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lunes, 17 de septiembre de 2018

Los mundos prehistóricos de Robert A. Bennet

Robert Ames Bennet (1870-1954), que utilizó el seudónimo de Lee Robinet, acabó especializándose en westerns a partir de los años 30, pero primero nos dejó algunos relatos de ciencia-ficción dignos de nuestro interés, como su primera novela, Thyra: un romance del abismo polar (1901), o El cuenco de Baal (1916-17).

Portada de Thyra: a romance of the polar pit

Thyra cuenta la odisea de un grupo de exploradores del Polo Norte, que descubren un mundo perdido con un clima subtropical, poblado por fauna prehistórica de todo tipo (tigres de dientes de sable, pterodáctilos…), además de hombres-mono y una civilización de descendientes de vikingos islandeses que ofrecen sacrificios humanos al Orm, un ídolo gigantesco con forma de dinosaurio.

Las ilustraciones son de E.L. Blumenschein (1874-1960), educado artísticamente en la Académie Julian de París, que también colaboró en un par de cuentos de Jack London y es conocido por sus pinturas de nativos americanos.

Aunque no tiene la misma calidad y ha llegado a ser calificada como “trabajo rutinario pulp, sin mayor interés” [1], también The bowl of Baal se ubica en un mundo perdido poblado por hombres primitivos y dinosaurios que habitan recintos sagrados, en este caso en Mesopotamia. Antes de acceder al formato libro (1975, Donald M.Grant Publisher, Inc.), con dibujos de David Ireland -que también ilustró obras de Robert E.Howard-, se publicó por entregas entre noviembre de 1916 y febrero de 1917 en All around magazine.


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[1] Bleiler, Everett F.: Science-fiction, the early years, The Kent State University Press, 1990.

lunes, 23 de octubre de 2017

Cuando reinaban los reptiles (Duane N. Carroll) (y II)

Cuando reinaban los reptiles

Duane N. Carroll
Traducción de Charlie Charmer

Parte II

Resumen de lo publicado: Lugi, el Struthiomimus, encuentra unos huevos con los que saciar su apetito. Pero, cuando se las prometía felices, es descubierto.

UNA BATALLA PRIMITIVA

Lugi no dudó un instante. Sabía qué clase de criatura le estaba atacando. Era Rayah, el pterodáctilo, saurio gigante del aire y dueño del nido que acababa de robar. Ayer, Lugi había estado merodeando entre la franja más exterior de la arboleda que limita el claro, y se había vuelto para pasar en el mismo instante en que Rayah dejaba su nido. Se dio cuenta de que aquí había huevos -su comida favorita- y esperó hasta estar razonablemente seguro de que el saurio aéreo no volvería por algún tiempo. Entonces le había robado uno de los huevos. Tuvo eventualmente la intención de robar todos, pero al parecer Rayah había descubierto el robo y estaba vigilando su nido más de cerca que de costumbre. Independientemente de cómo, fue descubierto y estaba en una posición peligrosa.

Incluso mientras miraba hacia la fuente de los terribles gritos, las ágiles piernas de Lugi entraron en acción, trasladándole rápidamente hacia el protector refugio de los árboles. ¡Si pudiera alcanzarlos! estaría provisionalmente a salvo, al menos, y tendría la oportunidad de perderse entre la espesura creciente de la vegetación, pues Rayah no podía desplegar sus grandes alas entre los árboles.

Lugi corría cada vez más rápido. En presencia de su gran amenaza, su terror no conocía límites. En muchos lugares, ni siquiera se apartaba a un lado para evitar los matorrales y rocas, sino que saltaba ágilmente sobre ellos con mucha mayor facilidad de la que lo haría un ciervo moderno. Pero, a pesar de sus ágiles piernas, no podía igualar la velocidad de las grandes alas de Rayah.

Poco a poco el feroz saurio aéreo se acercaba a su potencial víctima. Ahora era posible escuchar el prolongado silbido con que terminaba cada grito. Los ojos de Lugi estaban fijos en los árboles próximos. Ahora estaban muy cerca. Si pudiera llegar a ellos, tendría un respiro temporal, por lo menos. Rayah estaba ahora justo encima de él. Se disponía a abalanzarse sobre él. Descendió como una plomada, con las crueles garras extendidas para agarrarle, y las poderosas mandíbulas abiertas, desde las que escapando como un bufido, un vapor se desvaneció en el aire.

Como si percibiera la cercanía del peligro, y llevado del terror, Lugi puso en juego cada onza de energía que le quedaba en su ágil cuerpo. Los árboles estaban nada más que a unos cuantos pasos por delante, y con un grito como el de un conejo herido, se arrojó hacia ellos. Esta nueva explosión de energía aumentó su velocidad y destruyó el objetivo de Rayah. Sus garras lo perdieron, pero al virar bruscamente para evitar chocar con el suelo, la punta de un ala rozó el cuerpo de Lugi, haciéndole caer de culo. Más asustado que herido, se puso en pie rápidamente y se refugió entre los árboles, pero no se detuvo. Sabía que Rayah seguiría por encima, observando todos sus movimientos, y si no podía eludirla pronto, sus gritos de rabia atraerían a la escena a algún reptil más grande y tal vez más feroz.

Entonces comenzó un lúgubre juego del escondite. Rayah navegaba por encima, con sus grandes alas casi rozando las copas de los árboles, y sus ojos, ardiendo de ira, siguiendo cada movimiento que Lugi hacía. Él, a su vez, entraba y salía entre los matorrales, tratando de burlar a su fiero perseguidor antes de que otro de sus enemigos fuese atraído al escenario.

Por mucho que lo intentaba, Lugi no podía eludir al saurio aéreo. Donde quiera que corriese, siempre estaba justo encima de él, gritando y silbando ruidosamente. Cada vez más aterrorizado, corrió incontroladamente, sin pensar en la dirección. Su único deseo era escapar de la amenaza que aullaba sobre él. Cuando un claro se abrió ante él, no vaciló, sino que lo cruzó sin pensar, justo como Rayah esperaba. En el espacio abierto no había nada que le impidiera atacar a su presa. Una vez más se cayó, y de nuevo parecía que Lugi estaba condenado. Entonces algo inesperado sucedió.

