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lunes, 19 de septiembre de 2022

La Voz del Mesozoico (XVIII): La Vanguardia

Jarko (Ric M. Torres/Armando V. de Guzmán), clásico del cómic filipino

Antes de nada, aclararemos que no vamos a tratar aquí del diario catalán por antonomasia, sino de otro clásico, pero editado algo más lejos: en Filipinas, país con el que nos une un pasado común y patria de más dibujantes de cómic de los que crees (y si no, échale un ojo a las cinco entregas de nuestra serie “Filidinos”).

Tras el precedente de las “Hojas volantes”, que daban noticias de la Metrópolis o de la llegada de barcos desde el siglo XVIII, o los quince números de la cabecera oficial Del Superior Gobierno (1811), la prensa filipina comienza su desarrollo en 1821, siempre bajo la atenta mirada de la censura española y, por supuesto, en castellano [1]. En 1847 aparece el primer diario, La Esperanza, pero como sucedió en España, la verdadera expansión del género se produce en la segunda mitad del XIX. El diario más vendido y longevo fue El Comercio (1869), que se fusionó en 1926 con La Opinión. Tras la independencia, el español siguió siendo la lengua dominante en la prensa durante dos décadas, aunque Estados Unidos emprendió una campaña contra su uso desde el primer momento y, tras la II Guerra Mundial, se convirtió ya en marginal [2].

Martín Ocampo (a la izquierda)

El Renacimiento (1901-1910, Manila), de Martín Ocampo, fue uno de estos diarios nacionalistas que utilizó el español para marcar distancias con el nuevo colono norteamericano. En 1908 era el diario con mayor difusión del archipiélago [3] y acabó siendo vendido para pagar las costas tras ser demandado por el Secretario del Interior del Gobierno insular, Dean Conant Worcester, que se sintió aludido como el funcionario norteamericano corrupto mencionado sin nombrar en el artículo “Aves de rapiña”.

En 1910, Ocampo fundó su sustituto, La Vanguardia (1910-1944, Manila). Pero, claro, ya os habréis imaginado que no lo traemos a colación sólo por su resistencia contra el invasor y afinidad con España. En sus páginas aparecerán dinosaurios con cierta frecuencia, en particular a mediados de los años 30...

El sábado 20 de mayo de 1933, La Vanguardia informa que “Un comité de damas de la alta sociedad neoyorquina presentó al Sr. Merian C. Cooper, a nombre de la Asociación Femenil (sic) de Comercio (Women’s Chamber of Commerce), un certificado de alto mérito por la notable técnica de que se hace alarde en la super-película ‘KING KONG’”. El estreno filipino tuvo lugar el lunes 29 de mayo en el cine “Radio” de Manila, y el 31 aparecen los primeras comentarios en La Vanguardia, cuyos críticos no parecen haber visto antes un dinosaurio: “En esta película sensacional aparece un mono de cincuenta pies de altura, más alto que los árboles de la selva, el cual entabla una lucha con animales raros y feroces.” El sábado 3 de junio, La Vanguardia publica las protestas de algunos aficionados que llegan desde diversos puntos de Luzón con la intención de ver la película y se encuentran con que no quedan localidades. Así, el 28 de junio se comenta que el filme “comenzó a exhibirse el lunes en el cine Radio por segunda vez, para dar oportunidad a los estudiantes de provincias que se hallan de nuevo en la ciudad de Manila” y a pesar del mal tiempo, el éxito de público fue total.

King Kluk (1933, Walter Lantz)

El 1 de julio presenta una nueva y breve reseña de la película (y durante varios meses hay cuñas a lo largo del periódico con frecuencia), que comienza “El poder de la mujer sobre la bestia se presenta en su última fuerza absoluta en la película superimaginativa ‘King Kong’...” Y el día 5, Miguelida firma “De la necesidad nace el ingenio. ¿Otra cinta parecida a King Kong?” (este artículo fue reimpreso en la barcelonesa El Día Gráfico el día 18) en la que alaba la labor de Willis O’Brien, el “mago” de Oakland, que “conoce al dedillo la vida y detalle de los monstruos prehistóricos y tiene la extraña facultad de hacerlos revivir en la pantalla”, y traduce las declaraciones de Cooper relatando la gestación y desarrollo del filme. El 12 de julio, La Vanguardia anuncia que, tras dos meses en el Radio, “King Kong” se exhibirá el fin de semana en el Gaiety. El día 15 confirma el “lleno rebosante” del teatro. El 26 de agosto, el diario informa que “’King Kong’ provoca un pleito entre un cine y la Acme Films”; al parecer, el dueño del local, Emilio Strebel, reclamaba a la compañía 2.500 pesos en concepto de daños y perjuicios, si bien no nos aclaran por qué. Además, el 3 de noviembre de 1933, La Vanguardia anunció el estreno del corto paródico King Klunk.

Jack Swift & His Rocket Ship

Naturalmente, el cine no es la única influencia norteamericana que se deja sentir en el diario. Mientras en España, las tiras de prensa como Flash Gordon (con los dinosauroides de Mongo) se publicaron en cuadernillos de historietas impulsados por la editorial Hispano Americana, en Filipinas se tradujeron al castellano sin cambiar de formato, llegando por tanto directamente al público adulto. Estas viñetas inspirarán sin duda a los artistas locales que, tras el antecedente de Tony Velásquez y su Kenkoy (1926), pondrán en marcha la industria tras la guerra y acabarán llamando la atención de las grandes editoras de comic-book yanquis.

En el número del 21 de febrero de 1934 de La Vanguardia apareció una tira de Jack Swift & His Rocket Ship (1930, Cliff Farrell y Hal Colson) con un brontosaurio y un tiranosaurio; los bocadillos fueron vaciados de texto para colocarlo a pie de viñeta. El 14 de marzo, Jack decide utilizar a los brontosaurios para remolcar su avión.

El 15 de septiembre de 1934, W. W. Powell publicó “Monstruos que ya no viven. Fósiles de gigantescos mosasauros en el Museo de Ottawa”.

Bruce, un mosasaurio muy popular en Canadá

El 28 de noviembre, John Lardner publicó el artículo “El gran califa del boxeo mundial reina en París”, sobre Jefferson Davis Dikson, donde describe las caídas de Joe Beckett a la lona del siguiente modo: “daba una serie de vueltas sobre el piso, deteniéndose al fin con las piernas en alto, como un dinosaurio moribundo.”

En la siguiente página, Tarzán se enfrentaba a un pájaro gigante en una tira de cómic de su aventura “Tarzán en el interior de la Tierra”, con dibujos de Rex Maxon. En este caso no fue necesario inutilizar los bocadillos. En la tira que publicó el diario el 24 de noviembre, un pteranodon ataca a una avioneta en el cómic y el 18 de diciembre Tarzán es llevado por los aires por un pterodáctilo. En la del 12 de enero de 1935, el hombre-mono es atacado por un estegosaurio saltarín y en la del 24 de junio monta sobre un gryf –ya les habíamos visto en la tira del 13 de abril- en “Tarzán, el terrible”, del mismo dibujante.

