 Cope y Marsh comienzan su “guerra de los huesos” sólo se conocían en Norteamérica 18 dinosaurios diferentes.
[5] Jean-Jacques Poech pensó que los que había hallado él en 1859 pertenecían a un ave gigantesca. Diez años después Philippe Matheron descubre otros junto al hypselosaurio (que creía un cocodriliano en lugar de un saurópodo) y duda si serían de éste o de ave; P. Gervais los atribuyó a una gran tortuga en 1877.

viernes, 12 de julio de 2019

Trobadorets - Morelladon

Trobadorets es un grupo de música familiar formado por Pau Sancho (voz), Gerard Chiva (guitarra española), Javi Ruá (guitarra eléctrica y cajón), Víctor Peris (batería), Dani Chiva (contrabajo), Mar Zandalinas (percusión) y Santi Vicente (oboe, dulzaina, acordeón y melódica). Comenzaron su carrera en 2010 por casualidad, actuando en la librería infantil de una amiga. Desde entonces han realizado cerca de 500 conciertos a lo largo de todo el País Valencià, y localidades cercanas de Teruel, Tarragona o Barcelona, actuando en festivales como La Colla en Ruta de ÀPunt Mèdia (Castelló y Valencia), Feretes y Cançonetes (Valencia) en diferentes ocasiones, Formigues Festival (Benicàssim), Capsigrany (Vilafranca), Aplec dels Ports en muchas ediciones, Ruzafa Loves Kids (Valencia), Aplec del Penyagolossa (Atzeneta), Karraska (Ain), Menut Festival (Alcúdia), MIAU (Fanzara), etc. y colaborando con diversas organizaciones benéficas y solidarias como Fundación Ronald Mc Donald, Acción Contra el Hambre, Cruz Roja, Oxfan Intermon, MEF2C, Fundación Alba Pérez, AFANIAS entre otros...

Han publicado cuatro trabajos discográficos: "Sons i Cançons" (2012), "Trobadorets" (2014), "Una Cançoneta y Mo’n Anem" en directo (2016) y "A Xalar" (2018) y por el que han sido nominados, en la categoría de Mejor Disco Infantil, en los Premios Carles Santos de la Música Valenciana 2018 y en los Premios Enderrock 2018. En su disco en directo, incluyeron un tema dedicado a Morelladon beltrani, el dinosaurio ornitópodo descrito en el Cretácico Inferior de Morella (Castelló), ya que Pau Sancho, cantante del grupo y compositor de la canción, es originario de la Comarca dels Ports y vieron que era un motivo de orgullo tener un vecino así y por ello, decidieron dedicarle una letra para que los niños y niñas pudiesen conocerlo. Ahí dejamos la canción:



Si queréis más información sobre la banda y estar enterados de todas sus actuaciones, podéis seguir a Trobadorets en sus redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram.

jueves, 11 de julio de 2019

If Dinosaurs Still Lived

Ya sabéis que somos muy fans de Fake Science y sus coñas científicas, pero hacía tiempo que no los traíamos por aquí. En esta ocasión, especulan con qué pasaría si los dinosaurios viviesen en la actualidad, afirmando que podríamos montarlos fácilmente, después de administrarles fuertes tranquilizantes y realizarles variadas (y dolorosas) cirugías...

Más Fake Science aquí.

miércoles, 10 de julio de 2019

Small Beginnings (2015)



Hace un par de semanas compartíamos "Sharp Teeth", del joven animador David Armsby, pero nos dimos cuenta que antes de esta pieza había realizado otros cortometrajes en los que aparecen dinosaurios. En concreto, este "Small Beginnings", que nos cuenta la historia de un pequeño tiranosaurio que explora el mundo por primera vez...

martes, 9 de julio de 2019

Hamster Riding Dinosaur

No seré yo quien juzgue la belleza o fealdad de esta camiseta de Bang Tidy Clothing, pero creo que de alguna manera estos diseñadores de Sheffield (Gran Bretaña) han tocado techo con ese hamster a lomos de un triceratops con un fondo de ¿donuts? Puedes pillarla por algo menos de catorce euros en su tienda de Etsy pinchando aquí. Ideal para bodas y bautizos...

lunes, 8 de julio de 2019

Los mundos prehistóricos de Paul S. Newman

Paul Sylvan Newman (1924-1999) no fue un atractivo ídolo de la pantalla capaz de comerse varias docenas de huevos, hacer otras tantas carambolas a tres bandas seguidas o pilotar un fórmula 1, pero figura en el Guinness como el guionista de cómics más prolífico, con más de 4.100 historietas que suman un total de 36.000 páginas en su haber. Comenzó su carrera tras la guerra en DC, pero pronto era rara la editora de comic-books en la que no hubiera publicado, aunque a nosotros nos interesa especialmente su trabajo en  los 50 y los 60 en la pionera Dell Comics, como vamos a ver.

En 1951-53 tomó las riendas de la tira Tom Corbett, Space Cadet, según el serial televisivo ideado en 1950 por Joseph Greene, que encontró dinosaurios en los pantanos de Venus, influenciado por Flash Gordon, o el planeta Tara del sistema Alpha-Centauri [1]. También escribió los guiones cuando Dell llevó la franquicia al comic-book.