Mientras Lugi huía de la ira de Rayah, otro monstruo, atraído por los gritos del perodactilo, iba corriendo hacia ellos para investigar. Aunque Rayah era a la vez feroz y terrible, he aquí un reptil que podría superarle en ambos aspectos. Era Gunda, el gran tiranosaurio, rey de todos los reptiles, y probablemente la criatura más feroz que jamás haya existido. Se elevaba seis metros en el aire, caminando en posición vertical sobre poderosas patas traseras, y llevando su larga y fuerte cola separada de la tierra para mantener el equilibrio. Medía doce metros de la punta de la cola a la parte superior de su enorme cabeza, y sus crueles garras ganchudas y sus dientes largos y afilados deletreaban desastre a cuantos se les acercaran. Las patas delanteras, más pequeñas, aunque nunca utilizadas como medio de locomoción, estaban admirablemente adaptadas para desgarrar cualquier cosa lo suficientemente desafortunada como para cruzarse en su camino y ahora estaban gesticulando con expectación mientras la bestia se dirigía a encontrarse con los gritos que se acercaban rápidamente.

Desplazándose seis metros con cada paso, alcanzó el claro ante Lugi y Rayah, y, como si percibiera que pasarían por allí, y que el lugar podría ser el que mejor se adaptase a sus planes, ocultó su gran cuerpo lo mejor que pudo, y esperó. De vez en cuando los rayos del sol se reflejaban en su cuerpo escamoso, pero por lo demás, estaba tan quieto que un observador ocasional no habría descubierto su presencia.

Rayah, todavía gritando, apareció ante su vista. Gunda había estado observando el cielo intensamente esperando que apareciese, y ahora, mientras volaba directamente hacia el claro, su atención estaba centrada en ella, y parecía no darse cuenta de que Lugi había accedido al espacio abierto y lo estaba atravesando a la carrera.

De repente, sus músculos se tensaron; Rayah se estaba lanzando hacia abajo. Se acercó rápidamente, directa hacia Lugi el fugitivo. Pero por rápida que fuera, Gunda era más rápido. Con una carrera y de un salto lanzó sus crueles garras a su encuentro.

El saurio aéreo, viendo las garras amenazantes, trató de evitarlas. Pero era demasiado tarde. La agarraron como un tornillo, traspasaron la carne, y por unos momentos, la lucha fue feroz. Gritando y sibilante; peleando con todos los medios a su alcance, Rayah trató de romper el asimiento de su antagonista. Frenéticamente, sus grandes alas batieron el aire y sus afilados dientes infligieron muchas dolorosas heridas en la cabeza y el cuello del tiranosaurio. Pero sus esfuerzos fueron en vano. La llave de Gunda no podía romperse. Se aferró sombríamente a su luchadora víctima, esperando un inciso. Al poco su oportunidad llegó. Rayah, a punto de agotarse, cesó su lucha por un momento. En ese instante, la gran cabeza de Gunda se lanzó hacia delante; las poderosas mandíbulas se abrieron y se cerraron. Hubo un crujido repugnante, y las alas de Rayah cayeron y revolotearon sobre el cuerpo de su asesino. En unos instantes, no quedó ya evidencia alguna de la lucha.

“Rajah luchó por soltarse del agarre de su antagonista. Pero sus esfuerzos fueron en vano... Lugi había conseguido escapar” (Ilustración de Frank R.Paul para el relato de Carroll)

Mientras que los dos feroces reptiles luchaban, Lugi había conseguido fugarse. Reacio a renunciar a lo que tanto había arriesgado por adquirir, se había aferrado al huevo, que había escapado milagrosamente de toda lesión durante su alocada carrera para escapar del pterodáctilo. Ahora estaba en un lugar apartado, disfrutando de su comida tan duramente ganada.

Así era el Mesozoico: "la supervivencia del más apto". El cazador era cazado y el asesino, a su vez, asesinado. He aquí a dos reptiles que habían conseguido su  desayuno. Otro reptil y su bebé sin eclosionar lo habían suministrado.

lunes, 16 de octubre de 2017

Cuando reinaban los reptiles (Duane N. Carroll) (I)

Desde estos lares, os hemos ofrecido ya algún relato pionero sobre dinosaurios inédito en castellano, como "El huevo de iguanodón" de Robert Duncan Milne. En esta ocasión, os ofrecemos la traducción [1] del pulp When reptiles ruled (enero de 1934, en Wonder Stories), de Duane N. Carroll, uno de los primeros narrados desde el punto de vista de un dinosaurio [2]. Carroll es también autor de Into the mesozoic (1932, en Amazing Stories).



Cuando reinaban los reptiles

Duane N. Carroll
Traducción de Charlie Charmer

Parte I


    El sol –una ardiente esfera roja envuelta en nubes- estaba comenzando a ascender por las lejanas colinas y, aunque sus rayos parecían luchar por penetrar en la atmósfera, constantemente cargada de cenizas volcánicas, llevaron su luz hasta una hermosa tierra. No era un mundo habitado por el hombre. De hecho, si hubiese existido el hombre, es dudoso que hubiera podido aguantar mucho tiempo, pues se trataba del Mesozoico -una era de reptiles gigantes- y las feroces criaturas reinaban soberanas, no sólo sobre la tierra, sino también sobre el aire y el mar.

    Mientras los pálidos rayos del sol encontraban su camino a través de las hojas de las ramas de altos árboles parecidos a las palmeras, y jugaban en la espesura de coníferas, cícadas y otra vegetación, estos grandes saurios comenzaron a despertar. Los carnívoros empezaron enseguida a acechar a las criaturas más pequeñas para convertirlas en su desayuno, mientras que los herbívoros se arrastraban lentos y pesados por las proximidades de los pantanos para explorar o pastar manojos de cícadas y coníferas, con el fin de procurarse las hojas más suculentas cerca de las copas.

    De vez en cuando, a medida que la mañana avanzaba, parejas de estos enormes monstruos se enfrentarían en combate mortal, y el bosque resonaría con sus feroces gritos y atronadores bramidos, y extraños pájaros saldrían volando, añadiendo sus asustados gritos al caos.