Otra tira habitual de La Vanguardia fue la de la intrépida aviadora Connie, que derivó a la ciencia-ficción, introduciendo viajes en el tiempo o el espacio, encontrando dinosauroides a lo ancho del Sistema Solar.


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[1] La primera revista que introdujo contenidos en otra lengua fue El Pasig (1862) y el primer periódico bilingüe, en tagalo y español, fue Diariong Tagalog (1882).
[2] Isabel, C. (2017) “Nacimiento y evolución de la prensa en Filipinas en el siglo XIX: De los intereses españoles al nacionalismo filipino”, en Revista Internacional de Historia de la Comunicación 8, pp.1-24.
[3] Checa Godoy, A. (2015) “La prensa filipina en español entre dos guerras (1899-1941)”, en Revista Internacional de Historia de la Comunicación 4, pp. 22-51.

lunes, 12 de septiembre de 2022

La Voz del Mesozoico (XVII): Caras y Caretas

Cuna de los mayores saurópodos del planeta, Argentina ha estado siempre atenta a las novedades paleontológicas internacionales. En la entrada de hoy vamos a dar un pequeño repaso a sus titulares (y contenidos) en la prensa prebélica.

Réplica del Diplodocus carnegiei del Museo de La Plata (enfoque "chibi")

En 1868, se publicó en La Revista de Buenos Aires “Las Cordilleras. Un viaje a través de Los Andes”, del chileno José Victorino Lastarria, en la que se describen los alrededores de Uspallata y un valle jurásico, donde el autor rememora la fauna conocida de la época: “el ichtosauro (sic), lagarto pescado de siete metros de largo, el plesiosaurio, que tenía un cuello de serpiente de sesenta vértebras, como lo muestra su esqueleto; el horroroso pterodáctilo, con cabeza y cuello de pájaro, tronco y cola de mamífero, y patas y alas de vampiro; y esa especie de cocodrilo o lagarto de veinte metros de largo, que llaman los sabios megalosauro y cuyos pies debían parecerse, según Humboldt, a los de los más pesados mamíferos terrestres.”

Fundado por el argentino Héctor Varela, El Americano (1872-1873) fue editado en París con objeto de difundir en Europa la cultura Latinoamericana. El 3 de marzo de 1873, la sección de “Apuntes de viaje” de Santiago Estrada recorrió los Andes, desde cuyas cumbres “El geólogo entonces le hará ver que esos cerros son monumento de sepultura de millares de generaciones enteras de animales cuyas especies y familias han vivido en esos primeros días de la creación...” y así, “hablará del animal llamado plesiosauro, no de menos tamaño ni de organización menos extraña que los anteriores, animal que tenia cabeza de lagarto, dientes de cocodrilo, cuello de cisne, cuerpo como el de cualquier cuadrúpedo y remos de ballena; en fin, mostrará á la imaginación del poeta unos reptiles volantes de aquella época, que tenían alas de murciélago y la boca armada con sesenta grandes dientes”. 

En 1886, el poeta y humorista burgalés Eustaquio Pellicer (1859-1937) llegó a Montevideo, donde fundó la revista Caras y Caretas (1890-1897). Trasladado a Buenos Aires, recuperó allí esta cabecera, que le sobrevivió hasta 1939 y será recuperada en los años 50 y 80, habiendo iniciado una nueva etapa en 2005 que ya hasta nuestros días. También fundó la revista de humor gráfico PBT (1904-1918).

"Baño revuelto en los tiempos prehistóricos"

El 22 de febrero de 1902, Caras y Caretas presenta a Edward Tennyson Reed y su libro “Prehistoric” (Prehistoric Peeps, 1893), del que ofrece una viñeta que traduce como “Baño revuelto en los tiempos prehistóricos”, repleta de extraños reptiles antediluvianos. El 12 de octubre de 1907, fusila el artículo publicado dos años antes por la madrileña Alrededor del mundo “Si existieran los animales prehistóricos”. El 27 de junio de 1908, Caras y Caretas informa del diplodocus que Carnegie ha donado al Museo de Ciencias Naturales de París. El 25 de julio de 1908, presenta al Naosaurio –Edaphosaurus-, ilustrándolo tanto en formato fósil como reconstruido. 

El 12 de agosto de 1911 da cuenta de la aparición de “Una momia de dinosaurio”, esto es, el trachodón descubierto con la piel fosilizada que también fue primero noticia (el 8 de marzo) en Alrededor del mundo, si bien en este caso el texto es completamente distinto y se ve enriquecido por las ilustrativas fotografías de Caras y Caretas. Partiendo de las mismas tesis que Diario Universal ocho meses antes (como vimos en la tercera entrega de esta serie), el 5 de octubre de 1912 Caras y Caretas se embarca en un artículo de ficción especulativa que dará mucho juego a nuestros creadores: “¿Están habitados los planetas?” Calcula que Venus debe estar en una edad cercana a nuestro Mesozoico, por lo que debe tener fauna similar (diplodocus, pterodáctilos...); este artículo fue reeditado en El Progreso el 7 de febrero de 1919.

El 20 de septiembre de 1913, el diario reproduce esta muestra de humor gráfico del paleoartista Lawson Wood. La Nochevieja de 1915, en “Notas paleontológicas argentinas”, se dedicó a repasar los fósiles locales, como el brontosaurio o el iguanodón que se exponen en el Museo de La Plata.

Caras y Caretas del 31/12/1915

El 18 de marzo, el director del Zoo de Buenos Aires publica una carta que ha recibido un par de meses antes que recoge un testimonio de avistamiento de un plesiosaurio en la Pampa y comunica que va a salir una expedición en su busca... La prensa internacional se hizo eco del evento, y de cómo la expedición se volverá con las mismas unos meses después.

El 21 de noviembre de 1925 presentan al “Autómata gigantesco” de Messmore & Damon (Damson, según la revista). El 30 de octubre de 1926 publicó un artículo sobre “El Diplodocus”. El 6 de noviembre de 1926, “Nanuk” firma otro sobre el iguanodón, con fotografías de Vargas Machuca, que contiene algunas revelaciones interesantes: según el autor, “es un hecho comprobado que las proporciones gigantescas de los seres vivos señalan los últimos ejemplares de su raza” (de manera que el tamaño de los dinosaurios sería precisamente la causa de su perdición), y el iguanodón “pertenece al grupo de los ornistípicos (sic) y puede ser considerado hasta cierto punto como un antecesor de las aves” (en tanto tiene la pelvis similar, las extremidades anteriores reducidas y postura bípeda). El 26 de marzo de 1927 apareció en la revista este chiste gráfico de sabor antediluviano.