A nuestros efectos, su principal labor fue también en Dell, al frente de Turok, donde permaneció durante 26 años y se discute si pudo ser la mente de la que salió el indio cazadinosaurios, aunque parece que fue Gaylord Dubois quien escribió los primeros ocho números [2] para los dibujos [3] de Rex Maxon, que en las cuatro páginas de la tira de complemento “Peligro en el nido” (1957, Turok #8) prescinde por completo de la presencia humana para presentar la historia de una pteranodón que protege a su nido de un dimetrodón. El siguiente número vio el nacimiento de una nueva serie, Young Earth, en la que Paul S. Newman y Maxon desarrollarán historias en las que todo el protagonismo será ya de los dinosaurios.

También en Dell, Paul adaptó The lost world (1960), con Gil Kane, y desarrolló Kona (1962, Four Color #1256), creada por Don Segall/Sam Glanzman y ambientada en un mundo prehistórico perdido.


Otra discutida creación de nuestro autor es Naza, stone age warrior (1962, con Jack Sparling), que en un valle helado se encuentra al “Terror congelado” (1966, Naza #9) –lo averiguaste, un feroz saurio- que despertará un volcán. Donde seguro colaboraron fue en la revista de Dell basada en el programa de televisión The Outer limits [4] con “The Boy who saved the World” (1964), sobre un crío que inventa una máquina del tiempo.


En Gold Key trasvasó la también televisiva The time tunnel (1966, con Tom Gill) e ideó Doctor Solar, man of the atom (1962, dibuja Bob Fujitani), que en “The meteor from 100 million b.C.” (1965) combate pteranodontes con las manos desnudas y libera a Miami de una invasión sauria.


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[1] Los productores usaron las maquetas para la Feria de Chicago de Messmore & Damon, cuyo nuevo proyecto para la de 1939 en Nueva York bajo el lema “The Adventures of Flash Gordon” no cuajó.
[2] Hay quien propone también como autor a Matthew H.Murphy.
[3] Luego ilustrarán Turok John Celardo, Bob Correa, Jack Sparling, Barry Smith, Alberto Giolitti, el filipino Rafael Kayanan, Lee Ferguson o Greg Pak.
[4] Sparling aportó también “Mother and Child” (1967), en torno a un huevo de pterosaurio.

viernes, 5 de julio de 2019

Viajando al pasado con Mike Spiers

Nos toca hablar hoy de Michael Spiers (Perth, al oeste de Australia), un diseñador gráfico y artista freelance. Como muchos de los que pasan por aquí, es un apasionado de los dinosaurios, y eso se nota en muchas de sus ilustraciones. Es también, y como veréis a continuación, fan de la saga Jurassic Park/World, así que es también normal ver esa temática en sus dibujos, incluyendo reconstrucciones de animales que solo han salido en las líneas de juguetes de Mattel, como el Dracorex que tenéis ahí debajo o Concavenator, el dinosaurios jorobado de Cuenca:











No obstante, el proyecto del que deberíais estar todos más pendientes es de AtoZasaurus, un libro infantil en el que se recopilan, de la A la Z (como el propio título indica) un sinfín de dinosaurios de toda índole a lo largo de 60 páginas. Todo ello acompañado, por supuesto, de sus fantásticas ilustraciones a todo color. Podéis ayudar todavía este proyecto en su campaña en Kickstarter.

jueves, 4 de julio de 2019

Dino Knights (Jeff Norton)

Publicado recientemente por Awesome Reads, "Dino Knights", libro escrito por Jeff Norton, une en esta historia dedicada al público juvenil las novelas de caballería con los animales del pasado. Norton, escritor canadiense afincado en Londres (Gran Bretaña), es autor de la serie "MetaWars" (Orchard Books) o de "Memoirs of a Neurotic Zombie" (Faber & Faber).

La sinopsis de la novela es la siguiente: "Imagina una época medieval en la que los dinosaurios nunca se extinguieron. Cuando Henry Fairchild, chico encargado del establo de dinosaurios domesticados de la finca Brecklan, detiene a un fiero tiranosaurio que intentaba atacar a Lord Harding, es invitado a unirse al grupo de élite de los valientes Caballeros de Panterra, los Dino Knights. Pero antes de que pueda demostrar su valía, los enemigos de Brecklan atacan con una bandada de pterodáctilos y secuestran a Lord Harding. Tanto si está listo como si no, Henry y los Dino Knights llevarán a cabo una audaz misión de rescate... pero nada es lo que parece."

Por otro lado, el libro además está ilustrado por George Ermos, y a continuación dejamos algunas de las imágenes que acompañan a la historia:





Y ojo, porque según Hollywood Reporter, The Jim Henson Company, el estudio que creó "Barrio Sésamo", "Fraggle Rock", "Cristal Oscuro" o "Dentro del laberinto", podría producir junto a Omnifilm Entertainment la serie "Knights of Panterra", basado en el universo creado por Jeff Norton. Esperaremos novedades...

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