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jueves, 30 de septiembre de 2021

Llámame... Concavenator

Hace algún tiempo publicamos una serie sobre la presencia de distintos géneros de dinosaurios en la cultura popular (los posts más visitados fueron, por supuesto, los de Tyrannosaurus y Triceratops). Sin embargo, nos quedó una espinita clavada, ya que no dedicamos ninguna entrada a los dinosaurios patrios. Aunque es un tipo muy ocupado (lo mismo se va de viaje a Japón que le reclaman desde Hollywood), hemos conseguido contactar con nuestro dinosaurio más internacional. Pero, como siempre, dejemos que sea él quien se presente.

En 1966, se estrena El valle de Gwangi (Jim O’Connolly), largometraje en el que un inocente terópodo americano viene a hacer turismo a la Ciudad Encantada y la catedral de Cuenca... donde el pobre acaba chamuscado, seguramente por guiri. En esa época habría sido impensable haber contado con un actor local para protagonizar el filme debido a que... bueno, hasta 1987 no se describió a Aragosaurus, el primer dinosaurio nombrado en España.

También en los años 80, Santiago Prieto encuentra algunas muestras fósiles en la zona de Las Hoyas cuya relevancia no se reconocerá hasta una revisión de los restos depositados en la Facultad de Educación de Cuenca, a la que siguió una excavación en toda regla en 2003 por los paleontólogos José Luis Sanz, Francisco Ortega y Fernando Escaso. Por fin, en 2010, la prestigiosa revista Nature [1] publicaba el descubrimiento del dinosaurio más completo encontrado en la península ibérica, con sus plumitas y todo: Servidor.

Les dinosaures en BD

Muy pronto demostré mi vena artística, haciendo una aparición estelar en el segundo volumen (2011) de Les dinosaures en BD (Arnaud Plumeri/Bloz), donde le hago el lío de la joroba de la suerte a Pelecanimimus para que se arrime, antes de convertirle en el bocadillo de la tarde... ¡Pobrecillo, siempre pica! Por cierto, por si no lo sabíais, él se ha movido bastante en el mundillo de los videojuegos: podéis encontrarle en Jurassic Park 3 Park Builder o en Jurassic World The Game para IOS, donde forma parte del hibrido Pelecanipteyx (Pelecanimimus + Hatzegopteryx).

The Marching Band of the Dinosaurs

Además de los cómics, también soy amante de la música y toco el clarinete en una banda de jazz. Puedes comprobarlo en The Marching Band of the Dinosaurs (2016), un libro ilustrado de la canadiense Tasha Mukanik que muestra 20 especies de dinosaurios melómanos.

Tras escucharme en uno de estos bolos, un colega flipado de los sintes me invitó a participar en su disco Slow and Heavy (2019). El título –Lento y pesado- le pega que ni pintado a Diplodocus, aunque para disimular que había contratado a un dinosaurio, su productora trasladó a la prensa que ése era en realidad el nombre de un grupo. Diplo se enrolló tanto que me dedicó el primer corte, “Prowl of the Concavenator”, pero hay otros que no te puedes perder, como el clásico “Return of the Thunder Lizard” o las dedicadas a otros amiguetes como el anquilosáurido “Grazing Antarctopelta” (lo del pastoreo no lo pillo, la única yerba que a Anty le mola no es de la que se come) o el hadrosaurio de Alaska “Ugrunaaluk Kuukpikensis”. Eso sí, para mi gusto le sobra el bonus track, que da un poco de mal rollo: “Chicxulub Impactor”. Puedes oírlo aquí.



El Concavenator medieval de Mario Lanzas

Son muchos los ilustradores que me han retratado, como te hemos ido contando: Mike Spiers, Marcus Blättermann, Sparrow Reed, Nuria Rodríguez, Mario Lanzas, Mateus Cosme, Juan Ignacio Bramajo... También he inspirado a escultores como Takao Ito, y se han exhibido modelos con mi efigie en el Museo Paleontológico de Castilla la Mancha, la estación de ferrocarril de Albacete-Los Llanos... ¡Incluso estuve de tour por Japón! Y es que mi imagen ha conquistado incluso a artistas callejeros y hay quien se ha currado disfraces para venderlos por Wallapop. Y por lo que se refiere a la literatura, ya te hablamos por aquí del proyecto Invertiverse que, aunque parece que aún no ha terminado de ver la luz, sigue perseverando en el intento.