Ángel Cabrera en el Chubut

El 28 de julio de 1928, Fernán Félix de Amador dedicó un artículo a “El doctor Ángel Cabrera. Jefe de la Sección Paleontológica del Museo del Plata”, al que retrató en un yacimiento del Chubut junto a un fémur fósil. Conocedores en el diario de la faceta de divulgar de Cabrera en Alrededor del Mundo, le invitaron a participar en Caras y Caretas. El madrileño recogió el guante y ya el 22 de septiembre podemos leer en la revista un artículo de su pluma, “¿Se ha encontrado al animal más grande?”, sobre las increíbles noticias que llegaban desde Asia, que superarían con creces a la ballena azul e incluso a los gigantes de la Patagonia, pues “si el antartosaurio tuviera las proporciones de un diplodoco, mediría unos cuarenta metros de largo” [1]: “al leer los telegramas de la expedición Chapman Andrews, el paleontólogo sonríe y piensa si el telegrafista, en un momento de buen humor, no habrá añadido un cero a esos animales largos de mil pies (¡que son trescientos metros, señores!), y si al hablar de un monstruo con la cabeza de ocho metros de altura, no habrá querido decir que alcanzaba hasta esa altura con la cabeza, lo cual sería muy diferente”.

Comparativa entre la ballena azul, mayor animal actual y Diplodocus (A.Cabrera)

Entre ambos artículos, el 11 de agosto, Caras y Caretas publicó una página de humor gráfico que incluía un par de gags (tomados de la revista norteamericana Life) de ambientación prehistórica, con trogloditas y dinosaurios. El 16 de noviembre de 1929 se publicó un apunte casi telegráfico en la página de curiosidades, indicando que el mayor animal conocido fue el brontosaurio; se reeditó el 22 de marzo de 1930.


Ángel Cabrera volvió a colaborar con la revista. El 15 de mayo de 1929, publicó “Cuando volaban los lagartos”, del que nos ha hecho gracia la ilustración y descripción del “Pterodóntico”, “mitad murciélago, mitad pollo desplumado”. El 25 de mayo de 1929, publicó un interesantísimo artículo sobre “Los dinosaurios argentinos”, en el que explica que los titanosaurios de la Patagonia se parecen más a los dinosaurios de La India que a los encontrados en el hemisferio Norte. Y el que firmó el 22 de febrero de 1930, “África, país de dinosaurios”, incluía esta soberbia ilustración de Brachiosaurus de “el profesor Abel, de Viena”, y otra de una vértebra de espinosaurio, da cuenta del primer fósil de dinosaurio hallado en Marruecos que no data de hace 300.000 años como se ha dicho, sino de unos 130 millones de ellos. El 11 de abril de 1931, publica “Huevos de millones de años”. El artículo del 10 de junio de 1933 del profesor Cabrera para Caras y Caretas se titula “Cerebros por partida doble” y expone las creencias de la época sobre los diferentes centros nerviosos de los saurópodos o el estegosaurio, acompañando dibujos del autor.

El 19 de diciembre de 1931, se publica en la revista “El primer día del hombre”, en donde se habla de las especies que le precedieron y se aventuran las causas de la extinción de los dinosaurios: “Quizá cambió el clima; tal vez su enorme desarrollo no les permitía andar, nadar ni reptar. Murieron de consunción, por no poder moverse, después de agotar todo cuanto les rodeaba”.

Nessie (Caras y Caretas, 3 de marzo de 1934)

Los números de 2 de diciembre de 1933 y 3 de marzo de 1934 nos ponen al día de la última noticia criptozoológica: la prensa británica ha alertado del avistamiento de un animal que podría ser otro (o un brontosaurio, según el medio) en el escocés lago Ness. El 2 de noviembre de 1935, el diario recuerda esta y muchas otras leyendas en el artículo “Monstruos y serpientes de mar fantásticos”. El 31 de marzo de 1934 se publica en la revista “Una colección de dinosaurios en peligro”, que explica que la pirita incrustada en los fósiles de los Iguanodon bernissartis del Museo Real de Historia Natural de Bruselas se oxida, resquebrajando los huesos, por lo que necesitan un tratamiento especial con disoluciones de gelatina para luego ser cubiertos con una sustancia protectora y resguardados tras mamparas de cristal.

Saneando los huesos de Iguanodon bernissartis

El 25 de enero de 1936, Caras y caretas incluye una breve reseña sobre animales del Mesozoico en media columna titulada “Bichitos”. El 29 de septiembre incluyó un artículo a doble página sobre “Los dinosaurios”. El 26 de diciembre incluyó un chiste gráfico de Le Rire en el que un troglodita que acaba de cazar un saurópodo se queja de que “Ahora mi mujer me hará comer carne de brontosaurio lo menos durante un año”. El 30 de julio de 1938, en la sección “A lo mejor Ud. no sabe que..” se decía que “Con un trabajo que ha durado nada menos que seis años, dos técnicos del Museo Nacional de Historia Natural de Nueva York han conseguido armar el esqueleto de un dinosaurio, compuesto de veinte mil piezas”.

Caras y Caretas (26 de diciembre de 1936)

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[1] Si bien, a renglón seguido, Cabrera añade que, según Friedrich von Huene, Antarctosaurus tendría cuello y cola bastante cortos, por lo que sería más corto que Diplodocus, que mantendría el título de animal extinto más grande.

lunes, 5 de septiembre de 2022

La Voz del Mesozoico (XVI): Diario de la Marina

Isidoro Araújo

Diario de la Marina fue un periódico conservador publicado en La Habana entre 1844 y 1960. Sucesor de El Noticioso y Lucero de La Habana (1832-1844), fusión de dos periódicos previos, fue fundado por el gallego (de Vigo) Isidoro Araújo de Lira. Siguió publicándose tras la Guerra de Cuba y contenía abundante información sobre la “madre patria”, e incluso hubo una edición madrileña en 1901-1931 [1]. Fue expropiado tras la Revolución Castrista. 

El 27 de junio de 1901, Diario de la Marina informaba que el British Museum había recibido un ictiosaurio aparecido en las canteras de los señores Haye, en Stockton (Warwickshire), donde hoy lo recuerda esta señal de tráfico tan salada; esta noticia fue reeditada en La Correspondencia Alicantina o El Eco de Santiago el 5 de julio. El 28 de enero de 1910, incluyó la traducción de un fragmento de El fin del mundo en el que Camille Flammarion da un repaso a la fauna mesozoica. El 23 de diciembre, el diario explica que el último dinosaurio desapareció en el Jurásico, esto es, hace cuatro mil años. El 25 de julio de 1911, Tomás Servando Gutiérrez publica una crónica de la Exposición Colonial de Londres, en cuya sección paleontológica se pueden contemplar un plesiosaurio o un triceratops.

