miércoles, 23 de marzo de 2022

Viajando al pasado con Rudolf Hima

Lo que podemos contaros sobre el artista Rudolf Hima y nada es lo mismo, ya que la información que hay disponible en internet, incluyendo en sus propios perfiles, es prácticamente nula. Podemos mencionar que su trabajo se enfoca principalmente en el paleoarte (al que deberíais echar un ojo en su galería, por cierto, ya que es una pasada), pero que también tiene otras piezas en las que mezcla criaturas prehistóricas con seres humanos. Os dejamos estas últimas aquí, entre las que se encuentra una procesión fantasmal de cetáceos extintos y una pieza para la novela "Primitive War", donde podemos ver a un anquilosaurio atacando a varios soldados.






martes, 22 de marzo de 2022

Los parques nacionales del pasado por Anomallite

Anomallite (a.k.a. Jack Socal) es un artista freelance de Seattle (Estados Unidos) que actualmente se encuentra estudiando ilustración y diseño gráfico en el Northwest College of Art & Design. En su obra encontramos numerosos dinosaurios y otros animales del pasado, y entre sus últimos proyectos se encuentran estos pósteres que recrean escenas de hipotéticos parques nacionales mesozoicos a los que se puede viajar gracias a la empresa ficticia Time Travel Institute. Puedes conseguir las láminas impresas en su tienda.



lunes, 21 de marzo de 2022

Dinosaur Tracks (VI)

PÁNICO NUCLEAR

En 1952 tuvo lugar una exitosa reposición de King Kong que animó a los productores de la Mutual a realizar un filme con un monstruo gigante, en esta ocasión mutado por la radiación para explotar la creciente paranoia nuclear, que ya había utilizado The Lost Continent (1951, Sam Newfield), con dinosaurios de Edward Nassour y música de Paul Dunlap (1919-2010). The Beast from 20,000 Fathoms (1953, Eugene Lourié) se inspiró en el relato The Fog Horn (1951) de Ray Bradbury y la animación corrió a cargo de su amigo del instituto Ray Harryhausen, el discípulo aventajado de Willis O’Brien, responsable de los efectos de King Kong.

The Beast from 20,000 Fathoms

Ray habría querido que la banda sonora se encomendara al compositor de King Kong, Max Steiner, pero fue el ruso Mikhail Isaakovich Levin a.k.a. Michel Michelet quien comenzó a escribirla. Sin embargo, cuando el proyecto pasó a la Warner y los productores la escucharon, decidieron encargar otra más épica a David Buttolph (1902-1983). Buttolph, cuya formación jazzística aportó modernidad a la partitura, contó con apenas una semana para cumplir el encargo, por lo que tuvo que tirar en algunos momentos de temas populares y algunos compases propios de películas anteriores, además de repetir el tema del monstruo cada vez que aparece el rhedosaurio. Maurice De Packh realizó los arreglos para una orquesta de medio centenar de músicos, con una completa sección de metal con los graves reforzados (tres trompas, tres trompetas, tres trombones, dos tubas, un saxo barítono y otro bajo), órgano Hammond y bajo eléctrico [1], que dirigió Ray Heindorf en la grabación de la banda sonora, que tuvo lugar la primera semana de abril de 1953 en los estudios de la Warner.

El éxito de The Beast from 20,000 Fathoms llevó a Lourié a dirigir otros dos nuevos largometrajes con dinosaurios mutados por la energía atómica: The Giant Behemoth (1959) –con animaciones de O’Brien- y Gorgo (1961), producidas en Reino Unido y cuyas bandas sonoras escribieron Edwin Astley (1922-1998) y Angelo Francesco Lavagnino (1909-1987), respectivamente.

Gorgo

Edwin Astley

Astley es también autor de la BSO de la famosa serie de televisión The Saint o la comedia A Matter of Who, lo que resulta bastante irónico al tratarse del padre de Karen Astley, la mujer de Pete Townsend, el guitarrista de los Who. Para The Giant Behemoth creó una partitura solvente y atronadora, siguiendo la pauta marcada por Buttholph. Más interesante nos parece la partitura poderosa que el compositor italiano especializado en filmes mitológicos Lavagnino escribió para Gorgo, que también contiene una hermosa melodía que se suele tocar a la concertina, instrumento muy ligado a los marineros, como los que encuentran al monstruo. Muir Mathieson dirigió la orquesta, compuesta por cuatro trompas, otros tantos trombones y trompetas, una tuba, órgano, vibráfono, arpa y xilófono, además de una pequeña sección de cuerda en la que escaseaban los violines, por lo que las violas abusan del registro agudo. Desgraciadamente, los productores eliminaron pistas enteras, recortaron otras y ahogaron muchas bajo estridentes efectos de sonido.