Bayona y Concavenator

Animado por estas experiencias, me vine arriba y envié mi currículum a Spielberg, proponiéndole rodar un remake de El jorobado de Notre-Dame en la catedral de Cuenca, donde vengaría a Gwangi comiéndome un sacristán y un par de monaguillos. Me contestó bastante interesado (reconozco que engordé “un pelín” el CV, pero si uno se va a tirar pegotes, mejor se los tira gordos). Sin embargo, ya tenía toda la pasta metida en otra producción. Así que me remitió el guión de Jurassic World: El reino caído (2018) y le dije que me parecía bien siempre que la dirigiera un español, como Almodóvar, por ejemplo (Buñuel ya no estaba disponible). El bueno de Steven me hizo ver que el filme no casaba mucho con el estilo del manchego y pronto nos pusimos de acuerdo en que Juan Antonio Bayona era la mejor opción. Está mal que yo lo diga, pero mi éxito ha sido incuestionable y para explotar mi imagen se ha producido todo tipo de merchandising, como muñecos o videojuegos.

¿Aún no habéis hecho la carta de los Reyes?

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[1] Ortega, F., Escaso, F., Sanz, J.L. 2010. A bizarre, humped Carcharodontosauria (Theropoda) from the Lower Cretaceous of Spain. Nature #467.

lunes, 23 de julio de 2018

Llámame... Diplodocus

Diplodocus (Knight, c.1906)

Descrito por Marsh en 1878, mi popularidad ha sido tal que aún hoy día soy considerado por muchos como un sinónimo de “dinosaurio”. En buena medida esto se debe a que en 1905 se realizó una reconstrucción en yeso de mi esqueleto por encargo del magnate Andrew Carnegie, que envió copias a los principales museos del mundo [1]. Si te he de ser sincero, me gusto más con chicha, tal como Joseph Pallemberg me esculpió, en 1909, para el zoo Hagenbeck de Hamburgo.

Sin embargo, los paleontólogos no acababan de ponerse de acuerdo sobre mis hábitos o la forma en que debía colocar las patas: Hay y Tornier pensaban que estar orientadas hacia fuera, doblando las rodillas como una lagartija, tal como se ve en las ilustraciones que siguen, siendo rebatidos por Holland, que comprendió que, de haber sido así, la tripa me habría impedido avanzar.

Smith, 1910

Mary Mason Mitchell bajo las directrices de Oliver Perry Hay

Heinrich Harder, 1916

También hubo cierta confusión sobre mis hábitos, supuestamente acuáticos debido a mi peso y a la situación de las fosas nasales en la parte posterior del cráneo, a lo que Kenneth Kermack alegó en 1951 que la presión habría dañado mis órganos y Robert T.Bakker en 1971 que iguanas y monitores tienen orificios nasales en esa zona y que mis dientes [2] eran propios de una dieta más dura que las plantas acuáticas, mi tórax y patas se parecen más a los del elefante que a los del hipopótamo, y mi cuello estaba hecho para ramonear como el de las jirafas, tal como me dibujó Charles Knight… ¡en 1907!

Curiosamente, todavía en 1942 Zdenek Burian me retrata con las patas encorvadas (y por supuesto, en un hábitat lacustre), como hará el dibujante de cómics Sam Glanzman en World around us (1958).

Burian

Glanzman

Y bien entrados los 70 sigo siendo representado a remojo, como puedes comprobar en esta soberbia ilustración de 1977 de Berni Wrightson o en el primer capítulo de la serie educativa Érase una vez…el hombre (1978).


En el capítulo que me dedicó James A. Michener en su novela Centennial (1974) hago mi aparición estelar saliendo de las aguas de un lago y dice de mis patas: “Eran enormes, cuatro pilares de gran solidez unidos al torso por juntas de una construcción tan tosca que, aunque la criatura era anfibia, no podía sostenerse fácilmente en tierra firme, donde el agua no la levantaba.”

Puedes ver la diferencia con estas ilustraciones realizadas por John Sibick en los 90 ó por Nobu Tamura en 2012. Observa cómo ha cambiado también la postura de mi cola, erguida para mantener el equilibrio.


