viernes, 20 de mayo de 2022

La saga jurásica vista por Lucas Rocha

Lucas Rocha es un ilustrador freelance residente en Florianópolis (Brasil). Es licenciado en Artes Visuales e hizo el máster de Bellas Artes en Ilustración por la Universidade do Vale do Itajaí. Trabaja como profesor de dibujo y ya ha dirigido diferentes talleres en eventos como Anime Gakuen, Comic Con Floripa, Comunisul o Seminários na Univali. Además es uno de los organizadores de "Ei! - Encontro de Ilustradores". Es autor del cómic "O Pesadelo de Gerald" y de una de las historias de "Super Contos da Ilha 2". Apasionado por los dibujos animados, los videojuegos, los cómics y las películas de ciencia-ficción, una de sus pasiones es la saga de Jurassic Park, en la que se ha inspirado para hacer la siguiente serie de ilustraciones:






jueves, 19 de mayo de 2022

Los mundos prehistóricos de Miguel de Unamuno

Todos conocéis a Miguel de Unamuno (1864-1936), escritor, filósofo existencialista, rector de la Universidad de Salamanca, diputado durante la II República, siempre instalado en la duda, siempre controvertido, autor de frases lapidarias como “¡Que inventen ellos!” o “Venceréis pero no convenceréis”. Pero, seguramente, lo último que se os pase por la cabeza al hablar del autor son los dinosaurios.

Los fósiles son, tal vez, los objetos en los que más patente se hace el paso del tiempo; dan testimonio de una vida que fue y se extinguió, al tiempo que han perdurado millones de años, por lo que contienen latente la idea de la eternidad. Al pensamiento crítico y libre de Unamuno no podían escapársele estas connotaciones. En esta entrada vamos a ver algunas referencias a la paleontología en la obra de Unamuno y, os anticipo, no son pocas.

Comencemos por varios ensayos de su fundamental En torno al casticismo (1895), como “La casta histórica en Castilla”:
Al comprender el presente como un momento de la serie toda del pasado, se empieza a comprender lo vivo de lo eterno, de que brota la serie toda, aun cuando queda otro paso más en esta comprensión, y es buscar la razón de ser del «presente momento histórico», no en el pasado, sino en el presente total intra–histórico; ver en las causas de los hechos históricos vivos revelaciones de la sustancia de ellos, que es su causa eterna. Pero entre tanto no nos sea esto hacedero con ciencia, será utilísima e imprescindible la labor de los desenterradores y ajustadores de sucesos históricos pasados, porque es labor de paleontología, luz para enlazar a nuestros ojos las especies vivas hoy y llegar a la continuidad zoológica. Por las causas se va a la sustancia. Sin el paleontológico hiparión no veríamos tan clara la comunidad de la pezuña del caballo y el ala del águila. Y así como la paleontología, capítulo de la historia natural, se subordina a la biología general, así la historia del pasado humano, capítulo de la del presente, se ha de subordinar a la ciencia de la sociedad, ciencia en embrión aún y parte también de la biología. Todo esto es hoy del dominio general, tan corriente que apenas se asienta, pero es, como veremos, letra muerta. Son cosas sabidas de sobra y… Dios te libre, lector, de tener razón que te sobre; más te vale que te falte”.

Y más adelante: 
La doctrina del pacto, tan despreciada como mal entendida por paleontólogos desenterradores, es la que, después de todo, presenta la razón intra–histórica de la patria, su verdadera fuerza creadora, en acción siempre”.

Mientras dure la guerra (2019, Alejandro Amenábar)

En “El espíritu castellano” enfrenta el teatro de Calderón al de Shakespeare:
El inglés pone en escena a que desarrollen su alma hombres, hombres, ideas vivas, tan profundas cuanto altas las más elevadas del castellano (...) Huesos encerrados en lo vivo por carne palpitante, huesos que admiran los osteólogos y paleontólogos en los dramas sarmentosos de Calderón, y que en Shakespeare están vivos, con tuétano caliente; pero sustentando, ocultos por la carne, la fábrica viva toda de que surgieron, inconscientes a su autor (...) Shakespeare, sabiendo de pobre historia paleontológica tan poco o menos que Calderón, más letrado que él, penetra en el alma de la antigüedad romana por la estrecha puerta de una mala traducción de Plutarco y resucita en su Julio César la vida del foro resonante, mientras Calderón, atado a la historia de su tiempo y de su suelo, apenas se despega de lo transitorio y local”.