Triceratops del Muséum National d'Histoire Naturelle

El 9 de febrero de 1912 publica el artículo “Los titanes modernos” en el que alaba el maquinismo como símbolo del potencial humano, del mismo modo que los grandes saurios dominaron el planeta. El 16 de abril de 1913 reproduce la noticia sobre la llegada de Triceratops al Museo de Historia Natural de París publicada el 13 de marzo de 1913 en La Correspondencia de España.

Diplodocus del Museo de La Plata

El 21 de julio publicó una breve reseña sobre Diplodocus carnegiei, donado recientemente al argentino Museo de La Plata, y el 12 de noviembre se hace eco de la donación de la réplica española. El 29 de noviembre publicó el artículo sobre la conferencia de William Jacob Holland que reprodujo España Libre al día siguiente, y el 2 de enero de 1914 “El Diplodoco y su esqueleto”, criticando la desinformación de la prensa en torno a este animal, ambos han sido ya comentados en la entrada “Bienvenido, Míster Carnegie”.

Ictiosaurio a la tinta de belemnites, de Henry de la Beche

El 7 de agosto de 1915, en el artículo “El humo, elemento de defensa”, el diario cuenta que “En la Sociedad Geológica de Londres se conserva un dibujo de una cabeza de ictiosaurio, hecho con la tinta obtenida de un cefalópodo fósil, llamado belemnita, que se encontró cerca de la cabeza representada en el dibujo.” No hemos localizado dicho dibujo que, en todo caso representaría una silueta invertida del saurio. Sin embargo, aquí hemos leído que Henry de la Beche afirmó haber realizado en 1834 este dibujo de la cabeza de un ictiosaurio con tinta (no fosilizada) de belemnites. Parece que la pionera en la técnica de la “sepia fósil” fue la propia Mary Anning.

El 16 de marzo de 1920, Diario de la Marina publica “Un animal de hace 60.000.000 años”, sobre el Deinodón (nomen dubium) descubierto por Charles H. Stenberg en Red Deer. El 1 de diciembre de 1920 este diario informa casi telegráficamente: “El animal mayor que se ha visto es el atlantosauro, del cual se descubrieron los restos fósiles en el jurásico superior del Colorado. Era un reptil dinosaurio que medía 40 metros de longitud.” Este texto será reeditado a modo de curiosa cuña publicitaria, que completa el 26 de septiembre de 1921 con: “Verdaderamente yo he visto muchos reptiles, pero de ese tamaño nunca vi ninguno, como tampoco he visto casa más surtida de semillas para flores y plantas que la de Alberto R. Langwlth de obispo 66”, o el 3 de enero de 1922 con: “Y la casa más famosa en artículos de ropa interior para caballeros es la formidable Rusquella de Obispo 108, compre allí su albornoz para baño, los tiene de todos precios”. El 29 de diciembre del último año, la cuña degenera ya en chascarrillo y a la presentación de Atlantosaurio sigue: “¿Qué político ha visto usted que midiera eso?”.

Atlantosaurus (Camille Flammarion, 1886)

El 12 de marzo de 1922, se informa que ha sido visto un misterioso animal en la Pampa al que pronto se identifica como un plesiosaurio... el director de Zoo de Buenos Aires organizará un excursión para atraparlo de la que se hará eco la prensa internacional (y que se cancelará pocos meses después a la vista de los resultados). El 7 de febrero de 1923, el diario publica “Se descubre el cráneo y el esqueleto de un dinosaurio”, pero sólo concreta que el hallazgo se produjo en Mongolia Central. 

El 29 de mayo de 1924, la contraportada del Diario de la Marina se hace eco de una noticia cuando menos sorprendente en torno a unos huevos de dinosaurio hallados en Siberia, “comprobando el hallazgo que el ‘dinosaurio’ norteamericano desciende del que habita el Norte de Asia desde hace diez millones de años. Los huevos hallados tienen la yema como una piedra. Tanto es así, que, con ellos, es mal negocio dar en la yema. Pero los americanos parece que perfeccionaron la calidad de los huevos, ya que los que nos están enviando, en vez de tener la yema dura, la tienen tan blanda que se deshace. Se nos dirá que estos que nos remiten, no son huevos de ‘dinosaurio’. Pero, no basta decir una cosa, hay que demostrarla. Y a nosotros no hay quien nos quite de la cabeza que son de ‘dinosaurio’ fijándonos en la edad fácilmente calculable de los mismos.” Ignoramos el método de datación al que hace referencia el periodista (¿tal vez la fecha de caducidad impresa en los huevos?) pero su forma de invertir la carga de la prueba no parece propia del método científico.

Los huevos (con perdón) de Roy Chapman Andrews

El 1 de junio de 1924, el diario publica en una columna “En busca del origen del hombre” donde asegura que el yacimiento descubierto por Chapman estaba poblado por monstruos antediluvianos siendo “probablemente también la cuna del hombre primitivo”. Y en la portada del 4 de enero de 1925 encontramos “En las Montañas Rocosas aparecen las huellas dejadas por un monstruo antediluviano”, que da cuenta de unas icnitas de 16 por 13 pies que, según C.W. Gillmore muestran un paso de 53 pulgadas [2]. El 17 de abril informa que Roy Chapman Andrews ha vuelto al Gobi “A buscar restos humanos contemporáneos del dinosauro”. El 25 de abril da cuenta del petroglifo de Havasupai, que hemos comentado en capítulos previos

El 26 de mayo publicó un apunte sobre “El mamífero terrestre más grande”, en torno al baluchiterio (hoy, sinónimo de Paraceratherium), que habría sido descubierto por la expedición norteamericana al Gobi que encontró los huevos de dinosaurio [3]. Cuatro días más tarde, el Diario de la Marina informaba que Chapman había encontrado también fósiles humanos y herramientas de piedra pulimentada [4]. El 20 de agosto, el diario amplía esta información con las “Sensacionales declaraciones hechas por el jefe de la expedición del Museo Americano hecha a Mongolia”, donde da cuenta de la expulsión de los científicos por las autoridades chinas tras haber encontrado “cáscaras de huevo de dinosaurio cuidadosamente bordadas para fines ornamentales”. Y el 12 de noviembre de 1925 incluye una reseña del filme El mundo perdido.

El 22 de enero de 1926, Diario de la Marina informa de una nueva salida de Andrews hacia el Gobi. El 3 de julio de 1926, el diario da cuenta de un aeroplano sin cola, cuyo inventor se inspiró en la anatomía del pterodáctilo [5], y va a ser exhibido en las maniobras de las Fuerzas Aéreas Británicas. El número de 2 de agosto de 1928 parece volver a referirse a este artefacto, un aeroplano sin cola al que se ha puesto el nombre de “Pterodáctilo” y ya nos hemos referido en una entrada anterior [6].

