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viernes, 5 de noviembre de 2021

Cowboys & Dinos (IV): Marsh y Cope, héroes de papel

Cretaceous Sam

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En 1977, los británicos Pat Mills y John Wagner impulsan la revista de cómics 2000 AD, en cuyo debut presentaron, entre otras, la primera entrega de Flesh, en la que cowboys del futuro crían dinosaurios en una reserva para su uso alimenticio. El mexicano Cristóbal Velázquez «Crisvel» dibujó dinosaurios en el cómic western Las calaveras de la justicia #17 (1982). Y el dibujante de la Patrulla-X, Dave Cockrum, ideó al pistolero del Oeste Cretaceous Sam (1986, Nightcrawler #4).

La escritora de ciencia-ficción Sharon N. Farber utilizó la “Guerra de los Huesos” para ambientar su relato "El último caballo de trueno al oeste del Mississippi" (1988, Isaac Asimov’s Science Fiction Magazine). Marsh y Cope reciben el chivatazo de que han encontrado un saurópodo vivo y se disponen a adelantarse el uno al otro en su descripción; pero su rivalidad tendrá funestas consecuencias. Publicada el mismo año, la novela juvenil de Kathryn Lasky The Bone Wars sólo tiene el título en común con los eventos históricos, y la presencia de algunos fósiles de dinosaurio.

Ilustración de Philip Hood para "The Green Buffalo"

En la antología The Ultimate Dinosaur (1992) aparece el relato de Harry Turtledove "The Green Buffalo", sobre unos cowboys que descubren un Triceratops vivo mientras trabajan en una excavación de fósiles y lo confunden con un búfalo. Brett Davis obliga a Cope y Marsh a trabajar juntos para evitar que los extraterrestres se lleven nuestros fósiles en Bone Wars (1998), y en la secuela Two Tiny Claws ceden el protagonismo a Barnum Brown.

Red Range

Red Range [1] (1999, Joe R. Lansdale/Sam Glanzman) es un cómic western splatterpunk –gore– que incluye un mundo perdido subterráneo con dinosaurios. En el clásico británico 2000 AD, Dan Abnett/Kevin Walker mezclan cowboys y dinosaurios en Badlands (2000). Y ya os hemos hablado por aquí de Shaolin Cowboy (Burlyman Entertainment, 2004) de Geoff Darrow.

Badlands en la portada de 2000 AD

Autor de novelas con dinosaurios como la saga The Lost Level, Brian Keene escribó para la antología de cómic de terror In the Dark (2014, IDW) «The Lost Valley of the Dead», con dibujos de Tadd Galusha, en la que un grupo de cowboys se refugia del ataque de unas rapaces en el desierto atravesando un cañón que les conduce a un valle perdido con dinosaurios... y ya no podrán encontrar el camino de vuelta.

La novela Pictures from an Expedition (2004, Diane Smith) narra las desventuras de una paleoilustradora que acompaña a una expedición a Montana en 1876; Marsh y Cope hacen acto de aparición, sin llegar a ser nombrados.

Donde sí figuran de pleno derecho es en la novela gráfica que mezcla historia y ficción Bone Sharps, Cowboys and Thunder Lizards (2005, Jim Ottaviani y Big Time Attic). Ese mismo año se inauguró el parque temático de estatuas de ambientación western Dinosaur Kingdom II (Virginia) y apareció el juego de cartas Bone Wars: The Game of Ruthless Paleontology (Zygote Games), donde hay que sobrevivir a desastres naturales al tiempo que se sabotean los descubrimientos de los demás jugadores. Más reciente es el juego de mesa The Great Dinosaur Rush (2016, APE Games), donde se compite por reconstruir esqueletos de dinosaurios y adquirir notoriedad.

Ya te hemos hablado por aquí del escritor tejano David B. Riley, a.k.a. “Karl the Dinosaur Sheriff”, que publicó “The Dinosaur Who Loved Twinkies” en el número 8 (2012) de la revista especializada en western fantástico Science Fiction Trails, donde también apareció “The Tragic Tale of Tyrannosaurus Tex” (Matthew Baug). Karl colaboró además en la antología Story Emporium: Purveyors of Steampunk & Weird Western Adventure (2015), con portada dinosauriana de su amiga y vieja conocida nuestra Laura Givens.