En “De mística y humanismo” escribe:
El punto que en nuestro misticismo separa la ortodoxia de la heterodoxia, es verdadero punto y no muy fijo, es, sobre todo, la protesta de sumisa obediencia a la Iglesia. Negar que ese punto sirviera de transición es querer apagar la luz solar amontonando escombros paleontológicos, echando a los ojos tierra de erudición, con noticias complacientes”.

Veamos ahora otros ensayos en los que desarrolla estas ideas, como “¡Adentro!” (1900):
Tú mismo eres idea viva; no te sacrifiques a las muertas, a las que se aprenden en papeles. Y muertas son todas las enterradas en el sarcófago de las fórmulas. Las que tengas, tenlas como los huesos, dentro, y cubiertas y veladas con tu carne espiritual, sirviendo de palanca a los músculos de tu pensamiento, y no fuera y al descubierto y aprisionándote como las tienen las almas-cangrejos de los dogmáticos, abroqueladas contra la realidad que no cabe en dogmas. Tenlas dentro sin permitir que lleguen a ellas los jacobinos que, educados en la paleontología, nos toman de fósiles a todos, empeñándose en desollarnos y descuartizarnos para lograr sus clasificaciones conforme al esqueleto”.
En “Sobre la erudición y la crítica” (1905), leemos lo que sigue:
Todo ello, como se ve, está a la mayor distancia posible de los trabajos de erudición, para los que me siento con poca aptitud y con menor deseo. Teniendo como tengo seres vivos en torno mío, me interesan poco los fósiles y me noto con poquísimas aficiones a la paleontología.

Y en la paleontología misma es evidente que hará mayores y más sorprendentes descubrimientos el que conozca bien la zoología, quiero decir, el modo de ser y de vivir de los zoos, de los vivientes, de los animales que hoy respiran y viven. Y es por esto por lo que no me explico que puedan trabajar con fruto en el estudio de los poetas muertos y enterrados y reducidos a esqueleto hace siglos, los que no se interesan ni poco ni mucho en los poetas que hoy viven, y beben, y comen, y respiran, y cantan (...)

Y de aquí el fenómeno, nada raro, de que los eruditos de literatura exalten a los escritores arcaizantes, que tejen sus escritos con reminiscencias clásicas y contrahacen la hechura y el aire y el tono de los escritores cuyos huesos blanquean.

Y luego estos eruditos paleontólogos y los críticos de su escuela y sus semejantes todos forman una especie de cofradía internacional, se comentan los unos a los otros y se celebran mutuamente sus danzas de la muerte. Constituyen una especie de orden, algo así como una masonería que tiene en los archivos sus logias (...)

Escriben una doctísima monografía sobre la doctrina acerca de la Trinidad en este o el otro oscuro teólogo, y ni por un momento les inquietan los terribles problemas que de la consideración del dogma de la Trinidad surgen. Todo se les convierte en curiosidades paleontológicas, y no oyen, a través de los siglos, bramar de dolor o de amor al mastodonte (...)

Y ahora paso a tratar de otra cosa, y es de esa legión de hispanistas o hispanófilos extranjeros que, salvo raras y muy honrosas excepciones, no hacen sino despreciarnos a los españoles de hoy, en complicidad con algunos de nuestros paleontólogos de la literatura patria. Para la mayor parte de esos señores que en tierras de Francia, Alemania, Inglaterra, los Estados Unidos, etc., escribe, no de nuetras cosas, sino de las cosas de nuestros tatarabuelos, España acabó en el siglo XVII o el XVIII a lo sumo. Los vivos no existimos para ellos sino en cuanto poseedores de los cachivaches que heredamos de nuestros mayores (...)