Trachodon fosilizado con su piel

El 18 de noviembre de 1926 informa del descubrimiento del hallazgo de un ejemplar de Trachodon que ha conservado la piel fosilizada. El editor aprovecha la noticia para colar publicidad del modo más grosero: “El ‘Trachodon’ a cuya momia nos referimos, sin omitir recordarle al lector la casa de los señores Bahamonde y Co., de Obrapía 105, por si necesita dinero a préstamo, mide diez metros de largo total, por cinco de alto.” El 15 de febrero de 1928 presenta “Los restos de un monstruo que tenía tres ojos", nuestro viejo conocido el enorme [7] plesiosaurio hallado en una cantera de Harbury (Gran Bretaña) que podría haber utilizado ese ojo extra a modo de periscopio. El 17 de septiembre, el diario informe del hallazgo de un nuevo plesiosaurio en Warwickshire. El 17 de febrero de 1929, reeditó este chiste de Buen Humor. El 1 de septiembre de 1930, el diario informa telegráficamente que “En la jurisdicción de Costepeque –Coatepeque (El Salvador)- han sido encontrados restos fósiles de un ictiosaurio”.

El laboratorio de Barnum Brown (Diario de la Marina, 1933)

En una de sus particulares reflexiones comerciales-paleontológicas, el número del 25 de octubre de 1931 introducía en la reseña “Negocios centenarios” este comentario: “No son muchas las empresas que viven más allá de cien años, ¿Por qué? Acaso por falta de adaptación al peso de los hechos (...) A través de las edades perduran sólo aquellas especies que se acomodan a la ley mimética. Animales antediluvianos como el dinosaurios, que pesaba 30 toneladas y poseía dos libras escasas de cerebro, se extinguieron por su incapacidad evolutiva.” El 7 de julio de 1933 publica una fotografía del taller de Barnum Brown, enfrascado en ensamblar “las 20.000 piezas de lo que en definitiva será el esqueleto de un gigantesco dinosaurio, muerto hace 120 millones de años”. El 23 de febrero de 1935 publica una nueva fotografía de Brown, esta vez junto a Roland T. Bird y una caja de fósiles. El 1 de enero de 1938, el Diario de la Marina publicó una fotografía de la carroza “Megalosauro antediluviano” que el barrio de la Loma presentó al desfile del 24 de diciembre previo en “Las Parrandas de Caibarién”, obra del popular Jaimito.

El "Megalosauro antediluviano" de La Loma

El 11 de junio de 1939, el Dr. Julio Cantala publica “El más importante acontecimiento biológico del siglo XX”, en torno al descubrimiento de celacanto, donde aprovecha para plantear la verosimilitud de la leyenda del “monstruo del Lago Ness” o el supuesto dinosaurio visto vivo en la Patagonia. El 27 de marzo de 1940, en el “Epistolario de Oteyza” podemos leer sobre el supuesto lugar central del hombre en la obra divina que “’el rey de la creación’ había de considerarse al dinosaurio (...) Somos los hombres tan grandes bestias como los dinosaurios. ¡Ah! Y que los dinosaurios perdonen la comparación. Estos animales enormes en peso y en fuerza, no utilizaban el uno para aplastar y la otra para destruir. Dejemos, empero, a los dinosaurios, que desaparecieron hace cien millones de años de la superficie del planeta, y vamos con quienes actualmente sobre ésta andamos haciendo bestialidades”. Además, en 1929, Diario de la Marina publicó por entrega la novela de E. R. Burroughs Tarzan the Terrible, donde el hombre-mono se las ve con los “gryfs”, especie de ceratópsidos oriunda de Pellucidar.

Tarzan the Terrible (ilustración de J. Allen St. John)

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[1] El 23 de enero de 1923, presenta en una columna el breve artículo “Lagarto, lagarto”, dando cuenta de las prospecciones paleontológicas en la Patagonia, donde se han extraído fémures de 2,70 metros.
[2] Esto es, el área de las huellas tendría cinco por cuatro metros, y el paso equivaldría a 1,34 metros.
[3] Chapman amplió bastante los conocimientos sobre la fauna del Oligoceno, pero el holotipo fue descubierto en los primeros años del siglo en Paquistán y descrito por Clive Foster Cooper en 1911.
[4] Como sabemos, el origen de la expedición fue demostrar que los primeros hombres procedían de Asia y no de África, lo que fue un fiasco, si bien paleontológicamente el éxito fue rotundo.
[5] Como vimos, ya en 1903 el pionero de la aviación Samuel Pierpoint Langley había inventado un aeroplano inspirado en las alas del pterodáctilo...
[6] Esta noticia la reprodujo el día 11 El Día de Palencia y el 26 de mayo de 1932 La Voz de Aragón dedicó un artículo al “Pterodáctilo Mark IV” de G. T. R. Hill.
[7] El diario afirma que mide el triple que cualquiera de los encontrados hasta entonces: 16 pies (cinco metros). Se trataría en realidad de Macroplata tenuiceps, plesiosaurio rhomaleosáurido del Jurásico Inferior.

lunes, 29 de agosto de 2022

La Voz del Mesozoico (XV): King Kong

King Kong se estrenó en Madrid el lunes, 9 de octubre de 1933. Su éxito no tuvo precedentes y la mayoría de los diarios se hicieron eco de la première. De hecho, el filme suscitó gran interés desde que se tuvo noticia del rodaje: El 27 de octubre de 1932, el cubano Diario de la Marina publicó que RKO estudiaba producir un filme negro según una idea de Merian C. Cooper que “será tan sensacional como ‘King Kong’” (aunque aún no se había estrenado) para la que, el 14 de noviembre, informa que el técnico de sonido Murray Spivak ha encontrado alaridos para imitar a varios animales prehistóricos, y el 26 de diciembre, que tras once meses de rodaje a puerta cerrada, van a empezar las grabaciones en exteriores y que, para el final, se ha construido una réplica del Empire State. El 6 de febrero de 1933, el diario informa del final del rodaje y las consiguientes vacaciones (en Panamá y La Habana) de la estrella Fray Wray. Sin embargo, pronto la vemos volver al tajo: el 30 de marzo, Jueves Cinematográfico (1927-1936, suplemento de cine de El Día Gráfico) informa que ya está rodando otro filme en que es atacada por un pulpo gigantesco [1].