La “Guerra de los huesos” ha inspirado también la novela steampunk The Doctor and the Dinosaurs (2013, Mike Resnick), en la que Gerónimo y sus indios usan la magia para resucitar dinosaurios y matar a los intrusos Marsh y Cope, The Romance of Certain Old Bones (2016, Holly Messinger), en la que el protagonista (que tiene el poder de ver los espíritus de los muertos, da igual cuánto tiempo hace que hayan fallecido) suplanta a Cope, o la obra póstuma de Michael Crichton Dragon Teeth (2017), protagonizada por un crío mimado que acompaña a Marsh para ganar una apuesta y se pierde en el desierto con un montón de fósiles.


Negalyod

En 2018 se publica el libro de paleoarte Dinosaurs of the Wild West (2018, Shawn Keenan), del que ya te hablamos aquí, y el cómic galo Negalyod (2018, Vincent Perriot), western postapocalíptico donde los dinosaurios son utilizados como ganado o montura, en un mundo en el que el agua es el valor más preciado. Curiosamente, ésta es también la premisa de la miniserie Redemption (2021, Christa Faust/Mike Deodato Jr.) en la que tan veremos dinosaurios en un par de viñetas en forma de estatuas derruidas, aunque la portada del número #4 parece prometer otra cosa.

Y nos despedimos con algunas recomendaciones televisivas. Hace poco te hablamos de la nueva serie de Disney, Dino Ranch (2021), pero tampoco te puedes perder Dino Hunters (2020), una serie divulgativa de Discovery Channel en la que cowboys y rangers hacen las veces de paleontólogos y, si buscas acción a tope, el telefilme Cowboys vs Dinosaurs (2015).

Por cierto, tenemos la respuesta para la pregunta que os estáis haciendo todos: ¿Quién ganaría en un duelo de pistoleros? ¿Un cowboy o un tiranosaurio? La respuesta, aquí.

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[1] Keith Lansdale y Jok realizaron las secuelas Pirates of Fireworld (2019) y Beneath the Flaming Sky (2020).

viernes, 29 de octubre de 2021

Cowboys & Dinos (III): Turok

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El héroe de la radio, El Llanero Solitario (Lone Ranger, Frank Striker, 1933), fue adaptado a la gran y a la pequeña pantalla, aparte de las versiones que Gaylord Dubois publicó en forma de novelas y cómics. La serie animada de El Llanero Solitario se estrenó el 10 de septiembre de 1966 con tres episodios, en el segundo de los cuales, “Crack of Doom”, un terremoto descubre un mundo perdido del que sale un troglodita que rapta a una muchacha a cuyo socorro acudirá Tonto (el indio amigo del Llanero); tendrán que enfrentarse al ataque de pterosaurios y feroces terópodos.

"Crack of Doom"

Primera página de las aventuras de Turok

En los comics del Llanero Solitario, Dubois introdujo al indio Young Hawk. Seguramente, le conoces como Turok, como fue rebautizado al obtener su propia serie (1954, Four Color #596, Dubois/Rex Maxon) en Dell Comics.

¡Un foso sin fondo, vamos a explorarlo!

La historia comienza antes de la llegada del hombre blanco a América. Turok está cazando con su hermano Andar en la región de Carlsbad [1] (Nuevo México) cuando una nube de murciélagos llama su atención y les conduce a una gruta por donde descienden hasta el centro de la Tierra, donde descubren un valle perdido en el que los dinosaurios son tan habituales como los bisontes o los caballos.

Un nuevo mundo

Plantas venenosas

Afortunadamente para ellos, también encuentran plantas con un poderoso veneno que convierte sus flechas en armas mortíferas incluso contra estos enormes animales. Tras un segundo episodio en Four Color #656 (1955, Dubois/Bob Correa), obtuvo su propia cabecera en 1956, dibujada por Rex Maxon y con portadas de George Wilson. También han colaborado en la serie John Celardo, Jack Sparling, Alberto Giolitti, Bob Correa, José Delbo, Morris Gollub o Giovanni Ticci.



Turok llegó a España en 1958, a través de la revista del editor mexicano Luis Novaro Domingos Alegres (1954), y tuvo revista propia en 1969 (274 números hasta 1983), a la que Novaro añadió los 25 números de la “Serie Colibrí” en 1975.