En la cátedra de Lengua y Literatura castellana de una universidad extranjera se estaba leyendo, traduciendo y comentando, no hace mucho, ¿a que no lo adivina el lector?, las Cartas marruecas, de Cadalso, que ni tú, lector, ni yo, conocemos ni pensamos conocer; una obra perfectamente muerta del todo. Y menos mal que se corren algunas veces hasta Bécquer, Campoamor, Alarcón, Valera y aún a algún otro contemporáneo vivo, sobre todo si le asoman los huesos a flor de piel. Pero, por lo general, se atienen a la paleontología. Y para fósil ahí está Cadalso, de cuya existencia histórica no estoy, por lo demás, muy seguro ni pienso tomarme el trabajo de asegurarme de ella. Tengo en derredor muchos vivos que me interesan, para distraerme en desenterrar muertos que murieron del todo, y para siempre y sin remedio”.
Pero no pensemos que Unamuno despreciase la paleontología. De hecho, le dedicó un poema, Paleontología (1910):
Hay rocas que conservan, alegatos
al diluvio anteriores, las señales
que dejaron rastreros animales
de su paso en la tierra. Los estratos
pedernosos en esos garabatos
como con grandes letras capitales
nos dicen las memorias ancestrales
de sus vidas. El sabio los hiatos
de esas huellas supone y con tanteos
logra fijar la alcurnia de una raza
que pasó, mas el cielo a los ondeos
del volar de las aves no da caza.
En la historia del hombre los rastreos
quedan así, no de sus vuelos traza.

Ahora vamos con varios cuentos... En el distópico “Mecanópolis” (El Imparcial, 11 de agosto de 1913) se puede leer:
“Por una explicación que leí en un cartel de la entrada vi que en Mecanópolis se consideraba al Museo de Pintura como parte del Museo Paleontológico. Era para estudiar los productos de la raza humana que había poblado aquella tierra antes que las máquinas la suplantaran. Parte de la cultura paleontológica de los mecanopolitas –¿quiénes?– eran también la sala de música y las más de las bibliotecas, de que estaba llena la ciudad”.

En “El hacha mística” encontramos lo siguiente:
Era lo que se llama un investigador. Buscaba el misterio de la vida, que lo es de la muerte, ya que ese misterio no es sino la linde misma en que ambas se unen, acabando aquélla, la vida, para empezar ésta, muerte (...) Y acabó por dedicarse a la paleontología y a la exploración de las cavernas de los más antiguos restos del hombre. Es decir, restos del hombre más antiguo, del que ya no sería hombre.

Descubrió un día una nueva caverna a orilla del mar. Penetró en la cueva y escarbando dio con una hacha de sílice sujeta, como a mango, a un hueso de animal antediluviano...”
Pero es que incluso en su nivola “Niebla” podemos leer (Capítulo XXIII):
Sabía que hay que aprender a ver el universo en una gota de agua, que con un hueso constituye el paleontólogo el animal entero y con un asa de puchero toda una vieja civilización el arqueólogo, sin desconocer tampoco que no debe mirarse a las estrellas con microscopio y con telescopio a un infusorio, como los humoristas acostumbran hacer para ver turbio. Mas aunque sabía que un asa de puchero bastaba al arqueólogo genial para reconstruir un arte enterrado en los limbos del olvido, como en su modestia no se tenía por genio, prefería dos asas a una asa sola—cuantas más asas mejor—y prefería el puchero todo al asa sola”.

Y terminaremos con algunos artículos publicados en la prensa. El 15 de junio de 1924, Unamuno escribe en su serie “Alrededor del estilo” del diario El Imparcial: ajémonos en los retratos que a fuerza de ciencia podemos sacar de una ictiosauro, de un iguanodonte, de uno de aquellos enormes lagartos voladores, y veamos si ello no es cuestión de estilo. Es que la cosa a la que Ilamamos Dios ha cambiado de estilo. El paso del mamut al elefante no se explica más que por una evolución del estilo divino. Es Dios el que ha cambiado, el que se ha ido conociendo, descubriendo, más y mejor a sí mismo. Y por eso vive este su poema, la Creación”.

Pocos días después, el 21 de junio, Unamuno publicó en Caras y Caretas “A pesca de metáforas” en su serie “Divagaciones de un confinado”, donde espeta a quienes se maravillan con los adelantos de la aviación: “¡cuánto más nuevo que un aeroplano sería si apareciese un ictiosauro vivo o uno de aquellos gigantescos reptiles voladores que cruzaban los aires cuando el hombre no arrastraba sus miserias y sus vergüenzas sobre la tierra!