Una vez aclarados estos conceptos, debo confesar que si una manifestación artística me ha apasionado, es la música. El británico Dan “Diplo” comenzó tocando en la facultad en los ’90 (compartiendo cartel con el futuro batería de Radiohead) con un combo llamado Diplodocus squad, Thomas Wesley Pentz, popular DJ del pueblo de Elvis (Tupelo, Misisipi) es conocido con el apodo de “Diplo” y el líder del grupo de rock chino 二手玫瑰, que podríamos traducir por Rosa de Segunda Mano, se hace llamar 梁龙 (Liáng lóng), o sea, Diplodocus. Aquí hablamos del single Diplodocus (2008) del grupo de música electrónica holandés Noisia y aquí de la canción infantil Le monde Diplodocus (2012) del cantante galo Nicolas Berton.

Diplodocus Squad

Ya en España, en 1966 Los Relámpagos lanzaron un single con la canción “Diplodocus”, que ese mismo año versionó Rocío Dúrcal en su Lp “Acompáñame”, como nos recuerda Carlos de Miguel en su relato “Todo es culpa de Rocío Dúrcal”.


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[1] En 1913 llegó la copia del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, único dinosaurio montado en España hasta el triceratops que en 1980 exhibió el Instituto de Paleontología de Sabadell.
[2] En realidad Bakker se refirió al brontosaurio, pero sus conclusiones afectaban por extensión a todos los saurópodos.

lunes, 14 de mayo de 2018

Llámame... Ceratosaurio

Dicen quienes me conocen que me pusieron el nombrecito porque reparto cera que da gusto, pero en realidad significa “lagarto con cuerno”. Fue Marsch, el famoso contrincante de Cope en la “Guerra de los Huesos” quien me bautizó en 1884, aunque primero me confundió con un megalosaurio y luego me atribuyó media docena de vértebras extra, dándome el aspecto larguirucho que muestra la ilustración superior de Frank Bond (1899, publicada en 1920) siendo más correcta la inferior, realizada por J.M.Gleeson en 1901, ambas bajo la dirección de Charles R. Knight, quien finalmente se animó a dibujarme por su propia mano en 1904.

Las dos ilustraciones que siguen, obra de Joseph Smit en 1894 y 1905 respectivamente, parecen reflejarse la una en la otra como en un espejo.

 
Aquí tienes la escultura que Joseph Palemberg me erigió en 1909 para presidir el zoo Hagenbeck (Hamburgo).

Esta otra ilustración corresponde al libro Evolution in the past (1912) y es obra de Alice B.Woodward.

Protagonicé la primera película de acción con dinosaurios, Brute Force (1914, D.W. Griffith). Mira a partir de 5:33.



Le cogí realmente gustillo al celuloide, donde enfoqué principalmente mi carrera artística. En Unknown island (1948) me encarnó un señor vestido con un traje de goma. En El mundo animal (1956) estoy a punto de merendarme un stegosaurus cuando llega un primo del pueblo y la liamos de la forma más tonta. Así que en Hace un millón de años (1966) me busco otra presa y procuro alejarme de los precipicios. Le cojí gusto al escalope de triceratops, así que me animé a repetir cena en La tierra olvidada por el tiempo (1975), pero parece que la cosa se torció.

Portada de Roy Krenkel para una edición de 1963 del clásico de Burroughs

Aún así, decidí participar con mi primo –ya habíamos hecho las paces- en la siguiente parte de la trilogía, El pueblo olvidado por el tiempo (1977) -mira a partir de 18:30-. Otras películas, ya en este siglo, en las que puedes verme son Jurasic Park III (2001) o los telefilmes documental When dinosaurs roamed America (2001) y Jurassic fight club (2008).

Escultura de Millard Fillmore Malin, 1964

Zdenek Burian, 1941

En 1941 se animaron a ilustrarme Zdenek Burian y, de nuevo, Knight, cuyo dibujo ha sido mil veces fusilado, como comenta Don Glut en su web, con ejemplos de Superman (Action comics #169, 1954) –dibuja Al Plastino- y otros cómics (Treasure chest, Danger and adventure).