Por si tenía poco con los dinosaurios tradicionales, Turok se encuentra con los bionisaurios

En 1989, Jim Shooter fundó Valiant Comics, donde ambientó en el valle de Turok el crossover Unity, en el que involucró a sus personajes Rai, Archer & Armstrong, X-O Manowar, Harbinger, H.A.R.D. Corps, Shadowman o Eternal Warrior, y a Bloodshot de Bob Layton o Magnus, Robot Fighter de Russ Manning. En Unity descubriremos que también habitan el valle de Turok bionisaurios –dinosaurios con implantes que aumentan su inteligencia. En 1994, Valiant es comprada por la casa de videojuegos (destaca su serie de Turok [2]) Acclaim Entertainment, que publicó una nueva serie de cómic de Turok en 1997-1998.


Turok: Dinosaur Hunter (2014)

Conquistando Norteamerica en el siglo XIII con ayuda de dinosaurios (qué pena haber hecho peyas en el insti cuando tocó esa lección de historia) Dark Horse lanzó Turok: Son of Stone en 2009, a base de reediciones de Dell. Más recientemente, Dynamite Entertainment ha publicado la miniserie de cinco entregas Gold Key: Alliance (2016, Phil Hester/Brent Peeples) –un nuevo crossover- y las nuevas series Turok: Dinosaur Hunter (2014, Greg Pak y Mirko Colak) o Turok (2017, Chuck Wendig/Álvaro Sarraseca). En la serie de Pak y Colak, nos olvidamos de las cuevas de Nuevo Mexico ya que la acción transcurre en el mismo periodo precolombino pero en Manhattan, que sufre su primera invasión dinosauriana. La de Wendig y Sarraseca es aún más loca, ya que se ambienta en un futuro postapocalíptico donde el héroe –cuyos rasgos indios prácticamente han desaparecido- se enfrenta contra el “Imperio Varánido” (una raza de dinosauroides antropomorfos fascistas que ha sometido a la humanidad); Ron Marz/Roberto Castro realizaron una segunda temporada en 2019. Como podemos ver, el personaje ha sido explotado hasta la extenuación y la completa desintegración de su identidad. Pero siempre nos quedarán sus viñetas clásicas.

Turok (2017), o eso aseguran Marz & Castro

En 2008, Michael E. Uslan (Dinosaucers) produjo un largo animado de Turok que se comercializó directamente en DVD. Pero con los efectos especiales a los que ya nos ha acostumbrado Hollywood, lo que estamos deseando es que alguien se anime a producir un largometraje con actores. Lo petaría seguro. Eso sí, por favor, remítanse a la versión clásica. Los fans lo agradeceremos.

Ilustración de la cubierta del DVD de Uslan

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[1] Dubois había sido muy impresionado por su visita al Parque Nacional de las Cavernas de Carlsbad, en las Montañas de Guadalupe, que se cree que eran la costa de un mar interior en el Mesozoico.
[2] Incluye Turok: Dinosaur Hunter (1997), Turok 2: Seeds of Evil (1998), Turok: Rage Wars (1999), Turok 3: Shadow of Oblivion (2000) o Turok: Evolution (2002). Michael Teitelbaum se inspiró en los primeros videojuegos para sus novelas Way of the Warrior, Seeds of Evil, Arena of Doom y Path of Destruction (1998). En 2008, Touchstone Games lanzó un nuevo videojuego, titulado simplemente Turok, y también una versión para teléfonos móviles.

viernes, 22 de octubre de 2021

Cowboys & Dinos (II): La edad de oro del cómic del Oeste

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Tras la II Guerra Mundial, la televisión irrumpe en los hogares norteamericanos [1] al tiempo que los comic-books de superhéroes (que habían tomado partido activo a favor de la propaganda bélica) prácticamente desaparecen y el medio subsiste gracias a los géneros que triunfaban en la pequeña pantalla: las historias policíacas, la ciencia-ficción o... el western.

En DC, Joe Samachson/Edmond Good idearon el western Tomahawk (1947, Star Spangled Comics #69), protagonizado por un soldado de George Washington al que Fred Ray lleva al mundo perdido de «The Lost Valley!» (1948, Star Spangled Comics #83), donde consigue unos huevos de pterosaurio con los que alimentar a una tribu india famélica tras quedar su territorio devastado por un incendio. En 1950, Tom Hawk consiguió su propia cabecera, donde Ray volverá a dibujar dinosaurios en un puñado de episodios: «The Frontier Dinosaur» (1958, Tomahawk #58), donde encuentra a un terópodo congelado en el hielo dentro de una cueva, «The Lost Land of the Paleface Tribe!» (1962, Tomahawk #82), en la que un terremoto le pone en contacto con un mundo perdido y cuyo guión pudiera ser de Ed Herron, que seguro escribió el de «Today We Fight a Dragon» (1966, Tomahawk #102), en el que un bélico ataque con granadas libera a un feroz dinosaurio que permanecía enterrado en animación suspendida y derrotará con ayuda de una tribu de indios liliputienses; finalmente, Ray publicó junto a Bill Finger «The Caveman Ranger» (1967, Tomahawk #109), donde el protagonista defiende a una pequeña población del ataque de unos hombres primitivos que vuelan a lomos de pterosaurios.