Por su parte, en la portada del número del 20 de noviembre de 1931 de El Sol se incluyó la columna de opinión “Contemplando el Diplodoco”, firmada por don Miguel, que había proclamado la República siete meses antes en Salamanca. Unamuno acude al Museo de Ciencias Naturales y se queda embelesado contemplando la réplica del Diplodocus, “enorme rosario de cuentas carbonizadas” en cuya mutua con-templación (“Con-templar es juntarse en el mismo templo, en el Universo como templo de la conciencia universal y eterna”) el autor llega a comulgar con el saurópodo hasta no poder discernir si la voz interior que escucha es la propia o la de aquél. El “esqueleto espiritual” que forma la leyenda de la guerra civil que el literato vivió en su lejana infancia aparece aquí como un terrible augurio de lo que habría de llegar tan sólo un lustro después. Como siempre, la agudeza y claridad de ideas de uno de nuestros más insignes pensadores nos proporciona momentos deliciosos y nos hace reflexionar sobre nuestra realidad y nuestro lugar en el mundo. Por cuestión de espacio, te remitimos para su lectura (que recomendamos con insistencia) aquí.

De mitología entomológica (Ahora, 27 de septiembre de 1935) incluye lo siguiente:
“Al inaugurarse en Madrid el Congreso de Entomología se me subieron a la memoria muchos de mis mejores y más puros recuerdos de niñez y muchas de mis más íntimas enseñanzas de mis patriarcales observaciones de los niños. En relación con los insectos. Como en la animalidad los insectos, son en la humanidad los niños, los más recientes y más frescos y a la vez los más antiguos y más asentados. Más antiguos aquéllos —los insectos— acaso que los monstruos paleontológicos; más antiguos éstos —los niños— que los salvajes prehistóricos y cavernarios. Y así es que por los insectos, a los que puede manejar y jugar con ellos, es como el niño mejor se adentra, intuitivamente, en el espíritu de la naturaleza del reino animal”.

miércoles, 18 de mayo de 2022

'April: The Genesis Project' por Shane Cepeda

Shane Cepeda es un artista nacido en 1998 en Manila (Filipinas). Desde niño, se interesó por los dinosaurios, con películas como "Jurassic Park" o "Dinosaur", e intentó llevar al papel a esas majestuosas criaturas mesozoicas. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Santo Tomás, la universidad más antigua de Asia establecida por Miguel de Benavides, tercer arzobispo de Manila, en 1611. Posteriormente, se especializó en Artes Publicitarias y ha trabajado para empresas textiles, tanto en el servicio al cliente como en el desarrollo de vídeos comerciales. En la actualidad es freelance y busca trabajo. "Abril: The Genesis Project" está inspirado en la saga jurásica, ya que era una época en la que Cepeda acababa de terminar el videojuego "Jurassic World Evolution" y revisó de nuevo las películas. La estética de la primera película está presente en las ilustraciones, con tecnología antigua y cables defectuosos.












Cepeda realizó un vídeo en el que narraba la historia en la que se basaba 'April: The Genesis Project' y además diseñó algunas de las pegatinas con texto incorporado. Ahí lo dejamos:





martes, 17 de mayo de 2022

La Voz del Mesozoico (II): Animales fantásticos y dónde encontrarlos

Como concluimos en la anterior entrada de la serie, la implantación en 1869 de la libertad de imprenta marca un antes y un después en nuestra prensa: el periodismo invade las calles, donde cada vez más hay más lectores, gracias a la creciente alfabetización, ávidos de noticias del mundo. Las que más nos interesan, claro, son las que tienen que ver con una ciencia que, por esas mismas fechas, comienza su andadura en nuestro país: la paleontología de dinosaurios. Naturalmente, en esta época los dinosaurios aún no se habían asentado en el imaginario colectivo y a muchos redactores les parecían engendros formados con partes de animales que conocían. Respondiendo al interrogante que da título a esta entrada, la prensa finisecular decimonónica se convertirá en el lugar donde los lectores podrán encontrar los animales más fantásticos de los que podían haber oído hablar.

Pterodáctilo de Edouard Riou (1863)

El semanario La Ilustración Republicana y Federal (1871-1872, Madrid) contó con colaboradores como Francisco Pi y Margall o Emilio Castelar. El 12 de julio de 1872 publica un artículo sobre “El hombre prehistórico” que comienza con un somero repaso al origen de la vida, cuyas referencias mesozoicas no podemos dejar de reproducir:
El mar, la tierra, los aires se pueblan de un enjambre de seres animados: el Pterodáctilo o murciélago gigantesco; el Itchiosauro (sic), precursor del delfín y el Plesiosauro, cuya raza se ha estinguido (sic), son los monarcas de los tres elementos. Otro esfuerzo de la naturaleza produce el Dinosauro (sic), cocodrilo terrible, y el Iguanodon, que ya no se arrastra, que se eleva en sus patas como el rinoceronte”.
La revista catalana El Porvenir publicó en 1877 “La Duda”, de L. Pons Dalmau, título que hace referencia al principio de organización de los seres vivos, que sólo despejará el desarrollo del microscopio; en la entrega de mayo hace un recorrido por la historia de la Tierra, con algunos comentarios sobre la fauna del Mesozoico. La Voz del Pirineo reeditó este artículo en enero de 1880.