Gojira (1954)

El trauma atómico del pueblo nipón, con los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki aún frescos en la memoria, inspiró a los productores de Toho para realizar su propio filme de monstruos gigantescos mutados: Gojira (1954, Ishirō Honda), conocida en Occidente como Godzilla. El éxito fue tal que originó todo un género cinematográfico, al que se conoce como tokusatsu (literalmente, “filmación especial”), que sigue gozando de buena salud hoy en día y en el que los efectos especiales tienen un papel fundamental, siendo especialmente populares las películas protagonizadas por kaijus (“bestias gigantescas”).

Akira Ifukube y su amigo radiactivo

La banda sonora de Gojira es obra de Akira Ifukube (1914-2006), el principal compositor nipón de filmes de dinosaurios y, más en particular, kaiju mutados por culpa de la energía nuclear. Ishirō Honda volvió a contar con sus servicios en Sora no Daikaiju Radon (1956), Daikaiju Varan (1958), King Kong tai Gojira (1962), San Daikaiju (1964), Frankenstein tai Baragon (1965) –donde introduce por primera vez en una banda sonora japonesa una flauta contralto en Sol-, Kaiju Daisenso (1965), Kaijū Sōshingeki (1968) o Mechagojira no Gyakushū (1975). Y también puso música a Chikyu Kogeki Meirei Gojira tai Gaigan (1972, Jun Fukuda), Gojira tai King Ghidorah (1991, Kazuki Omori) o los filmes de Takao Okawara Gojira tai Mothra (1992), Gojira tai Mechagojira II (1993), Gojira tai Destoroyah (1995) y Gojira Nisen: Mireniamu (1999), además de a la serie de televisión Gojira Airando (1997, Shun Mizutani).

El tema principal de Godzilla es una variación del tutti orquestal del primer Concierto para violín (1948) de Ifukube, que ofrece grandes similitudes con el tercer movimiento del Concierto para Piano en Sol (1931) de Maurice Ravel, de quien el nipón era fan. Son características del estilo de Ifukube la utilización de motivos simples, ostinatos (repetición continua de notas), pedales (notas que se mantienen de fondo), escalas pentatónicas japonesas [2], modos frigios [3] y similares al eólico (conocido como escala menor en Occidente), mientras no utiliza acordes triadas ni la forma sonata occidentales.

En su ensayo “La música de las películas tokusatsu” (Historia completa de las películas tokusatsu de Toho, 1983), Ifukube defiende que, a diferencia de otro tipo de filmes en los que la música pierde su autonomía al subordinarse a la acción dramática, en los de efectos especiales puede existir con independencia y, cuando se reproduce durante el visionado, produce un misterioso efecto de utilidad.

Pero las aportaciones de Ifukube a sus filmes de kaiju no se limitaron a la música. Fue quien dio voz a Godzilla, proponiendo usar el contrabajo sul ponticello (es decir, frotando el arco justo junto al puente, donde se produce un sonido metálico, oscuro y misterioso). También produjo otros efectos sonoros, por ejemplo golpeando directamente las cuerdas del piano en Sora no Daikaiju Radon.

Masaru Satō

Compositor habitual de Akira Kurosawa, Masaru Satō (1928-1999) debutó con la banda sonora de Gojira no Gyakusu (1955, Motoyoshi Oda) y es el autor de las partituras de los kaiju eiga de Jun Fukuda Gojira, Ebira, Mosura. Nankai no Dai Kettō (1966), Kaijū Shima no Kessen Gojira no Musuko (1967) o Gojira tai Mekagojira (1974).

Takayuki Hattori

Hijo y nieto de compositores, Takayuki Hattori (1965) colaboró en la ya citada Gojira Nisen: Mireniamu (1999) y escribió la música de Gojira tai SupēsuGojira (1994, Kensho Yamashita) o los filmes animados por ordenador dirigidos por Kobun Shizuno y Hiroyuki Seshita Gojira: Kaiju Wakusei (2017), Gojira: Hoshi o Kū Mono (2018) y Gojira: Kessen Kidō Zōshoku Toshi (2019).

Gojira: Kaiju Wakusei

Reijiro Koroku puso música a Gojira (1984, Koji Hashimoto), Koichi Sugiyama –conocido por la franquicia de videojuegos Dragon Quest– a Gojira tai Biollante (1989, Kazuki Omori) y Kan Sawada ha sido el último en rellenar compases para la franquicia, en el anime Gojira Shingyura Pointo (2021, Atsushi Takahashi), que también recupera temas clásicos de Ifukube.