Charles Knight, 1941

Por cierto, que el propio Glut me reserva un papel estelar en el desenlace (1977) de su serie Tragg and the sky gods, dibujado por Dan Spiegle. Otras apariciones que he efectuado en viñetas incluyen Warlord (1975, Mike Grell), “Safety of the herd” en Turok, son of stone #67 (1969) o “The Hunt” (1997)segunda parte de Age of reptiles (Ricardo Delgado)donde un grupo de colegas nos dedicamos a putear a un alosaurio.

The hunt, 1997

William Stout, 1994

Esculturas de Paul Carter, 2014

lunes, 16 de abril de 2018

Llámame... Megalosaurio

Megalosaurus (1962, Neave Parker)

Londres. Acaba de terminar el primer trimestre académico y el rector está sentado en la taberna de Lincoln. Un tiempo implacable de noviembre. Tanto barro en las calles como si las aguas se hubieran vuelto a retirar de la faz de la Tierra y no fuera increíble encontrarse con un megalosaurio de doce o más metros subiendo como un lagarto gigantesco por Holborn Hill.”

Este párrafo al comienzo de Bleak house (1853, Charles Dickens) es la primera referencia literaria a los dinosaurios fuera del mundo de la ciencia. Dickens no vuelve a referirse a fauna extinta en toda la obra y no utiliza el término “dinosaurio”, acuñado en 1841 por Richard Owen para agrupar a Iguanodon, Hylaeosaurus y un servidor de ustedes en un solo género, caracterizado por dedos cortos en el pie, cinco vértebras fundidas en el cinturón pélvico y hábitat terrestre.

Megalosaurus para el Crystal Palace de Richard Owen y Benjamin Waterhouse Hawkins

Sin embargo, Dickens se quedó con ganas de más y llegué a protagonizar una novela completa. Pero no sólo fui el primero en la ficción, también en el terreno de la ciencia: en 1824, muy poco antes de que Gideon Mantell describiera a los otros dos dinosaurios recién citados, William Buckland me bautizó en Transactions of the Geological Society como “Reptil gigante”.

Illustrated Natural History of the Animal Kingdom (1859, Samuel Griswold Goodrich)

En realidad, fui descubierto muchos años antes, en 1677, por Robert Plot, que en su Historia Natural de Oxfordshire describe un fragmento de hueso encontrado en una cantera de Cornwell el año anterior como la base del fémur de un animal hasta entonces desconocido. Afortunadamente, será Megalosaurus el que trascienda y no el primer nombre con el que graciosamente me bautizó en 1763 Richard Brookes, de conformidad con la creencia de la época en la existencia de gigantes: Scrotum humanum.

Tengo que desmentir públicamente mi animadversión por el bueno de iguanodón. Al comienzo del paleoarte, al ser pocos los dinosaurios conocidos, las opciones a la hora de enfrentar contrincantes en épicas batallas mesozoicas se reducían bastante. Así, pese a que iguanodón pertenece al Cretácico y servidor al Jurásico, muchos artistas decidieron que éramos los rivales perfectos, como Edouard Riou en La tierra antes del diluvio (1863, Louis Figuier) o James William Buel en Tierra y Mar (1887).

Buel me retrató tomando un canapé de iguanodón

Lo que es de justicia reconocerles es que son los ingleses quienes me han dedicado mayor atención. Y no sólo Dickens y Owen. En cuanto a mis apariciones en el cine, guardo un buen recuerdo de la británica When dinosaurs ruled the Earth (1970, Val Guest).

En el cómic protagonicé March of the mighty ones (1975) ilustrado por Mike White, que destacó en la inglesa 2000 A.D., donde escribió un puñado de guiones el australiano John Brosnan, en cuya novela –bajo el pseudónimo Harry Adam Knight- Carnosaurio (1984) tengo un importante papel, aunque incomprensiblemente no me ofrecieron ningún papel en su adaptación al celuloide por Roger Corman en 1993.

También he participado en videojuegos como Ark e incluso en juegos de cartas, como el diseñado en 1992 por Dave Marrs y Lynette Cook (bajo estas líneas).

Pero cuando más he disfrutado ha sido dando vida a Earl Sinclair en la serie de televisión Dinosaurios (1991).