El diario filipino La Vanguardia informó puntualmente del éxito de King Kong desde su estreno el 29 de mayo de 1933 en Manila: el público local abarrotó los cines y la crítica se deshizo en elogios. Y el 11 de agosto de 1933, el argentino La Razón publicaba una crítica (reproducida el 3 de septiembre por el barcelonés El Día Gráfico, que también tomó artículos sobre el filme de La Vanguardia) que calificaba a King Kong como “una de las producciones cinematográficas de más audaz realización que sintetiza el poderío y asombroso progreso técnico de la cinematografía norteamericana.” Esta versión actualizada del mito de la bella y la bestia (“vencedor de épicas luchas con otros seres prehistóricos, no menos gigantescos y feroces que él”) llega a tal grado de perfección “que dudamos que durante mucho tiempo la cinematografía pueda producir una obra mecánica comparable”.

Anuncio en El Debate (5 de octubre de 1933)

El 20 de agosto de 1933, El Debate anuncia las bases del concurso organizado por la distribuidora S.I.C.E. para la confección del cartel, con un premio de mil pesetas (el precio del periódico ese día era de 20 céntimos), que se fallará el 20 de septiembre. Entre el 17 y el 23 de septiembre, en la entrada del cine Avenida en la cartelera de numerosos diarios (La Libertad [2], El Debate [3] o La Hoja Oficial del Lunes [4]) se avisa al público (al que se permitía votar): “Vea en los vestíbulos los carteles del concurso King Kong”.

La Libertad (5 de octubre de 1933)

El 14 de septiembre, Jueves Cinematográfico dedica a la película una columna, afirmando que “Desde los tiempos de ‘El mundo perdido’, nadie había abordado una empresa tan costosa [5] y difícil como la de hacer revivir en la pantalla a los monstruos prehistóricos.” Y el día 21 nos informa de la controversia que ha generado en Birmingham, donde se debatió la conveniencia de permitir su exhibición. Al parecer, ya la Junta de Censura Cinematográfica de Sidney había dado el visto bueno con la admonición de “que los exhibidores prevengan a las personas de ‘temperamento’ nervioso de que dicha película no es apropiada para nervios frágiles” [6].

Las críticas fueron unánimes hasta que, tras el visionado, los periodistas vertieron opiniones más personales, al margen de lo que habían leído en la prensa norteamericana: el 11 de octubre, La Libertad explicaba que “Los bosques de plantas colosales, las lagunas sin límites, saurios y reptiles de monstruosas dimensiones y espantable aspecto aparecen ante la asombrada vista del espectador como algo alucinante”, El Debate –a cuyo crítico no acabaron de convencerle, con todo, los efectos de O’Brien- acude al mito medieval del caballero que rescata a la doncella del dragón, “Sólo que la fantasía actual va más lejos que la antigua; si los dragones eran reminiscencias de los monstruos prehistóricos, ahora se abandona la reminiscencia y nos colocamos en plena prehistoria”. El día siguiente, El Debate publica otra crítica, en este caso totalmente rendida a los intereses de R.K.O. y el día 14 (reeditado el 15) La Libertad insiste en su preferencia por “la luchas entre los animales antediluvianos, realizadas de una manera maravillosa gracias a los adelantos de la ciencia y a los medios técnicos del cinematógrafo”. En resumen: lo que más gustó de King Kong fueron los dinosaurios.

Obie y uno de sus dinos

El Noticiero Gaditano dedicó los días 19, 20 (reproducida el día 27 en Las Provincias de Valencia, donde se estrenó el lunes 30 de diciembre) y 21 de octubre sendas columnas en las que manifiesta su total devoción por el filme –estrenado en Cádiz el día 30 en el Gran Teatro Falla- y que “Con absoluto rigor científico, y bajo la dirección de expertos hombres de ciencia, han sido reproducidos los extraños seres que se nos ofrecen en la pantalla”.

Pero no todo fueron buenas críticas: En el número de octubre de la revista especializada Nuestro Cinema, Piqueras reconoce avances técnicos, pero “la idea que sirve de base a King Kong es completa y absolutamente absurda” y, en cuanto a los dinosaurios, “no se ve nada ‘vivo’ sino algo que se mueve a la fuerza. En este sentido, cualquiera lucha de fieras del peor documental al uso, es mucho más emocionante que las luchas ‘gigantosauras’ de King Kong”. El 25 de octubre, Córdoba Deportiva la atacó con el exaltado ánimo propio de un exorcista [7] y, aunque el estreno fue el 21 de octubre, el día 18 Diario de Córdoba ya había publicado una crítica negativa [8] de un crítico que debía haberla visto en Madrid. 

Con todo lo que más nos llama la atención de esta entrega del periódico es un anuncio de la misma página en el que se indica que, en el teatro Duque de Rivas se va a proyectar la película próximamente y como promoción se está repartiendo “una colección de las historietas KING KONG”; el día siguiente –en que también se publicó en el diario republicano cordobés La Voz– aclara que componen la colección “seis preciosas historietas” y el día 20 que se entregaba una cada día (“Pida hoy la número tres”); posiblemente, cada número estuviera protagonizado por un monstruo diferente, a tenor del anuncio publicado el 21 de octubre en El Sur que, tras recordar que “Willis O’Brien ha creado seis colosales monstruos antediluvianos” para el filme, anuncia que al día siguiente se regalarán a los niños las entregas número 4 y 5 de las historietas; el día siguiente, Diario de Córdoba y La Voz anuncian el regalo de las tres últimas entregas [9].

En Junio de 1934, Cine Mundial presenta una reseña de Guaisel de la secuela El hijo de King Kong, que combate con “los vástagos de las criaturas antediluvianas con las que su augusto padre se batió en la otra película.” Esta película se estrenó el 28 de enero de 1935 en Barcelona (la vemos anunciada en el cine Ideal de Alicante en enero del año siguiente), aunque parece que su éxito fue mucho más moderado. El 4 de mayo de 1938, El Progreso anuncia el estreno en el cine “España” de Lugo.