Godzilla, Singular Point

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[1] Laurens Hammond inventó el famoso órgano eléctrico en 1935 y Paul Tutmarc desarrolló un bajo eléctrico en los años 30, aunque el primero viable comercialmente fue el Precision Bass (1951) de Leo Fender. Tras la aparición del Fender Jazz Bass (1960), los músicos de rock y jazz comienzan a generalizar su uso, al tiempo que se pone de moda en los mismos círculos el órgano Hammond.
[2] La escala pentatónica japonesa o escala Hirajoshi contiene cinco notas que equivalen a la escala menor occidental sin las notas que ocupan el cuarto y séptimo lugar.
[3] El modo frigio es el que se forma construyendo una escala desde la nota Mi en la escala de Do mayor. Equivaldría a la escala menor, aunque con la nota que ocupa el segundo lugar un semitono más bajo.

viernes, 18 de marzo de 2022

La verbena del Diplodocus (Enrique Dueñas)

"La verbena del diplodocus" es la nueva novela en tres actos de Enrique Dueñas y editada por Apache Libros. Con este sello, ya había publicado anteriormente "Los dientes del Puma", "Dulces, espadas y dragones", "Fantasías Fugaces" o "Pico de Chorlito", entre otros. Dueñas es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Guion de Cine y Televisión por la Universidad Carlos III de Madrid. Además de escritor, es diseñador de juegos de tablero para Gen-X Games.

La trama de la novela transcurre en la España de 1916, un país conocido por sus pasodobles y sus dinosaurios. El protagonista es Alberto Borrás, un escritor con muy mala suerte cuyo mejor amigo es Marcos, un músico sin oficio ni beneficio que se pasa las tardes fumando cáñamo con su mascota, Nano, un acorazado gliptodonte del Pleistoceno. Alberto sueña con publicar una novela. Pero, para publicar, primero necesita recuperar su manuscrito. Esto es solo el principio: lo que parecía un mero trámite se convierte en una aventura colosal, que lleva a ambos personajes de Madrid a Barcelona, de Barcelona a Marruecos y de Marruecos a los Alpes.

​"La verbena del diplodocus" es una sátira política, una ucronía, una zarzuela, una epopeya moderna, una crónica del siglo XX, una comedia loca y una oda a la amistad, que mezcla pasado y presente, "Jurassic Park" y "Amanece que no es poco". En definitiva, una inclasificable aventura sobre la decepción, el amor, el fascismo, las canciones populares y el poder de la amistad. Mención aparte para la ilustración de la portada, una delicia creada por James A. Castillo.


Si os habéis quedado con ganas de más, a continuación os dejamos el book-trailer, pero vamos, yo la iría encargando por aquí.

jueves, 17 de marzo de 2022

Un poco de paleofilatelia (IV)

Como continuación a nuestras periódicas entradas sobre la presencia de los dinosaurios en el proceloso y lucrativo mundo de la filatelia, os traemos algunas de las novedades de las que hemos tenido noticia, comenzando por varios lanzamientos de 2020 que no llegamos a comentar en la última entrada de la serie:

En junio, Liechtenstein dedicó este sello a Stegosaurus, en el que incrustó una epidosita [1] tallada en forma de huevo de dinosaurio (se entrega en una caja de plástico para proteger la piedra y el sello), y Armenia lanzó la cuarta entrega de su serie “Flora y fauna del mundo antiguo”, que incluía a Diplodocus.

En agosto, Alemania promocionó una exposición del Museo de Historia Natural de Stuttgart con sendas estampas dedicadas a las reconstrucciones de los triásicos Lilienternus y Plateosaurus.

En noviembre, Corea del Norte dedicó una serie al Museo de Historia Natural y sus fósiles de Tyrannosaurus, el ictiosaurio Temnodontosaurus o Quetzalcoatlus.

En diciembre, Taiyikistán publicó este sello con icnitas de terópodos, y a lo largo de 2021, muchos países se han acordado del Mesozoico a la hora de franquear su correspondencia (aunque el correo electrónico va relegando el físico cada día un poco más al ámbito del mero romanticismo):

En mayo, Armenia editó este sello con la imagen de Velociraptor.

En África parece haberse disparado la demanda de sellos mesozoicos. Entre la infinidad editada en 2021, hemos seleccionado la serie “Les dinosaures volants” (sin comentarios) que han compartido República Centroafricana, Chad, Djibouti, Níger, Santo Tomé y Príncipe, Togo, Guinea o Guinea-Bissau. Más rigurosa es la serie “Animales acuáticos prehistóricos” de Liberia o Mozambique.

Joaquín Silva

En España, del 22 de octubre al 20 de noviembre, tuvo lugar una interesante exposición en la principal sede de correos de Ourense, “El mundo de los dinosaurios”, organizada por la Diputación Provincial y la Sociedad Filatélica Miño, con los fondos aportados por su directivo Joaquín Silva, que incluían sellos de todo el mundo. Esperamos que se repitan este tipo de iniciativas y estaremos atentos para que no se nos escape la próxima.

Finalmente, en febrero de 2022, la Unión Postal Universal ha alertado sobre un sello que lleva impreso el nombre de un país cuya Administración Postal manifiesta no haberlo producido ni editado, esto es, un sello ilegal a todas luces y, por tanto, inválido a la hora de franquear ninguna correspondencia. Aún así, no nos importaría tenerlo en nuestra colección, ya que el motivo elegido (si bien ha sido tomado sin permiso de la paleoartista británica Louise Goalby) nos encanta... ¿Alguien sabe a cuánto equivalen 350 gourdes?

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[1] Roca metamófica formada por cuarzo y epidota.

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