    En esta tierra vivía Lugi, el Struthiomimus. He aquí un reptil que distaba mucho de ser feroz. En su apariencia general, se parecía a un avestruz con una cola larga, pero su cuerpo estaba cubierto de escamas. Sus mandíbulas carecían de dientes, y sus largos y delgados dedos, y cortas e insignificantes patas delanteras no estaban del todo adaptados para desgarrar.

    Cuando los primeros rayos del sol parpadearon entre las hojas y las vides de la espesura donde había pasado la noche, Lugi salió a campo abierto. Tenía hambre, pero sabía dónde podía encontrar comida. Había un riesgo considerable, pero era el tipo de comida que más le gustaba, y después de todo, desde que salió del huevo calentado por el sol tropical en la arena donde había sido enterrado, había aprendido que todo lo que hacía estaba acompañado de peligros, y había llegado a aceptarlos como parte de su existencia.

    Después de detenerse un instante, en el que escuchó con atención para detectar cualquier señal de peligro, comenzó su camino a lo largo de uno de los senderos más pequeños. Caminaba erguido sobre sus largas y esbeltas patas traseras, que lo podrían transportar rápidamente lejos casi hasta del más rápido de los perseguidores. Pero aún así, él era cauteloso y ocultaba su cuerpo cuanto le era posible mediante la selección de caminos que le conducían a través de denso follaje.

    Pronto llegó a un lugar donde los árboles daban paso a una zona de terreno que se elevaba suavemente. El suelo estaba suelto y era arenoso, con tan sólo algún matorral ocasional, aunque estaba lleno de rocas y cantos rodados.

    El aire cargado de humedad se había vuelto gris y pesado, y los rayos ardientes del sol, incidiendo intensamente en este tramo de tierra relativamente abierta, ocasionaba que ascendiese vapor ligeramente de la tierra húmeda y el follaje.

    Pero Lugi no tenía ojos para estas manifestaciones. Había hecho una pausa, justo dentro del límite exterior de la arboleda, y examinaba el cielo y el espacio que tenía ante sí en busca de signos de peligro. Después de esperar un período considerable de tiempo, que aparentemente satisfizo a su cautelosa mente de que todo estaba bien, salió a campo abierto y corrió directo colina arriba.

    Corrió tal vez trescientos metros, y luego se detuvo de golpe. Aquí había un pequeño espacio casi rodeada de gruesos brotes de vegetación. Estaba situado de tal modo que recibía todos los beneficios del sol durante la mayor parte del día. Un observador avezado se habría dado cuenta de que el suelo cerca del centro había sido perturbado. Lugi había estado aquí antes, y aunque había tratado de borrar la evidencia de esta visita anterior, no había tenido éxito por completo.

    Después de echar un último vistazo con el que examinó el cielo y el paisaje en todas direcciones, saltó sobre la vegetación enmarañada, y se encaminó directamente hacia el lugar donde la tierra había sido revuelta. Agachándose, para aproximar sus patas delanteras al suelo, comenzó a cavar en la arena. Pronto quedaron a la vista cinco grandes huevos. Habían sido depositados y enterrados en el suelo arenoso por algún gran saurio, y abandonados por que los incubaran los cálidos rayos del sol.

    Que los huevos no quedaron totalmente sin vigilancia, era evidente por las acciones apresuradas y nervios de Lugi. Desde que salió de la selva, se había apresurado, pareciendo confiar la mayor parte de la precaución al viento. Veloz, había echado constantes vistazos hacia arriba, como si hubiera esperado por un momento cierto peligro por allí, pero no había desfallecido. Parecía decidido, una vez que había comenzado esta peligrosa aventura, a llevarla a cabo, si era posible.

    Rápidamente, pero con cuidado, tomando un huevo del nido, lo puso en el suelo cercano y luego volvió a enterrar los cuatro restantes. Nervioso, raspó y palmeó el suelo hasta que eliminó toda evidencia de su visita en la medida de lo posible. Entonces tomando entre sus largos y delgados dedos el huevo que había elegido, se volvió para abandonar el peligroso lugar de una vez.

    Pero no iba a escapar sin ser detectado. Desde el cielo, pero a distancia, llegó un estridente grito penetrante, y pudo verse volando directa y rápidamente en su dirección una enorme criatura parecida a un murciélago. ¡Qué criatura tan feroz! Su tamaño y fiero aspecto infundirían terror a un corazón mucho más valiente que el de Lugi. Sus grandes alas se extendían al menos seis metros de punta a punta y su larga cabeza de forma triangular y poderosas mandíbulas se estiraban hacia delante lo más posible, impaciente por apoderarse de su presa. Los feroces gritos eran ahora constantes, y cuando las largas mandíbulas se abrieron, fueron expuestas hileras de crueles dientes afilados que fácilmente podrían acabar rápido con un reptil más pequeño.

(Continuará)

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[1] Ignoramos si existe otra versión en castellano, si fuera así agradeceríamos que nos lo hicierais saber.
[2] Tal vez el pionero fue The way of a dinosaur (1928) de Harley N. Aldinger (también en Amazing Stories), y después vendrán Starvation –o Runaround- (1942, Fredric Brown), Raptor Red (1995, Robert T. Bakker) o el segundo capítulo de Evolution (2002, Stephen Baxter), entre otros.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Dino Heat of the Knight (Tabatha Houston)

Siguiendo la estela de las viejas novelas pulp, la escritora Tabatha Houston nos ofrece una historia encuadrada dentro del género de la literatura dinoerótica en la que mezcla elementos del noir con la ciencia-ficción, todo ello bien regado de situaciones inverosímiles muy subidas de tono. En "Dino Heat of the Knight", Houston cuenta la historia de la detective privada Carmen Knight, que vive en la ciudad Santuario 40, un lugar que recrea el estilo de los años 40 y que protege a sus habitantes de las influencias corruptas del mundo moderno externo. Todo cambia cuando se produce un brutal asesinato y Carmen debe investigar sus causas. Para ello, se unirá a un triceratops antropomorfo con el que mantendrá una tórrida relación sexual.