En el extenso artículo (pp.129-147) de la prestigiosa Revista contemporánea (1875-1907, Madrid), dirigida por José del Perojo, “Desarrollo histórico-paleontológico del mundo animal” (septiembre de 1878), O. Schmidt nos narra la evolución de la vida y, de paso por el Mesozoico, nos habla de Ictiosaurio, Plesiosaurio, Pterodáctilo o Arqueopteryx. En 1886, R. Álvarez Serbix publica una reseña de Le monde avant la création de l’homme, publicada ese mismo año en París por Camille Flammarion; en su repaso, hace mención a diversa fauna del jurásico, pasando de puntillas por otros periodos mesozoicos.

Huxley c.1883

En 1889, Revista contemporánea publica la segunda parte de “Origen y desarrollo de la vida en el globo” del marqués de Nadaillac. En noviembre de 1896 publica la más breve (seis páginas) reseña “Un libro notable”, sobre el Essai de Paléontologie philosophique, de Jean Albert Gaudry, mencionando a otros vertebrados de la era secundaria, como Mosasaurio, Iguanodon o Atlantosaurio, único del que se da algún dato (que medía 24 metros de longitud).  Y en agosto de 1897 repasa el trabajo de Thomas Henry Huxley, “el bulldog de Darwin” quien, buscando el eslabón entre los reptiles y las aves, encontró más similitudes en el iguanodón que en el pterosaurio, donde hay analogía de funciones pero no semejanza de órganos.

Juan Vilanova, cuando no llegaba a los treinta (1850)

Revista Europea (1874-1880, Madrid) transcribió las conferencias de Juan Vilanova en el Ateneo sobre ciencia prehistórica. El 30 de abril de 1876 le toca el turno a “La doctrina de Darwin”, en la que puso a los saurios mesozoicos como ejemplo de evolución. En 1879, la revista publica la traducción que Claudio Cuveiro hizo de la “Historia del reino animal” de E. Haeckel, que sistematiza a los reptiles mesozoicos en diferentes órdenes: tocosaurios, pterosaurios, dinosaurios o “Pachypoda” [1] (Megalosaurus, Pelorosaurus, Iguanodon) o anomodontes (reptiles avianos como Compsognathus); fuera de la clase de los reptiles, estarían las aves como Arqueopteryx, los halisaurios (simosaurios, ictiosaurios y plesiosaurios) o los laberintodontes.

El Mundo Ilustrado (1879-1883, Espasa, Barcelona) Con el subtítulo “biblioteca de las familias: historia, viajes, ciencia, artes, literatura”, era una colección por fascículos de 32 páginas encuadernables en tomos de 24 números con excelentes ilustraciones, algunas a toda e incluso doble página y de forma desplegable, así como láminas cromo-litografiadas.

El Mundo Ilustrado (1879)

En la entrega de la serie “El mar, su pobladores, sus dominios, sus tesoros y maravillas”, de Santiago A. Saura, correspondiente al tercer número de la revista, el autor nos habla de los saurios marinos mesozoicos (y alguno terrestre o volador) y concluye que se extinguieron presas del canibalismo al escasear la comida. En “Una excursión en busca de fósiles”, publicado en el número 26 (noviembre de 1879) por E. Bertrán, se produce un supuesto hallazgo paleontológico en una cueva y, tras plantearse si podrían ser fósiles de plesiosaurio o megalosaurio, los protagonistas concluyen que son huesos de burro.

El Viagero Ilustrado Hispano-Americano (1879-1880, Barcelona), de Leopoldo Bremón, estaba especializada en viajes. En el número 9 (septiembre de 1879), Manuel Diz y Bercedonis publicó “La navegación submarina”, en el que compara los combates bélicos marinos con los que pudieron entablar en su día el ictiosaurio y el plesiosaurio.