Tex Taylor

En Atlas (hoy Marvel), Pierce Rice refugió al cowboy Tex Taylor (Wild West #1, Syd Shores, 1948) de una tormenta de arena en una cueva que comunicaba con un mundo perdido con dinosaurios en «Trapped in Time’s Lost Land» (1949).

Fawcett Publication publicó «The Mesa of Mystery» (1951), un territorio inexplorado donde el cowboy Bob Colt encontrará dinosaurios vivos. Pero antes que él ya lo hizo el paleontólogo encargado del museo local, Mister Foster, que los ha conseguido domesticar con el espurio objeto de conquistar el Oeste con ellos.

Sabemos que esta cosa es un dinosaurio gracias a los conocimientos paleontológicos de Ken Maynard

La misma editora publicó la historieta de Otto Binder/Carl Pfeuffer “The Seven Wonders of the West” (Ken Maynard Western #7, 1951), en la que el cowboy va en busca de las siete maravillas del Oeste. La séptima es la bestia que los indios llaman “el monstruo escamoso”, que habita en la zona pantanosa conocida como “Horror Hollow” y, como ya te habrás imaginado, se trata de un dinosaurio. El fotógrafo que acompaña a Maynard no puede resistirse a retratar al animal... pero su osadía le pone en peligro y solo la intervención del vaquero podrá salvarle.

En Straight Arrow #39 (1954, Magazine Enterprises), Bob Powell publicó la aventura del indio Red Hawk “The Canyon Beast”, en la que un rayo parte una roca, dejando al descubierto una caverna que albergaba desde hacía millones de años un huevo del que saldrá un voraz dinosaurio.

“El Rey” Jack Kirby nos deleitó con dos westerns de sabor mesozoico: “Devil Bird” (1954, Bullseye #3), con guión de Joe Simon, en la que vemos a cowboys cazando pterosaurios y “The Monster of Hidden Valley” –monstruo con algunos caracteres dinosauroides que resulta ser un bisonte disfrazado- (Two gun kid #58, 1961), junto a Stan Lee.

Federico Amorós creó con Miguel Ambrosio Zaragoza «Ambrós» (1913–1992) en Grafidea al cowboy conocido como El Jinete Fantasma (1947), cuyo hijo Chispita se emancipó en su propia revista (1951). Tras la marcha de Ambrós a Bruguera, Antonio Biosca tomó las riendas gráficas del personaje, que en 1955 derivó del western hacia la ciencia-ficción llegando a conocer a alguna de esas bestias de inspiración dinosauriana tan habituales «En la órbita de Júpiter».

Hawaka y Bufalo Bill

El western Hawaka y Bufalo Bill apareció el 24 de octubre de 1959 en la revista británica Tiger, reeditada en 1960 por Editorial Ferma en España como Tigre, en cuya primera portada destaca el ceratosaurio al que tendrán que enfrentarse el famoso cowboy y su amigo cherokee. Ya en su tercera entrega (7 de noviembre), un remolino arrastra a los protagonistas a un mundo perdido donde encontrarán toda serie de fauna mesozoica. Algunas fuentes citan como autor al español Jordi Macabich, pero otras apuntan a los británicos Roy Leighton/Ted Kearon y Eric Bradbury.

En Charlton Comics, Pete Morisi ilustró el guión de Joe Gill para «The Dawn World» (1962), en la que el cowboy Kid Montana (Pat Masulli/Rocke Mastroserio, 1957) escolta una expedición hasta una isla perdida con dinosaurios.