Esta no es la primera novela de este tipo de la escritora texana Tabatha Houston, ya que ha publicado varias obras de temática erótica parodiando géneros clásicos con ídolos tiki, dinosaurios modificados genéticamente o superhéroes como protagonistas. Puedes ver una muestra aquí.

lunes, 24 de julio de 2017

Los mundos prehistóricos de Lyon Sprague de Camp

Ingeniero aeronáutico, Lyon Sprague de Camp (1907-2000) publicó su primer relato en 1937. Los dinosaurios están presentes en su obra prácticamente desde un principio: Employment (Astounding Science Fiction, mayo de 1939) está ambientada en unos futuros años 50 en los que unos paleontólogos resucitan fósiles (osos de las cavernas, mamuts) y los venden al zoológico. Finalmente, encuentran un esqueleto completo de Tyrannosaurus Rex...

De Camp contribuyó a relanzar la fantasía heroica con sus sagas Pusadian (El anillo tritónico, 1951) o Novariana (La torre del duende, 1968), publicando diversas revistas especializadas (Espada y brujería, 1963) y retomando los relatos de Conan a partir de 1955 junto a Lin Carter, con quien fundó SAGA (Gremio de Espadachines y Hechiceros de América).

A la izquierda, Conan of the isles (1968), donde el cimmerio lucha contra lagartos gigantes. A la derecha, la portada de Boris Vallejo del recopilatorio de relatos breves Conan of Aquilonia (1977) incluye una suerte de pterosaurio

Su relato de dinosaurios más famoso, A gun for dinosaur (1956, en Galaxy science fiction), fue traducido tan desastrosamente al castellano en la antología Dinosaurios, publicada en 1992 por Grijalbo, que nos decidió a inaugurar la sección “Traduciendo sin piedad”. Roy Tomas / Val Mayerick y Ernie Chan lo adaptaron al cómic (1973, en Worlds Unknown). En 1990, el autor volvió a enviar al Mesozoico al protagonista, Reginald Rivers, para la antología The ultimate dinosaur. Otros siete viajes completan Rivers of time (1993) y, en 2005, Chris Bunch escribe un décimo viaje como homenaje en la antología The enchanter completed.

En la serie de De Camp Viagens interplanetarias, ambientada en un futuro donde Brasil es la potencia dominante, encontramos un buen puñado de relatos y novelas que transcurren en diversos planetas habitados por dinosaurios:

Los relatos recopilados en The continent makers (1953) suceden en Osiris, un mundo árido cuyos habitantes dinosauroides son a un tiempo sentimentales y vorazmente capitalistas, además de tener poderes mentales.

Varias novelas (como The tower of Zanid, 1958; The hand of Zei, 1981 o The bones of Zora, 1983) se ambientan en el planeta Krishna, un homenaje a la serie Barsoom de Edgar Rice Burroughs.

The stones of Nomuru (1988) o The venom trees of Sunga (1992) transcurren en Kukulkan, planeta habitado por dinosaurios inteligentes sometidos por una civilización mucho más antigua que la de la Tierra, aunque la carencia de combustibles fósiles condiciona su tecnología basada en el vapor (quizá podríamos incluirla en el género steam-punk).

Pero Sprague de Camp no limitó su admiración por los dinosaurios a los relatos fantásticos. The day of the dinosaur (Doubleday, 1968) [1] es un ensayo escrito junto a Catherine Crook de Camp cuyo rigor y sentido didáctico fue alabado por Mary L. Blackwell, Philip y Phylis Morrison, Bruce Fleury o Isaac Asimov [2].

Demons and Dinosaurs es un volumen recopilatorio de poesía de ciencia ficción publicado en 1970 por Arkham House en una edición limitada a 500 ejemplares.

Como introducción a este autor, fundamental no sólo en nuestro terreno sino en toda la ciencia-ficción, recomendamos la antología Years in the making: the time-travel stories of L.Sprague de Camp (2005, Nesfa Press), con portada e ilustraciones de Bob Eggleton.

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[1] Fue publicado como libro de bolsillo por Curtis Books en 1970/71, hubo una 2ª edición en tapa dura por Bonanza Books en 1985 y el primer capítulo se reimprimió en los recopilatorios Footprints on Sand (Advent, 1981) o The fringe of the unknown (Prometheus Books, 1983).
[2] En Historia Natural dice: "pocas personas ... pueden hablar más seductora e iluminadamente sobre temas científicos que L. Sprague de Camp" y que el libro se lee "como una conferencia agradable e informal dada, a sus anchas, por un par de individuos enormemente racionales y urbanos" con los que consideraba "prácticamente imposible encontrar un error". Señaló la manera en que los Camps "hacen que los dinosaurios cobren vida al representarlos en acción" y destaca el primer capítulo, "una evocación (la mejor que conozco) de un día típico en el Mesozoico." Consideraba que el libro trataba de modo satisfactorio los descubrimientos de los paleontólogos, especialmente la llamada “Guerra de los huesos” entre Cope y Marsh, y los efectos sobre el hombre contemporáneo de los grandes descubrimientos de la paleontología, el impulso dado a la búsqueda de criaturas gigantes -y novelarlas- y la lección a extraer del tema de las extinciones en masa, pues según los Camps estamos inmersos en un proceso de este tipo, provocado por el propio hombre.

lunes, 19 de junio de 2017

Los mundos prehistóricos de Ray Palmer

Raymond Arthur Palmer (1910-1977) fue atropellado a los siete años por un camión de la leche que le destrozó la columna. La operación a que fue sometido le terminó dejando lisiado de por vida (enano y jorobado).

La aparición del pulp de Hugo Gernsback Amazing Stories (1926), primera revista consagrada a la ciencia-ficción, le convirtió automáticamente en fan del género. Junto a Walter Dennis impulsó el Club de Correspondencia de la Ciencia (1929) [1], cuya revista oficial, The Comet (1930), es considerada el primer fanzine [2].

1930 vio también el debut literario profesional de Ray, al conseguir que la revista de Gernsback Wonder Stories #1 aceptara publicar The time ray of Jandra, una historia sobre un mundo perdido en el que se ofrecen sacrificios a un hambriento tiranosaurio, y que había escrito cinco años antes como un trabajo escolar [3].