Ilustración de Eduard Riou para Chatterbox Magazine (1880)

La Nochevieja de 1882, el semanario satírico El Motín (1881-1926, Madrid), de José Nakens, incluyó en una columna el siguiente apunte: “En el territorio de Dokoca (Estados Unidos) se ha desenterrado el esqueleto de un gigantesco reptil dinosaurio, de 35 pies de largo. La calavera pesa 694 libras y todo el esquelo 1.900 ¿Y se admiran de eso los americanos? Que vengan a España, y verán reptiles mayores en el campo de la política [2]”.

La “revista científica, literaria, artística, de intereses y noticias locales y generales” de Toledo El Nuevo Ateneo publicó el 15 de mayo de 1879 el ensayo filosófico de D. Lago “Crecimiento de la materia”, donde leemos: “El Plesiosaurio, primer animal que dejó su habitación acuática, tiene tronco de ballena, cuello de pájaro y cola de aligador. El Ictiosaurio, contemporáneo de aquél, tiene cuerpo de delfín, cabeza de cocodrilo y cola de pez, probándonos que la especie se sucedió en época determinada.” En octubre de 1882, el “periódico político” de Palma de Mallorca La Opinión publicó “La geología de doscientas líneas”, un resumen de la historia del planeta con un breve paso por el Mesozoico, que reeditó La Ilustración (1880-1890, Barcelona) el 9 de septiembre de 1883. El 15 de agosto de 1883, el diario fuerista de Pamplona Lau-Buru publicó “Un fenómeno”, dando noticia de la exposición en el Museo de Bruselas de Iguanodon bernissartis, al que describe de este modo tan singular: “Tiene cuerpo de ave con una altura de cinco metros, cuatro patas, las dos delanteras cortas y replegadas contra el pecho como las del canguro; cuello de jirafa, cabeza de camello y una enorme cola de lagarto.”

Natural History Museum de Londres (la estatua del primer plano a la izda.es de Owen)

En septiembre de 1883, Salvador Calderón publicó en Revista de España (1868-1894, Madrid) la entrega dedicada a la paleontología en su serie “Organización y arreglo de los museos de historia natural”, en la que describe las joyas mesozoicas de los museos de Londres (incluidos el estegosáurido Omosaurus o el tireóforo Acanthopholis, sendos nomen dubium) o Munich (Dinosaurus brotezeum o Rhinoceros trichorhinus -¿es éste el antecesor de Rinoceros tricornio?), entre otros.

La Ilustración Artística (1882-1916, Montaner y Simón, Barcelona) contenía vanguardistas imágenes y contó la colaboración de Emilia Pardo Bazán, Emilia Serrano de Wilson, Emilio Castelar, Francisco Giner de los Rios, Leopoldo Alas “Clarín”, Francisco Pi y Margall, Benito Pérez Galdós o Manuel Ossorio.

En 1884 publica esta excelente ilustración del Iguanodon del Museo de Bruselas. El 27 de febrero de 1888, una reseña ilustrada tomada del periódico La Nature sobre el lagarto cornudo, del que se nos dice que “recuerda mucho por su forma aquellos enormes reptiles fósiles Donosaurios (sic) conocidos con el nombre de Iguanodón”.

El sábado 3 de mayo de 1890, la salmantina El Fomento: revista de intereses sociales (1881) publicó la segunda parte del artículo “Los animales monstruos de las épocas geológicas”, donde Rafael Rubio se ocupa de las bestias mesozoicas.

Aunque la publicación periódica más antigua de España es la Gaceta de Madrid (1697-1936) [3], el Diario oficial de avisos de Madrid (1847-1917) es considerado heredero del primer diario de España, el Diario de Madrid (1788-1814) [4].

En la entrega del 5 de diciembre de 1891, una columna daba noticia del regreso de una expedición a las “Montañas Roquizas” que había hallado restos de Atlantosaurio, Brontosaurio y Estegosaurio.