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[1] El secreto del mar (Bellow the Sea; Albert S. Rogell, 1933).
[2] El 21 incluía la cuña de S.I.C.E. “Sugestión”, en referencia a la que Fray Wray ejerce sobre el mono que, “Por ella combate contra el pterodáctilo, el tiranosaurio y otros espantosos monstruos que vivieron hace millares de años”. Los días 5 y 7 de octubre el diario publicó sendas columna promocionales, ante el inminente estreno el Avenida.
[3] El 24 publicó la crítica “Una gran producción de la R.K.O.”, concluyendo que “King Kong es una de las películas de las que puede enorgullecerse la cinematografía y que marcará una fecha memorable en la historia de este arte.” El 5 de octubre la reeditó para promocionar el estreno, y el día 8 editó otra cuña promocional. El 21 la califica de éxito que va camino de batir un récord de permanencia en cartel y público.
[4] El 9 de octubre recordó que se trataba del día el estreno en una breve reseña. Y el 16 informa que sigue proyectándose con gran éxito en el Avenida.
[5] Para dar idea del presupuesto de la súper-producción, el diario explica que sólo las avionetas que destruye el gorila gigante en la escena final costaron 23.000 dólares, monto superior al que manejaba cualquier producción habitual de la época.
[6] También dedicaron columnas a publicitar el filme La Voz de Aragón (se estrenó en el cine Alhambra el día 31), El Día Gráfico, La Nación, Heraldo de Castellón (donde se pasó en el Salón Royal), El Be Negre, Mirador, La Voz de Menorca (donde la vieron en el Teatro Principal de Mahón), El Cantábrico o La Voz de Cantabria (allí la vieron en el cine Pereda). Al Tívoli de Barcelona llegó el lunes 20 de noviembre, como cuenta el miércoles El Día Gráfico.
[7] “Esto no es más que otra película de monstruos de la serie que nos están lanzando los productores norteamericanos. Lo peor es que el público se sienta tan aficionado a estas “monstruosidades”. Bien está la fantasía cuando está nutrida de un idealismo constructivo; pero fantasear disparates y contemplarlos con delectación, aunque se quiera disimular como un gesto ingenuo, viene a ser una especie de degeneración perniciosa y de pésimo gusto”. Sí, amigos, ya lo sospechábamos pero esto lo confirma: somos todos una pandilla de degenerados.
[8] “Desde luego, se advierte un deseo de superación, pero en técnica y procedimientos, no es ni lo corriente, al contrario, vuelve atrás, lo cual no es muy meritorio, toda vez que lo hace para copiar antiguallas de las que el público está harto de ver en la pantalla”. Suponemos que este crítico ya estaba de vuelta tras los dinosaurios de El mundo perdido, pero no creemos justificadas sus palabras.
[9] Las versiones españolas en viñetas de este filme que conocemos datan de 1934 y 1935, respectivamente, por lo que ignoramos a qué historietas se refiere el anuncio. Si algún cordobés puede arrojarnos algo de luz sobre estos tebeos, le estaríamos muy agradecidos.

lunes, 15 de agosto de 2022

La Voz del Mesozoico (XIV): El mundo perdido

Si el diplodocus donado por Carnegie al Museo de Ciencias Naturales en 1913 fue el primer esqueleto de un dinosaurio del que pudimos disfrutar los españoles, una década después la magia del cine les haría cobrar vida ante nuestro ojos. Y la prensa estaba allí para dar testimonio de todo.

Arte y Cinematografía (1910-1936) fue la primera revista cinematográfica no vinculada a intereses comerciales. Pronto se van especializando, y así El Mundo Cinematográfico (1912-1930) y La Vida Gráfica (1913-1920) se centraron en la industria y las instituciones [1]. Otras revistas prebélicas fueron Popular Films (1926-1937), Jueves Cinematográfico (1927-1936) –suplemento de El Día Gráfico-, Nuestro cinema (1932-1935), Cinegramas (1934-1936) o Cinema Sparta (1935-1936). Pero lo cierto es que el cine se hizo pronto hueco en la mayoría de los diarios, muchos con secciones de carteleras dedicadas a informar de los programas en exhibición y críticas más o menos periódicas.

Las tres edades

A comienzos de diciembre de 1924, La Libertad o Heraldo de Madrid anunciaron el estreno del filme de Buster Keaton (aquí conocido como “Pamplinas”) Las tres edades (1923). Sin embargo, olvidaron mencionar que, en la película, “cara de palo” cabalgaba montado en un brontosaurio animado en stop-motion.

Sólo se trataba de una breve escena, así que apenas tuvimos tiempo de disfrutarla. La Libertad volvió a promocionar la cinta, con motivo de su reposición, los días 15 a 19 de marzo del siguiente año; por cierto, en el número del día 17 apareció este gag prehistórico. El 10 de diciembre de 1925, Las Provincias publicó una nueva crítica tras su exhibición en Valencia.

"Tricerabus" de Hojas de Parra

El año en que de verdad descubrimos cómo se movían los dinosaurios fue 1927. El año comenzó con el estreno de la comedia Hojas de Parra (1926, Howard Hawks), que comienza con un prólogo de ambientación prehistórica que recuerda la serie de los Picapiedra: saurópodos-mascota, ceratópsidos utilizados como medio de transporte... Desde comienzos de enero, El Día Gráfico venía anunciando el estreno para el día 23 en el Pathé Cinema y en el Capitol de Madrid. El día 24, El Heraldo de Castellón informó del estreno el 27 en el Salón Royal. El 25 de enero, El Progreso comenta que el Edén en el que viven los primitivos Adán y Eva que abren el filme no es un paraíso al uso: “El dinosauro y la serpiente están allí, y muchas otras creaciones cómicas del tiempo prehistórico”.

Alrededor del Mundo (18 de abril de 1925)

Pero el gran acontecimiento cinematográfico en materia dinosauriana estaba aún por llegar. Y se venía anunciando en la prensa desde más de dos años atrás. El 11 de enero de 1925, cuando el recuerdo de la expedición del Zoo de Buenos Aires a la Patagonia en busca de un plesiosaurio vivo está aún fresco en las memorias, La Libertad informa que se está rodando la adaptación de la novela de Arthur Conan Doyle El mundo perdido; esta crónica fue reeditada el día 30. El 18 de abril de 1925 Alrededor del mundo publica una reseña del filme. El 12 de noviembre, el Diario de la Marina otra, tras un pase privado. El 6 de diciembre de 1925, El Debate abre el artículo “Tradiciones en flor” del siguiente modo: “Hacía furor este verano en París una película en que un zoólogo presentaba en plena vida actual el país prehistórico de los disontauros (sic) o animales por el estilo del diplodocus, cuya osamenta exhibe el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Análoga sensación a la que producía aquel ‘Mundo desconocido’, que éste era el título de la película, produce en Cambridge el hallazgo de tradiciones supervivientes...”

Alrededor del Mundo (18 de abril de 1925)

La novela de Conan Doyle fue publicada por entregas en El Heraldo de Madrid para promocionar el estreno en Madrid, a finales de 1927, en el cine Royalty de Madrid, como anuncia La Nación el 29 de noviembre. A Barcelona llegó antes, y en el Día Gráfico del 2, 5 y 9 de febrero podemos encontrar el anuncio del estreno, en el cine Coliseum. El 8 de marzo de 1927, el valenciano El Pueblo publicó una reseña sobre “El mundo perdido” y al día siguiente incluyó varias cuñas publicitarias. El 25 de junio, Caras y Caretas publicó una crítica entusiasta y en la del 4 de diciembre de El Liberal, se dice que “nadie esperaba encontrarse con aquella serie de animalitos ‘vivitos y coleando’; gracias a la gran inventiva de sus realizadores”. El 6 de diciembre de 1927, Diario Universal anunció el estreno de la adaptación a la pantalla de la “célebre novela de Julio Verne” (sic) El mundo perdido en los cines Madrid y Royalty.