Tex, el gran clásico italiano

En Italia, el editor Giovanni Luigi Bonelli y Aurelio Galleppini «Galep» idearon al popular [2] cowboy Tex (1948), al que llevan a mundos perdidos con dinosaurios en los episodios «Le Terre dell'Abisso» y «Duello a Laredo» (1964) [3]. Zagor (1961), de Sergio Bonelli/Gallieno Ferri, mezcló western y ciencia–ficción, facilitando las incursiones mesozoicas como en «L’Abisso verde» (1966), donde habita un dinosauroide ciego [4], y su inseparable Cico tuvo revista propia [5]; otro western de la casa fue Il piccolo Ranger (Andrea Lavezzolo/Francesco Gamba, 1963), que encontró dinosaurios en «Il totem d’avorio» e «Il pugnale malese» (1964–1965) [6].

"The First Bad Man"

En cuanto al cine, ya te hemos hablado por aquí del corto animado de Tex Avery “The First Bad Man” (1955) y los largometrajes The Beast of Hollow Mountain (1956) o The Valley of Gwangi (1969), con los inolvidables efectos de Ray Harryhausen, y la versión en cómic de Jack Sparling, que también colaboró en Turok, al que dedicaremos en exclusiva la próxima entrada de esta serie.

Gwangi, el rey del Oeste

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[1] La Exposición de Nueva York de 1939 fue aprovechada para la I Convención Mundial de Ciencia-Ficción y las primeras emisiones de CBS o NBC. En 1941, la Comisión Federal de Comunicaciones aprobó el estándar NTSC (National Television System Committee). En 1946, unos 46.000 hogares norteamericanos tenían un aparato receptor. Sin embargo, en 1953 la televisión llegaba ya a la mitad de los hogares.
[2] Personaje de cómic europeo más exitoso de la historia, los cientos de volúmenes de Tex superan los quinientos millones de copias.
[3] En 1981, vuelve a cruzarse con dinosaurios en «Artigli nelle Tenebre» y «La Scogliera dell'Orrore» por Sergio Bonelli/Guglielmo Letteri. En «The Fossil Hunter» (Antonio Segura/José Ortiz, 1997), Tex defiende a Cope en la «Guerra de los Huesos» de un paleontólogo loco.
[4] «La progenie del male» (dibuja Massimo Pesce, 2011), se revela fruto de experimentos de los atlantes, que tienen más saurios hibernados. Michele Rubini dibujó «Il mondo perduto» (2013).
[5] Aparecida en 1979, en «Cico cavernicolo» (1993) conoceremos los inventos de Troglocico y sus problemas con los dinosaurios.
[6] Lina Buffolente dibujó las posteriores «Viaggio nella preistoria» (1976), con guión de Decio Canzio, o «Il risveglio del dinosauro» (1983), escrita por Giorgio Pezzin.

viernes, 15 de octubre de 2021

Cowboys & Dinos (I): Los pioneros

Dinosaurs of the Wild West (Shaun Keenan)

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A comienzos del siglo XIX, el río Misisipi era la frontera natural de los Estados Unidos. Tras la venta de Luisiana por Napoleón en 1803, comenzó la expansión hacia el Oeste. Con un territorio tan vasto, las facilidades para comprar terrenos impulsaron a muchos colonizadores a la aventura, en detrimento de los indígenas que vieron como sus terrenos de caza se reducían progresivamente. En 1820 comenzaron los asentamientos en Texas, objeto de conflicto con México. La ganadería, en particular de vacuno, alcanzó tal apogeo que acabaría suponiendo una importante fuente de exportación, extendiendo la figura de los vaqueros o cowboys.

En 1848, el descubrimiento de algunas pepitas de oro en California desató una verdadera “fiebre del oro” que movió a 80.000 buscadores de fortuna hasta la Costa Oeste. Cuando aún están frescos los recuerdos de la Guerra de Secesión (1861-1865), los paleontólogos Marsh y Cope entablan su propia «Guerra de los huesos» (1877–1892), que dejará como legado más de ciento cuarenta nuevas especies de dinosaurios y la mitificación del Oeste también en su faceta paleontológica. En palabras de nuestro insigne paleontólogo José Luis Sanz [1], «La condición de aventura romántica de la prospección y la excavación de los restos de vertebrados fósiles cautivó la conciencia colectiva norteamericana en un modo parecido al de las andanzas de Buffalo Bill Cody [2]».

La fascinación que despertó la “Guerra de los Huesos” llevará a algunos autores a relacionar western y dinosaurios desde la propia época clásica del Far West: En un gag de la serie Adam and Eve (1898) de Thomas Stamps Allen, «But he wished he hadn’t» («Desearía no haberlo hecho»), el primer hombre echará el lazo al cuello de un dinosaurio ante la atenta mirada de su progenie, que exclama (a pie de viñeta): «¡Papi dijo que podría enlazar al dinosaurio y lo hizo!».