No pude evitar bajarme ese seminal número del pulp de Gernsback, que me tenía reservada más sorpresas, obligándome a acudir del relato de Palmer a la portadilla interior para confirmar las fechas, ya que parece que nuestro protagonista tenía también el don de la profecía, incluso de forma más acusada a como la atribuía a otros escritores de ci-fi [4]. Así comienza el segundo párrafo de The time ray of Jandra:

En 1944, cuando la Segunda Guerra Mundial estalló, me embarqué como segundo de a bordo en el buque de vapor Merida, con destino a Luanda, Angola, en la costa suroeste de África… [5]” (traducción propia)

En 1938, Ziff-Davis adquiere Amazing Stories y, por recomendación del escritor Ralph Milne Farley [6], le ofrece el puesto de editor a Palmer. Además de publicar la obra de E.R.Burroughs, en 1939 Palmer editó el debut de Isaac Assimov y lanza una nueva revista, Fantastic Adventures.

En 1945 publica en Fantastic Adventures, bajo el pseudónimo de J.W.Pelkie, el primer relato de la serie del tarzánido Toka, al que dio el sugerente título King of the dinosaurs y que ilustró el insigne James Allen St.John en portada y Seward en el interior. El argumento es de lo más delirante: los hombres de las cavernas se tropiezan con dinosaurios inteligentes que… ¡les usan como pelotas para jugar al béisbol!

King of dinosaurs (Seward)

King of dinosaurs se publicó también como novela independiente, ese mismo año. Le seguirán Toka and the man bats (1946) y Toka fights the big cats (1947) en la misma revista y, en Planet Stories, In the sphere of time (1948), ilustrado por el especialista en Conan [7] Vincent Napoli (1907-81).

In the sphere of time (Napoli)

En 1948, Palmer fundó la revista Fate, especializada en fenómenos paranormales. Os dejamos con algunas de sus sugerentes portadas.



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[1] Su objeto era unir a los pequeños clubs locales de aficionados a la ciencia en una organización nacional y se le tiene como punto de partida del fandom.
[2] Palmer participó también en The Time Traveler (1932), de Julius Schwartz y Mort Weisinger. Ese mismo año, Schwart y Weisinger lanzan Science Fiction Digest, y Joe Shuster y Jerry Siegel Science Fiction, en cuyo nº3 (1933) publican Reign of the Superman, que entonces era un villano tipo Lex Luthor.
[3] Toronto, Richard: War over Lemuria. Richard Shaver, Ray Palmer and the strangest chapter of 1940s science fiction, 2013, McFarlane & Co.
[4] “Ray creía que la ciencia-ficción tenía la capacidad de prever el futuro de la humanidad. También creía que Amazing Stories estaba liderando el camino, y la Segunda Guerra Mundial fue su primera gran oportunidad de demostrar la habilidad profética de la CF. Cuando los japoneses bombardearon Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, Rap inmediatamente unió los puntos:
‘Docenas de escritores han augurado este ataque. Pero ninguno de ellos osó soñar con su perfidia. En esto vemos lo auténticamente horrible de la vergüenza con que se han tropezado los japos. Una vergüenza que ni siquiera los escritores de ci-fi serán capaces de borrar. Ni siquiera imaginar…’
De Pearl Harbor al día de la victoria sobre Japón, Rap atacó al enemigo frontalmente desde el cuartel general de Ziff-Davis en Chicago. Amazing ofrecía historias bélicas desde 1940, cuando Alfred R.Steber estableció su punto de vista sobre los japoneses en el número de julio. Destruyó la isla entera de Japón (sic) en ‘When the worlds make war’. En el mismo número ‘Adam Link rights a war’ de Eando Binder se centraba en una invasión japonesa y Robert Moore Williams escribió ‘Fifth column of Mars’.
Toronto, R.: Ibidem. (Traducción propia)
[5] Ignoramos si en la versión escolar de 1925 se incluía también este párrafo, lo que añadiría aún mayor valor a esa profecía. En todo caso, cabe destacar que, aunque la Guerra –en la que África fue un importante escenario- comenzó en septiembre de 1939, USA no entró a formar parte del conflicto hasta el ataque a Pearl Harbor, de modo que Palmer no sólo previó la contienda sino que lo hizo con un margen de error de menos de tres años. Y lo hizo como introducción a un relato sobre un viaje en el tiempo en que el protagonista pierde un puñado de años de su vida, casi los mismos que esperan al lector desde la publicación del relato hasta esa fatídica fecha… ¡Rap hizo un auténtico viaje en el tiempo!
[6] Nacido Roger Sherman Hoar (1887-1963), es autor de la saga venusiana The Radio Man (1924, en Argosy), en la que no faltan los dinosaurios.
[7] Comenzó con la novela por entregas The hour of the dragon (1935-1936) y en 1977 se encargó junto a Harold S.Delay y Hugh Rankin de ilustrar Red mails, el relato en que Conan se enfrenta a un dinosaurio.

lunes, 12 de junio de 2017

A la sombra de E. R. Burroughs: Otis Adelbert Kline

Otis Adelbert Kline (1891-1946) y su padre eran aficionados a la paleontología que se entusiasmaban cuando conseguían fósiles marinos y fantaseaban con el posible origen extraplanetario de antiguas civilizaciones: “Fue con este trasfondo que empecé mi primera novela en 1921, una historia de aventuras en el planeta Venus. Lo llamé Grandon de Terra, pero el nombre fue cambiado más tarde a The Planet of Peril.” [1]

El protagonista de The Planet of Peril, Robert Grandon, intercambia su mente con un habitante de un Venus donde la baja gravedad ha favorecido la existencia de árboles gigantes y monstruos con aspecto de dinosaurio. Grandon es capturado, escapa y acaba dirigiendo un ejército de rebeldes y tomando a una princesa por esposa.

Tras un largo peregrinaje editorial [2], en 1929 consiguió que aceptara a publicarla por entregas la veterana del pulp [3], Argosy, cuya estrella era E.R. Burroughs, a quien Kline admiraba, habiendo sido su modelo para decidirse a escribir [4].

The Planet of Peril fue un éxito que provocó dos secuelas (The Prince of Peril en 1930, ya en Weird tales, Port of peril en 1932) y posibilitó la aparición de nuevos relatos de Kline en la revista, como Maza of the Moon (1929-30), The Call of the Savage (1931) y su continuación Jan in India (1935), y The Swordsman of Mars (1933) y la secuela The Outlaws of Mars (1933).