¡Peque, ya estoy en casa!

lunes, 12 de marzo de 2018

Llámame... Velociraptor

The velociraptor hunting dance (2013, Emily Willoughby)

Todo el mundo es inocente hasta que no se demuestre lo contrario, o al menos eso dicen. En mi caso no ha sido así desde luego. Desde que Roy Chapman Andrews y sus colegas me descubrieron en el Gobi, allá por los años 20, mi fama de chorizo me ha precedido. Raptor, que es como se me conoce abreviadamente, significa precisamente eso. Y todo por el hallazgo cercano de unos huevos que creyeron de protoceratops, como si una raptor no pusiera sus propios huevos. En fin, la Guerra Fría terminó con las incursiones de esos difamadores yanquis y desde entonces me las entendí con los rusos y los chinos hasta que Hollywood terminó por sucumbir a mi potencial depredador.

Jurassic Park

Mi papel estelar en la novela de Michael Crichton Jurassic Park (1990) y su posterior adaptación a la gran pantalla por Steven Spielberg en 1993 me catapultó inmediatamente al estrellato y los estudios de cine y televisión se me rifan desde entonces [1]. Debo confesar que prefiero mi papel como el detective Vicent Rubio en la saga Anonymous rex [2] (1991) de Eric García o el enfoque subjetivo con que el paleontólogo Robert T. Bakker (1945) –que asesoró sobre mi participación en Jurassic Park- me hace protagonizar Raptor Red (1995).

Raptor Red (Ilustración de Luis Rey)

Más recientemente, autores como Christie Sims y Alara Branwen (In the velociraptor’s nest, Running from the raptor o Matting with the raptor) o Chuck Tingle (Space raptor butt invasion) han descubierto mi faceta más sexy. Lo que no quita que tenga mi lado tierno, por supuesto, como demuestra que también protagonice literatura infantil (valga de ejemplo Captain Raptor and the moon mystery de Kevin O'Malley, con ilustraciones de Patrick O'Brien).

Conan Raptors (Sanjulián)

Los autores de cómic no han sido inmunes a este boom y algunos, como el guionista Steve Englehart, me han dedicado muchas páginas [3]. Uno que me hace mucha gracia es el gore L.A.Raptor (1995, Morbid Graphics). En 2009, por obra y gracia del escritor Marc Guggenheim y el dibujante Pat Oliffe, Spiderman se enfrentará a Damon Rider, un científico que juguetea con el ADN de dinosaurios y acaba transformándose en Raptor. Aunque mi favorito, sin duda alguna, es Cavewoman Raptor (2002, Devon Massey), que narra mi romance con la mollar amazona creada por Bud Roots en 1993.

Velociraptor vs. Protoceratops (2003, Raúl Martín)

Pero si hay un terreno que domine son los videojuegos: Dino Crisis, Zoo Tycoon, Tekken, Tomb Raider, World of Warcraft, Turok, Guild Wars…

Un conocido equipo de baloncesto, los Toronto Raptors (1993), me adoptó como mascota [4], y los Raptors, un grupo musical [5] que editó su único Lp en 1995 (debajo tienes la portada), prefirieron llamarse como yo antes que como los Beatles; ahí lo dejo.


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[1] Valgan como ejemplo Raptor (2001, Jim Wynorski), Raptor ranch/The dinosaur experiment (2012, Dan Bishop), Raptor island (2004, Santley Isaacs), Planet raptor (2007, Gary Jones), mis apariciones en las animadas Beast Wars y la franquicia En busca del valle encantado o en los documentales Dinosaur Planet, Walking with Dinosaurs o La verdad sobre los dinosaurios asesinos... ¡y dale con acusarlo a uno de delincuente! Todos tenemos que comer, ¿no?
[2] De la que en 2004 se produjo un telefilme de dos horas con actores y animaciones de Marc Louge como piloto para una serie que no se llegó a realizar.
[3] Jurassic Park Raptor (1993, dibujan Armando Gil y Delfin Barras), Jurassic Park Raptors Attack (1994, Armando Gil y Carrillo) o Jurassic Park Raptors Hijack (1994, Neil Vokes y Rankin).
[4] Luego ha habido más, como los Raptors (2010), equipo de fútbol americano de Costa Rica.
[5] Además, Norma Jean bautizó su gira de 2005 “Velociraptour” y el grupo indie británico Kasabian llamó a su cuarto Lp “Velociraptor!” (2011).

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