Un troglodita llamado Pelusso
El
troglodita Pelusso (Juan Romero, 1951) es el protagonista de las ocho entregas
de la homónima serie de humor mesozoicolítica de la brevísima Editorial
Pellicer Romero. Hubo al menos un álbum recopilatorio de la colección, con los
cuatro primeros números. Y también hemos encontrado una versión como cuento
troquelado que anunciaba un segundo número con las
“Aventuras de Pelusita” que no sabemos si se llegó a publicar.
Del
autor solo conocemos esta obra y Cuentos
de hadas Carmencita, del mismo año, para Ediciones Alberto Genies. Según Félix
Cepriá y Dionisio Platel (Tebeosfera), algunas
fuentes lo citan como Juan Pedro Romero Gurruchaga, dato todavía por
contrastar.
De la
editora, que era de Barcelona y que trabajó con las imprentas Hija de J. Ferrer
Coll y Gráficas Vida. Siendo esta su única publicación conocida, la
coincidencia de apellidos nos sugiere una posible autoedición. De ser así, se
trataría de un ejemplo temprano de la corriente de autogestión editorial que
recorrió Barcelona esa década, culminando con Editorial Crisol (1957), de la
Cooperativa Dibujantes Españoles Reunidos (Cifré, Conti, Escobar, Peñarroya y
Giner), y su Tío Vivo, que acabaría
absorbiendo Bruguera en 1960.
En el
primer número, Pelusso se nos presenta como el emperador de los “hombres
peludos”, que hereda el trono según la “ley cuaternaria” de su antecesor, el
rey Lanudo. Pronto muestra las cualidades que se presuponen a tan alto cargo
derrotando a un rival con su honda y rescatando a una doncella de un dragón. A
continuación, la joven es secuestrada por una suerte de buitre con alas de
murciélago, al que el protagonista derrota de nuevo con su honda y se refiere
simplemente como “pájaro”. La historia termina con la tribu aclamando a Pelussa
como reina consorte. Como vemos, estamos ante un prehistoria muy particular,
donde confluye lo mitológico, típica de nuestras historietas de posguerra (el
mismo escenario ambienta la más conocida, Purk,
el hombre de piedra, publicada el año anterior por Manuel Gago en Editorial
Valenciana).
La
paleoambientación comienza propiamente en el tercer cuadernillo, “Pelusso,
cazador sentimental”, en el que el emperador va a cazar “plinosauros”. Se
trata de un grupo de dinosaurios con nariz de payaso y el don del habla. Los
hay de diferentes formas y tamaños, pero el parecido de cualquiera de ellos con
dinosaurios reales es pura coincidencia.
En el quinto número, “Los sobrinos de
Pelusso”, conocemos a Pelitos y Sanguijuela, también aficionados a la caza
mayor, a la que ya denominan “dinosauros” y tienen aspecto de saurópodos. Del
mismo modo, volverán a aparecer diversas especies de “pájaros” a lo largo de la
serie, mezclando caracteres avianos con pterosauroides.
En el episodio “Pequeño
diablo”, un grupo de estos “pájaros” retiene a Pelusso para conocer sus
intenciones y, cuando les dice que solo quiere cazar “dinosauros”, se lo
permiten mientras no tengan alas… pero todos los dinosaurios que encuentra
tienen alas. Recordemos que estamos en 1951 y aún faltan décadas para que la
“dinosaur renaissance” establezca el actual paradigma: todavía se pensaba que
los pájaros no eran dinosaurios. Si
alguien puede aportarnos algún dato biográfico fiable sobre el autor de este
entrañable y original paleotebeo, le estaríamos muy agradecidos.





