En Maza of the Moon, el inventor Ted Dustin diseña un arma enorme que dispara a la Luna, movido por un premio, pero provoca un conflicto con los selenitas por lo que acaba viajando al satélite en una nave espacial de su invención. La selva que aún sobrevive en el fondo de los cañones lunares está también plagada de vegetación extraña y reptiles gigantescos.

De sus novelas marcianas, la más exitosa fue The outlaws of Mars, en la que el desafortunado Jerry Morgan logra una segunda oportunidad en Marte. Conoce a una princesa y mata a la temible bestia marciana que parece estar amenazándola, y que resulta ser en realidad su mascota.

Jan, el protagonista de la novela selvática Call of the Savage, llega a una tierra fantástica poblada por animales prehistóricos y una civilización descendientes de colonos de los continentes hundidos de Lemur, Um y Atlantis. Condenado a ser sacrificado al dios cocodrilo, Jan mata al monstruo y emprende la fuga, en la que deberá evitar a feroces dinosaurios y otros monstruos primitivos. En 1935, The Call of the Savage y Jan in India pasaron a serial de 12 capítulos en Universal, dirigido por Lew Landers, recopilados en el largometraje Savage fury (1956). Enrico Bagnoli lo trasvasó a viñetas en Rangers Comics #42-63 (1948-52, Fiction House).

En "The Kline-Burroughs War" ( Science Fiction News , noviembre de 1936), Donald A. Wollheim sostiene que Planet of peril y sus secuelas provocaron la ira de Burroughs, entendiendo que Kline había plagiado su saga marciana, ambientándola en Venus, a raíz de lo cual el creador de Pellucidar contraatacó creando su propia saga venusiana, provocando a su vez que Kline situara sus nuevas novelas directamente en Marte. Finalmente, según esta teoría, también habrían sido objeto de conflicto las novelas selváticas de Kline, que habrían tomado por modelo a Tarzán.

Sea como fuere, el caso es que Kline abandonó temporalmente la escritura para centrarse en su labor como agente literario. Desde 1933 representaba a Robert E. Howard (1906-36), padre de Conan el bárbaro, y se ha apuntado que tal vez su pluma pudo contribuir a terminar su obra póstuma Almuric, editada en 1939, año del que data también el relato de Kline “Race arond the moon”, publicado en un Thrilling Wonder Stories con esta portada tan del gusto de nuestro blog.

En 1963 P. Schuyler Miller (“The referente library”, en Analog, p.91) y Sam Moskowitz (Explorers of the Infinite) insisten en la tesis de Wollheim. Sin embargo, en 1965 Richard A.Lupoff (Edgar Rice Burroughs: Master of Adventure) la desacreditó basándose en la ausencia de comentarios publicados por ninguno de los protagonistas de la supuesta disputa y los testimonios de sus familiares en el mismo sentido. Finalmente, consiguió en Wollheim admitiera que todo había sido invención suya.

Con todo y con eso, todavía en 1990 E.F.Bleiler (Ciencia-ficción: Los primeros años, Ken State University Press, p.409) habla de “imitación” de E.R.Burroughs.

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[1] Kline, O.A.: “Writing the fantastic story” (The Writer, 1930).
[2] Presentó el manuscrito (noventa mil palabras) a la revista de Hugo Gernsback Science and Invention que, además de artículos científicos, había publicado algún relato pionero de ciencia-ficción. Pero había poca ciencia en el relato y fue rechazado. Cuando J.C. Henneberger lanzó Weird tales (1923), Kline probó suerte de nuevo, pero el editor Edwin Baird le dijo que era un relato demasiado extenso y le animó a probar suerte en Argosy. Desanimado, se centró en escribir relatos cortos hasta que terminó animándose a seguir el consejo. Pero el editor, Bob Davis, iba a publicar una historia de Ralph Milne Farley ambientada en Venus. De modo que continuó enviando el manuscrito por todo el país hasta que Joseph Bray, de AC McClurg & Co. aceptó publicarla si primero la serializaba en una revista. Así que consultó al nuevo redactor de Argosy, A.H.Bittner, que la aceptó y Bray firmó al mes siguiente.
[3] Revistas editadas en papel barato a base de pulpa de madera que impulsaron la ciencia-ficción o el género negro.
[4] En la introducción de la edición de ACE en 1960 de The swordsman of Mars, Vernell Coriell dice: “Aunque escribieron para los mismos editores y trabajaron con los mismos estudios cinematográficos, Kline nunca quiso competir con Burroughs. Admiraba al autor, y era su entusiasmo por ese tipo de historias lo que le inspiró a crear su propio universo de planetas peligrosos, poblados de intrépidos protectores planetarios y estimulantes sirenas.

martes, 6 de junio de 2017

Los mundos prehistóricos de Abraham Merritt

De origen humilde, Abraham Merritt (1884-1943) comenzó trabajando como periodista para The Philadelphia Inquirer y llegó a editor del American Weekly, acumulando un patrimonio que le permitió comprar propiedades en Jamaica o Ecuador y reunir una extensa colección de armas, máscaras primitivas o libros de ocultismo, afición que cultivaba junto a la literatura, el peyote o el cannabis.

A comienzos de su carrera periodística, metió las narices en un turbio asunto político y se ganó unas “vacaciones” pagadas en Yucatán, donde aprovechó para dar rienda suelta a sus inquietudes arqueológicas, lo que influirá en buena parte de su obra.

En noviembre de 1917 publica su primera historia, Through the Dragon Glass, en All-Story Weekly, el pulp que tenía por estrella a E. R. Burroughs. Su siguiente relato, The people of the pit (1918), narra el encuentro en Alaska entre unos buscadores de oro y un explorador que les cuenta su descenso a las entrañas de la tierra, donde encuentra fósiles prehistóricos [1] y debe emprender una angustiosa huida al sentir una presencia maligna (que inspiró la portada que publicamos bajo estas líneas) y pudo haber influido [2] en At the mountains of madness (1936, H. P. Lovecraft), en la que un grupo de exploradores encuentra fósiles de formas de vida prehistóricas desconocidas por la ciencia.