El 7 de abril de 1928, La Prensa (Tenerife) informa que “Se prepara en Norteamérica un film titulado ‘Terrores de lo desconocido’, que será la continuación de otro editado hace dos años, y en el cual trabajarán dinosauros, plesiosauros, ictiosauros, mamuts, diplodocos y otros monstruos antediluvianos.” Partiendo de que el crítico hubiese errado la fecha del estreno de The Lost World (1925, en lugar de 1926), podría tratarse de una secuela que quedó aparcada debido a cambios en la dirección de First National Pictures.

Preparando la reconstrucción de un ictiosaurio y un insecto antediluviano (Nuevo Mundo, 30 de mayo de 1930)

El 30 de mayo de 1930, Nuevo Mundo publica una reseña sobre un filme de dinosaurios que “cierta casa productora alemana” estaba rodando (por fechas, podría tratarse de Aus der Urzeit der Erde de Hans Ewald). Pero el filme que realmente iba a marcar a toda una generación de espectadores españoles y a potenciar definitivamente el cine (y los cómics, gracias a sus adaptaciones) de dinosaurios llegaría a nuestras pantallas tres años después y tenía por protagonista a un gorila gigantesco que vivía en una isla oculta de los mapas por una espesa niebla...

Nuevo Mundo (30 de mayo de 1930)

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[1] Nieto Ferrando, J. (2018) “La prensa cinematográfica española como fuente y objeto de la historia del cine. Análisis y evolución de sus contenidos (1910-2010)”, en Historia y comunicación social, Ed. Complutense.

lunes, 1 de agosto de 2022

La Voz del Mesozoico (XIII): Revistas infantiles

Los Muchachos (1915)

Como dijimos al principio de esta serie, las revistas infantiles decimonónicas y de comienzos del siglo XX son el germen de nuestros primeros tebeos, que aparecen claramente definidos como tales a partir de los años 20. Pero tratando esta serie sobre la prensa, dejaremos los tebeos a un lado y, si nos acercamos a alguno, será tan sólo para tratar de las secciones literarias o didácticas que acompañaban a las historietas para completar las revistas. De las viñetas que contenían ya nos hemos ocupado y nos seguiremos ocupando en otras entradas de nuestro blog.

La Gaceta de los Niños (1798) será el primer periódico infantil de España, pero el género no tuvo continuidad hasta 1833 [1]. Si hay un elemento común a todas ellas es su afán claramente pedagógico. Carlos Frontaura fundó Los Niños (1870-1877, Madrid), que en enero de 1875 publica la que, durante muchos años, se tuvo por la primera historieta gráfica española [2]. En el número del 13 de noviembre de 1875, apareció un artículo del botánico cubano [3] Pedro Alejandro Auber sobre las hormigas en el que, por oposición a su pequeño tamaño, dedica algunos párrafos al enorme ictiosaurio.

Juventud Ilustrada (3 de noviembre de 1906)

El semanario educativo Juventud Ilustrada (1905-1906, Barcelona) estaba dirigido tanto a la infancia como a la juventud. Profusamente ilustrada, también incluía viñetas y tiras humorísticas. El 26 de mayo de 1906 publicó el artículo “Monstruos extinguidos”, el 15 de septiembre, “Los grandes saurios desaparecidos” y el 3 de noviembre “Los dinosaurios carnívoros de la edad de los reptiles”, que ilustró con los Laelaps de Charles Knight, a los que ya denomina “Driptosaurios”.

El “semanario con regalos” Los Muchachos (1914-1927, Madrid) sorteaba juguetes y libros entre sus lectores y alternaba secciones académicas con pasatiempos. El número de 22 de agosto de 1915 incluía el artículo “Los primeros animales”, con numerosas ilustraciones de reptiles mesozoicos. Entre los números del 6 y el 18 de febrero de 1921, la cabecera publicó el relato “Un ave extraordinaria” [4], que acompañaban dos tiras de viñetas dispuestas secuencialmente en la parte superior e intermedia de la página: no es un cómic, pero casi. Está protagonizado por Mr. Gong, paleontólogo aficionado que encuentra un huevo de “megalopterium”, un ave prehistórica que llega a alcanzar los cuatro metros de altura y causará el pánico entre la población.

Megalopterium en acción

"El terrible Diplodocus"

También en Barcelona, Saturnino Calleja editó la revista Pinocho (1925-1931), donde José López Rubio publicó el relato “El terrible Diplodocus” el 19 de julio de 1925.

Alegría (10 de mayo de 1930)

La revista de Tarrasa Alegría (1928-1930) incluía también numerosas historietas. En el número de 10 de mayo de 1930 incluyó un artículo divulgativo sobre “Los monstruos antediluvianos y el insecto más pequeño que ha sobrevivido en todas las hecatombes de la Tierra”, según el cual el “Grylloblatta campodeiformis”, que convivió con el plesiosaurio o el dinosaurio, sería el único superviviente de la Era Secundaria. El 7 de junio, publicó otro artículo intitulado “Animales prehistóricos”, entre los que destacó al ceratópsido Monoclonius.

Editada por Ramón Vives, Pocholo (1931-1952, Madrid) incluía fundamentalmente historietas, pero también algún artículo divulgativo, como la página de curiosidades del número 24 da cuenta del descubrimiento de "Un dinosaurio colosal" de cien metros de largo en Wyoming, y la del 37, que explica que "El último dinosaurio" desapareció en el Jurásico, esto es, hace cuatro mil años. La última noticia era una reedición de la aparecida el 23 de diciembre de 1910 en el Diario de la Marina.

El 19 de mayo de 1934, en el breve “semanario para muchachos españoles” Iván de España (1934, Madrid), Gabriel Alba Rocío publicó el artículo divulgativo “Cómo se formó esta tierra en que vivimos”, que incluye algunas ilustraciones –no sabemos si obra del propio Gabriel- con dinosaurios, bastante pobres y con un curioso rasgo: ninguno tiene extremidades anteriores.


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[1] Martín, A. (1969) “Apuntes para una historia de los tebeos. I. Los periódicos para la infancia (1833-1917)”, en Revista de Educación, 194, pp.98-106.
[2] En 1996 Antonio Martín presentó dos historietas de 1873 para la revista Mundo Cómico -nosotros hemos encontrado una tercera en dicha publicación y año, véase Charmer, C. (2021) El Comicsaurio, Applehead Team- en un congreso en Bruselas y hoy conocemos una previa de 1864.
[3] De origen francés, llegó a España con las tropas de Napoleón.
[4] Posiblemente sea una traducción del francés, pues en una de las viñetas en que un cochero defiende a su caballo del pájaro con su fusta puede leerse “Au Cocher”.

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