Dollo montando el primer Iguanodon, en 1882

Tras la desaparición del periódico El Progreso (1881), el Partido Republicano Progresista de Manuel Ruiz Zorrilla impulsa El País (1887-1921, Madrid), con gran éxito como diario popular y anticlerical durante la Regencia de doña María Cristina, alcanzando al comienzo del nuevo siglo su máxima difusión y convirtiéndose en el gran diario republicano madrileño. El número del 3 de agosto de 1891 incluye una pequeña columna sobre los iguanodontes de Bernissart, que se acababan de instalar en el Museo de Ciencias Naturales de Bruselas. Nos ha resultado simpática la narración de los hallazgos paleontológicos sobre esta criatura y sus primeras reconstrucciones:
Más tarde, también en Inglaterra se hallaron nuevos restos, con los cuales los naturalistas hicieron alarde de su imaginación reconstructiva. En los museos ingleses aparecieron entonces unos cocodrilos fantásticos, provistos de un cuerno encima de la nariz como los rinocerontes –cuerno que ha resultado ser sencillamente el quinto dedo en forma de espolón, que poseía el animal en las patas delanteras. Los buenos de los ingleses que se hallaron con aquel espolón se lo plantaron bonitamente en el pico”.
Otro diario republicano madrileño, La Justicia (1888-1897) publicó el 9 de junio de 1889 el artículo de Antonio Machado y Núñez (abuelo del poeta) “Paralelismo paleontológico de la Filogenia y Ontogenia”, en el que da cuenta de los restos de extinguidos organismos que ofrecen las rocas cretáceas.

 
Antonio Machado Núñez

El 16 de febrero de 1872, La Correspondencia de España (1859-1925, Madrid) comunicó las últimas adquisiciones de Juan Vilanova para el Gabinete de Historia Natural (el Museo de Ciencias Naturales, vaya): un teleosaurio y una ictiosauria alemana embarazada. Esta noticia fue reeditada al día siguiente por el diario liberal La Iberia (1854-1898, Madrid) de Pedro Calvo Asensio –que el 18 de agosto de 1894 reeditó “El genésis inorgánico”, en torno a los fósiles, aparecido en El País el 2 de julio-, tres días después por La Época (1849-1936, Madrid) y el día 22 por La Nación (1849-1873) o La Regeneración (1860-1873). El diario liberal El Constitucional (1871-1887, Alicante) se hizo eco de la noticia el 28 de septiembre de 1875. En octubre de 1887, este diario publicó por entregas “Las maravillas del mundo antediluviano” de Gastón Tissandier.

En enero de 1893, Eugenio García Gonzalo publicó la segunda parte de su artículo “Edades de la Tierra” en La Ilustración Nacional: Revista literaria, científica y artística (1886-1901, Madrid), donde da un repaso al Mesozoico.

En febrero de 1875, la sevillana El Espiritismo continúa con su serie “Bosquejo geológico de la Tierra” con el capítulo “Periodo Secundario”, en el que describe la fauna conocida, como el iguanodonte, tan similar a la iguana que “no se diferenciaba sino en la magnitud”, que rondaba “de veinte a veinticinco metros”. En su almanaque del año anterior había dado cuenta ya de esa fauna en el artículo de Arnaldo Mateos “La vida en éste y en los otros mundos”.

En febrero de 1894, en el “semanario espiritista” La luz del porvenir (1879-1894, Barcelona), Amalia Torres de Maresma dedicó un artículo a Badalona en el que, inspirada por el océano, hace un comprimido recorrido por la historia del planeta –incluido el Mesozoico- y del hombre. En junio de 1896, otro “semanario espiritista”, La Revelación (1872-, Alicante), publica “La comunicación de los espíritus”, donde plantea que los extintos animales mesozoicos debieron tener “un fin útil en los designios divinos” y trata de extraer una lección espiritual de ello.

El 6 de abril de 1881, El Heraldo de Castilla (1880-1881, Burgos) transcribió la conferencia sobre “La Creación” dada en el Liceo el 15 de marzo por Valentín Díez de Lastra, en la que hubo mención de alguna fauna mesozoica. Las Regiones (1887-1890, Madrid) habló de la fauna mesozoica en sus artículos “Orígenes del hombre” (1887) y “Primitivos seres humanos” (Antonio María Flores, 1889).

Gaudry

Pi y Margall fundó El Nuevo Régimen (1891-1927, Madrid), “semanario federal” cuya entrega del 21 de noviembre del año de su debut da noticia de un congreso internacional de paleontología celebrado en Washington, que concluyó con una excursión a las Rocosas. Uno de los asistentes, el paleontólogo francés M. Albert Gaudry, habría conseguido ilustraciones del propio Marsh. El artículo menciona a los jurásicos Brontosaurus, Atlantosaurus o Stegosaurus o el cretácico Triceratops. La España Artística (1888-1893, Madrid) era una revista especializada en teatro, pero también incluía noticias y artículos de interés general, como “La Tierra antigua”, de Pedro Ribera, cuyo décimo capítulo (publicado el 12 de noviembre de 1892) estaba dedicado a los “Monstruos antediluvianos”.