Versión gala de The face in the abyss, con portada de Boris Vallejo

Los mundos perdidos seguirán presentes en toda la obra de Merritt. A los efectos que ocupan a nuestro blog, hay que destacar la trilogía protagonizada por el buscador de tesoros Nicholas Graydon, suerte de primitivo Indiana Jones, que integran The face in the abyss (1923) -que también pudo haber servido de inspiración a Lovecraft [3]-, The snake mother (1930) y la inacabada When old gods wake. Las tres han sido recopiladas en castellano recientemente por La Biblioteca del Laberinto bajo el título La cara en el abismo.

En grandes líneas, la historia podría resumirse así: Cuando Graydon viaja a Ecuador en busca del rescate del Inca Atahualpa, se encuentra con Suarra, hermosa nativa (pulcra y recatada pese al nombre) de Yu-Atlanchi que les guía a su mundo, donde reina la diosa-madre serpiente y tienen sirvientes mitad humanos-mitad insecto y dinosaurios domesticados, los xinlis, a los que se utiliza para ir a cazar o se ensilla como medio de transporte.

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[1] “Aquí y allá se elevaban los árboles rojos. Entre ellos serpenteaban las madrigueras de piedra. Y ahora podía admirar la asombrosa ornamentación que los cubría. Eran como los troncos de árboles cuya fina corteza hubiera caído y hubieran sido recubiertos de perniciosas orquídeas. Sí... esos cilindros eran así... y más. Debieron haberse extinguido junto con los dinosaurios.” (traducción propia).
[2] También se ha citado la influencia en esta obra de A million years after (1930, Katherine Metcalf Roof), sobre unos huevos de dinosaurio que eclosionan en la actualidad. Según el propio Lovecraft, Roof habría plagiado una idea suya y su frustración le llevó a escribir el mencionado relato. Lo cierto es que, ya en 1894, H. G. Wells había desarrollado un argumento parecido –en torno a un ave extinta- en Aepyornis island.
[3] En The mound (1930) presenta también a una civilización immortal que adora (además de a Chtulhu) a Yig, el padre de las serpientes, y tienen sirvientes medio animales-medio humanos, los gyaa-yothn (Levi, P.: “They Have Conquered Dream”: A. Merritt’s “The Face in the Abyss” and H. P. Lovecraft’s “The Mound”, en Lovecraft Annual #1, 2007).

martes, 7 de marzo de 2017

Los mundos prehistóricos de Edgar Rice Burroughs

Edgar Rice Burroughs (1875-1950) publicó su primer relato, Under the moons of Mars (origen de su saga Barsoom [1]), serializado en la revista All-Story en 1912. Ese mismo año ve la luz Tarzán de los monos, que le catapultó al estrellato. Poco después llegaron sus sagas Pellucidar (At the Earths’core, 1914) y Caspak (The land that time forgot, 1918), ambientadas en mundos perdidos a los que acaba enviando también a su hombre-mono en 1930. No puede ignorarse la influencia en estas obras de The lost World (1912, A.C. Doyle).

At the Earth Core (1914), portada de James Allen St.John

James Allen St. John ilustró la mayoría de las portadas de sus libros, a partir de The return of Tarzan (1915). Sus discípulos Roy Krenkel y Frank Frazetta (Burroughs artist portfolio, 1968) ilustraron las reediciones póstumas de las novelas de Burroughs en los 60 y 70.

Caspak, visto por Frazetta

En cuanto a las adaptaciones a otros medios, Tarzán pasó al cómic en 1929 como tira diaria, dibujada por el aventurero canadiense Harold Foster a modo de novela ilustrada con textos descriptivos a pie de viñetas y dibujos de tipo realista figurativo. Cuando en 1937 Foster se marcha al King Features para crear Prince Valiant, toma la tira Burne Hogarth quien, tras un lapso para fundar la School of Visual Arts [2], la dibujó hasta 1950.

El Tarzán de Hogarh

Desde 1948, Tarzán tendrá cómic-book propio en Gold Key, con guiones de Gaylord Dubois y dibujos de Jesse Marsh, a quien ya te presentamos aquí y que será sustituido por Russ Manning, que también se encargó de la tira diaria en 1967-72 y hasta 1979 de la dominical, dibujada en 1983-2000 por Gray Morrow. Doug Wildey sucederá a Manning en el comic-book. Hubo una segunda cabecera, Korak: Son of Tarzan (1964-72), pero cuando Western Publishing se negó a seguir expandiendo las publicaciones en torno al escritor, Edgar Rice Burroughs, Inc. (la empresa que el autor fundó en 1923 para proteger sus derechos y autoeditarse) vendió sus derechos a DC, que editó ambas cabeceras (en 1975, Korak fue rebautizada Tarzan Family) en 1972-77, con Joe Kubert a los lápices de Tarzán y Len Wein o Bob Kanigher al guión y Frank Thorne o Murphy Anderson al dibujo. En 1977-79, la serie fue rebautizada Tarzan, lord of the jungle en Marvel, donde la tomaron Roy Thomas/John Buscema. En los 90 adquirió la franquicia Dark Horse, que publicó el crossover Tarzan vs. Predator at the Earth's Core (1996, Walt Simonson/Lee Weeks).

Entre el centenar de adaptaciones al cine a partir de 1918, destacan las protagonizadas por el olímpico Johnny Weissmüller [3]. La Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad Animal se quejó de que Hal Roach disfrazara a diversos animales de dinosaurios para One Million B.C. (1940), así que los que puedes ver en Tarzan's desert mystery (1943) son grabaciones reutilizadas del filme de Roach. También hay dinosaurios en Tarzan (2013) de Reinhard Kloos (La isla de Impy, 2007).

Tarzan's desert mystery, con los "dinosaurios" de One million B.C.

Por lo que se refiere a la pequeña pantalla, CBS produjo una serie de dibujos en 1976 (dirige Don Christensen) en cuyo episodio Tarzan at the Earths’s core el hombre-mono se da un paseo por Pellucidar, como en el episodio piloto de la serie con actores Tarzan: The Epic Adventures (1996) o en algunos de la animada The legend of Tarzan de Disney (2001, siguiendo la estela del filme de 1999 de Kevin Lima & Chris Buck).

Y en cuanto a los mundos perdidos que, según Burroughs, se ocultan en el centro de la Tierra, Kevin Connor adaptó The land that time forgot al cine en 1975 –C.Thomas Howell firmó el remake de 2009-, a la que añadió The people that time forgot (1976) y At the Earth’s core (1977).