"The Monster of Lake Metrie"

El siguiente año, Wardon Allan Curtis publicó el relato “The Monster of Lake Metrie” en Pearson’s Magazine, mostrándonos un Wyoming donde ha sobrevivido un elasmosaurio a cuyo cráneo transplanta el cerebro de su compinche moribundo... y al final tiene que intervenir el 7º de caballería. Las ilustraciones son del galés especialista en cowboys Stanley L. Wood.

"The Monster of 'Partridge Creek'"

Georges Dupuy [3] es autor de “The Monster of ‘Partridge Creek’” (1908, en The Strand Magazine), ambientada en el Yukon. Este relato narra el supuesto avistamiento de un ceratosaurio un lustro atrás por un par de cazadores que habrían dado testimonio a Dupuy de su odisea; completa la historia con el texto de una carta que habría recibido posteriormente de otro testigo, un buscador de oro. Aunque esta fórmula narrativa ha sido usada multitud de veces, algunos criptozoólogos sostienen que se trata de una anécdota real y parece que se llegaron a organizar “partidas de caza” en busca de la bestia. Debe reseñarse que en 1898 se había dado cuenta del supuesto hallazgo de restos de mamut congelados en el hielo del Yukón (a imagen de los declarados medio siglo atrás en Siberia). La región estaba literariamente de moda, ya que Jack London la había utilizado para ambientar su conocida La llamada de lo salvaje (1903), sobre un perro que recobra sus instintos salvajes en medio de la “fiebre del oro”.

Bull's-Eye Bill y su nuevo amiguito ¿dinosaurio?

Por supuesto, también los cómics han mezclado western y dinosaurios. Podemos descubrirlo ya en los primeros comic-book, durante la Edad de Oro del género. En 1940, Bill Everett ideó al cowboy Bull’s-Eye Bill (Target Comics #1, Novelty Press), que ese mismo año protagonizó el episodio «The Return of Slick Carson» (Bea Holmes/L. Kennerly). Carson es un peligroso bandido que se escapa de la cárcel y Bill se lanza en su búsqueda. El forajido se refugia en una cueva en la que habita un «lagarto gigante». El monstruo mata a Carson y Bill lo liquida antes de que siga defendiendo su territorio, del que el cowboy admite “No sé donde estamos, pero nunca he visto nada como esto”.

Tom Mix (1880-1940) fue la primera estrella cinematográfica del western e inspiró a su vez muchos cómics. En «Tom Mix and the Terrible Talons of Tokyo» (1942), posiblemente dibujada por Fred Meagher, que ilustraba las historietas del cowboy desde el año anterior, los soldados norteamericanos son atacados por extraños reptiles con alas de murciélago a los que aquellos no dudan en calificar como «pterodáctilos».

Pero la capacidad evocadora del western cautivó la imaginación de los creadores más allá de las fronteras norteamericanas y acabará transformándose en un género universal. Ya a comienzos del siglo XIX, el galo François-René de Chateaubriand (que conoció personalmente a George Washington) publicó Atala (1801) y su continuación René (1802), protagonizadas por un francés que se une a una tribu india norteamericana. En España, el pionero fue Esteban Hernández y Fernández con Los hijos del desierto (1876), en la que los protagonistas son de nuevo los indios. Desgraciadamente, en ninguno de estos relatos hay dinosaurios.

Jacques Dumas «Marijac» ideó al vaquero Jim Boum (1931) para la revista católica Coœurs Vaillants, que había dado a conocer a Tintín en Francia el año anterior. Boum será el primer cowboy de un cómic europeo en cuyas aventuras encontremos dinosaurios («Le secret des Mts. Satanas», 1945), si bien es cierto que ya no se trataba de un western, pues tras la Liberación Boum se había reciclado en piloto del ejército estadounidense, evolucionando hacia la ciencia–ficción. No te pierdas la semana que viene el siguiente episodio: "La Edad de Oro del cómic del Oeste".

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[1] Sanz, J.L. (1999) Mitología de los dinosaurios. Madrid: Taurus.
[2] Quien, de hecho, participó en la “Guerra de los huesos” sirviendo de guía a Marsh en Kansas y Wyoming.
[3] La Wikipedia lo identifica con un respetado cirujano francés quincuagenario, pero otras fuentes creen más plausible que se trate de un periodista y escritor algo más joven.

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