Elasmosaurio de Charles Knight (1897)

El 10 de enero de 1894, bajo el titular “Ecos todas partes”, una columna de El Heraldo de Madrid (1890-1939) daba cuenta del hallazgo de un esqueleto de plesiosaurio en Holzmaden. Esta reseña fue reproducida, palabra por palabra, en el número de marzo de La Escuela Moderna (1892-1934, Madrid), donde Lucas Fernández Navarro publicó “Los animales desaparecidos” en marzo del siguiente año; fue reeditado en 1905. El 1 de diciembre de 1909, en “Omnipotencia de la educación”, de Serafín Baudín Agüero, leemos “La formación de las montañas motivó la transformación de algunos reptiles en aves, como el terodáctilo [sic] (lagartija alada), primer pájaro, y luego el archeopterix, provisto ya de plumas y más perfeccionado”.

La Reforma (1898-1899, Madrid) era un diario radical militar burgués de tendencia conservadora de cuatro páginas a cinco columnas, de carácter noticioso y político y en las que incluyó chistes y humor gráfico y otros retratos y caricaturas de personajes de la época. En la entrega del 6 de abril de 1899 hay una breve reseña sobre un hallazgo paleontológico, reproducida tal cual el día 13 en El Correo Militar:
Atrae la atención de las gentes, en las nuevas galerías del Museo de Historia Natural del Jardín de Plantas de Paris, el gigantesco esqueleto fósil del Mammouth, y sin embargo, este colosal antediluviano no es más que un pigmeo al lado del monstruo, cuya hosamenta (sic) se ha encontrado recientemente en América en una de las regiones menos conocidas del Colorado. Ningún animal de los vivientes o de cuantos se han encontrado hasta ahora en estado fósil puede compararse con esto dinosaurio gigante cuya longitud era de 40 metros y la altura de ocho en la cruz y 11 en las ancas. Su cavidad abdominal medía 10 metros de longitud por 6 metros 30 centímetros de anchura. El peso total del esqueleto era de 40.000 kilos, y el peso de uno solo de sus huesos, aún eligiéndole entre los más pequeños, era tal, que a duras penas podría levantarle un hombre. Este prodigioso ejemplar de la fauna cuaternaria, era, según indica su nombre, un saurio; es decir, un animal de la familia de los lagartos. Su restauración, dirigida por el profesor Reed [5], se ha aplazado hasta el invierno. Ahora ocurre preguntar, ¿en qué sala de Museo podrá instalarse una curiosidad científica de tales dimensiones?”.

Reed, metido en harina (1899)

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[1] Denominación en la clasificación de Mayer, previa a la introducción del orden Dinosauria por Owen.
[2] Ignoramos a qué territorio refiere Dokoca (¿Dakota?), los 35 pies equivalen a diez metros y medio, las 694 libras a 315 kilos y las 1.900 libras a 862 kilos (naturalmente, los fósiles son rocas mucho más pesadas que los huesos que los originaron).
[3] Aparecida en 1661 como Relación o Gaceta de algunos casos particulares, así políticos como militares, sucedidos en la mayor parte del mundo hasta fin de 1660 y transformada desde la Guerra Civil en el Boletín Oficial del Estado.
[4] Nacido en 1758 como Diario Noticioso, Curioso, Erudito y Comercial, Político y Económico.
[5] Suponemos que se refiere al antiguo colaborador de Marsh, William Harlow Reed, que en 1898 descubrió los restos casi completos de un brontosaurio en Como Bluff. Reed no tenía educación formal como paleontólogo, ejerciendo de cazador de fósiles como aficionado. Las dimensiones del bicho, en todo caso, están algo infladas: Brontosaurus podría alcanzar los 22 metros y 15 toneladas.

lunes, 16 de mayo de 2022

Viajando al pasado con Riamus

Hoy nos toca presentar a Riamus (o Kingrexy, según la red social en la que mires), entusiasta de la biología, la paleontología, los kaiju y el diseño de criaturas. Sus ilustraciones, además de paleoarte tradicional al uso, incluye fan-art de distintos universos de ficción (Jurassic Park, King Kong, Godzilla, Primeval, Primal, etc) y el diseño de criaturas y seres monstruosos de inspiración dinosauriana. A continuación, la habitual selección de trabajos y el enlace a su galería. 









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