Pellucidar bajo los lápices de Kaluta

En 1972-73, tras adquirir los derechos de las obras de Burroughs, DC publicó la adaptación de At the Earth's Core y Pellucidar con guiones de Dennis O’Neill o Len Wein y dibujos de Mike Kaluta, Dan Green o Alan Lee Weiss. La serie comenzó su andadura en Korak, Son of Tarzan #46 y luego se trasladó a Weird Worlds #1-7. Otra historia de Pellucidar aparece en Tarzan Family #66 (1976), obra de Elliot S.Maggin/Gerry Talaoc. Las últimas adaptaciones al cómic han sido firmadas por Bobby Nash/Jamie Chase (At the Earth’s core, 2015) o Mike Wolfer/Giancarlo Caracuzzo (The land that time forgot, 2016).

Claramente influenciada por Caspak, Robert Kanigher, Ross Andru y Mike Esposito idearon War that time forgot (1960-68) para DC, que la recuperó como serie limitada en 2008.

Portada de Russ Manning para el fanzine ERB-dom

En 1960, los fans de Burroughs Al Guillory, Jr. y Camille Cazedessus Jr. "Caz" lanzaron el fanzine ERB-dom, que ganó el Premio Hugo en 1966 y se transformó en revista mensual en 1970 (luego volvió a espaciarse su publicación, desapareciendo en 1976), reeditando tiras de Russ Manning y albergando trabajos originales de autores como Roy Krenkel.

En 1996 Bill Hillman lanzó la web ERBzine, que aún hoy día sigue publicando un webzine semanal dedicado a la obra de Burroughs.

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[1] Ray Bradbury se inspiró en su Marte moribundo para Crónicas marcianas y Richard Corben para Den, y, como vimos, el prolífico guionista Gardner Fox (Thun’da) la cita como su principal influencia.
[2] En la que se formaron dibujantes como Roy Krenkel, Wally Wood, Al Williamson, Ross Andru, Mike Esposito, Steve Dytko, Joe Orlando o el ya citado Frazetta.
[3] Aquí vimos cómo peleaba con un extraño terópodo en la adaptación cinematográfica de Jungle Jim de Alex Raymond Jungle manhunt (1951), que también utiliza metraje de One Million B.C.

lunes, 9 de enero de 2017

Los mundos prehistóricos de Gaylord DuBois

Gaylord McIlvaina Du Bois (1899-1993) es uno de esos creadores cuyo nombre puede que no te suene, pero al que debes muchas horas de entretenimiento. Aparte de un buen puñado de novelas, escribió más de 3.000 guiones de cómic, creando algunos personajes que, por un motivo u otro, no se han hecho famosos asociados a su nombre. Por eso, hemos creído de justicia dedicarle una entrada para tratar de reparar esa injusticia. Por eso y porque… (¡siempre lo adivinas!) en muchas de sus historias, los dinosaurios juegan un papel estelar.

En 1941 escribió junto a Oskar Lebeck tres novelitas pulp: The hurricane kids on the lost islands, Stratosphere Jim and his flying fortress y Rex, king of the deep. Pese a lo que pudiera sugerir el título de la última, sobre un submarino de la 2ª GM, ninguna de las últimas alberga dinosaurios. Según Michael Barrier [1], Lebeck ideaba los personajes y DuBois el argumento, y las tres procedían de cómic-books publicados a finales de 1939 por Dell o K.K. Comics. The hurricane kids es, probablemente, la única de las tres cuyo cómic guionizó DuBois. En la novela, estos dos héroes, que sólo se distinguen por el pelo, se enfrentan lo mismo a piratas que a guerreros zulús, monstruos marinos, gorilas gigantes, hombres prehistóricos y, como ves en la portada, dinosaurios. El dibujante del cómic, Bill Ely, realizó también las numerosas ilustraciones del pulp.

En 1942 escribió la última de sus ocho novelitas y se consagró a los cómics, destacando en los géneros selváticos y el western, guionizando muchas historias de El llanero solitario. Claro, no has visto dinosaurios en El llanero solitario. Sin embargo, debemos buscar aquí el origen del western mesozoico más famoso. DuBois creó a un secundario llamado Young Hawk que compartió aventuras con el vaquero entre los números 11 y 145 (1949-1962) de la serie. El personaje había aparecido en The funnies y New funnies en 1942. Dado el nulo respeto por los derechos de los autores de la época y que toda la obra de DuBois anterior a 1943 se perdió en un incendio, no podemos asegurar que se trate de una creación suya, aunque todo apunta a ello. Seguramente, tú le conoces como Turok, que es como fue rebautizado cuando obtuvo su propia serie, mientras su compañero Little Buck pasó a llamarse Andar. DuBois escribió los primeros ocho números para los dibujos de Rex Mason, aunque los historiadores discuten sobre otros posibles guionistas, como Matthew H.Murphy y Paul S.Newman.

Entre la infinidad de guiones que escribió para Tarzán en Dell y Gold Key entre 1946 y 1971, hay un par de historias con dinosaurios: “The valley of monsters” (1949, dibujos y portada de Jesse Marsh) y “Tarzan and the beasts of Pal-ul-Don” (1968), con dibujos de Russ Manning, junto al que desde 1964 trasvasó también Korak. En el número 17 (1967, dibuja Warren Tufts y la portada es de George Wilson), el hijo de Tarzán llega a un valle perdido donde domestica un diatrima para usarlo como montura y salva a una joven de ser devorada por un tiranosaurio.


Realizó numerosas adaptaciones de películas para la serie “Movie classics” del cómic-book de Dell Four color, incluyendo The animal World (1956), que contenía un secuencia de dinosaurios animada por Harryhausen y O’Brien.

En 1964 tomó, a partir del número ocho, las riendas de la serie Space family Robinson (1962, Del Connell/Dan Spiegle), a los que también rodeará de monstruos prehistóricos. La serie de televisión Lost in space (1965) parecía claramente inspirada en el cómic –sin licencia-, pero Gold Key se conformó con añadir en 1966 al título del cómic-book el de la serie.



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[1] Funnybooks: Las glorias improbables de los mejores cómics americanos.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Prehistopulp III


Más prehistopulp aquí









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